Libros sin acabar y libros que no leí (y no confesé)


No hablo de los bibliófilos -que más que leerlos, entiendo, los coleccionan, aunque imagino que será un deleite hojear o releer alguno de los estupendos ejemplares de sus colecciones-: me refiero al común de los mortales que, como deporte, le apasiona la lectura.

Estos lectores pueden desglosarse, a su vez, en dos clases: amateurs y profesionales. Los amateurs leen de vez en cuando, y para ellos no se trata de una selección minuciosa sino de un placer que ejercitan cuando pueden. Los amateurs, si está de moda Murakami, se tiran al cuello con un nuevo ejemplar; pero si Dan Brown publica una nueva novela, no les hacen ascos y también se la leen. Los profesionales son aquellos que investigan qué autor o qué temáticas le atraen; tienen sentido de la vastedad de la literatura universal y, definidos los gustos, van eligiendo éste o aquél para zambullirse en un placer que va más allá de lo estético.

Es frecuente que tanto amateurs como profesionales vayan adquiriendo una biblioteca propia. Los profesionales con más cuidado: un libro tiene un valor que va más allá de la relevancia cualitativa que éste posea. Van apareciendo: El extranjero, de Camus; algunos ejemplares de En busca del tiempo perdido, de Proust; compran de Asimov o de Dashiell Hammett, y se lanzan a por Tanizaki, Norman Mailer y la pléyade del boom hispanoamericano, precedentes incluídos -como Carpentier o Faulkner-.

A veces, el impulso lleva a compras compulsivas, como a quien le apasiona el dulce y encuentra una nueva variedad de su postre favorito: me lo llevo porque dicen que está tan rico… Pasado mayo, un precioso ejemplar de editorial Cátedra del Ulises de Joyce se encuentra en mi estantería, con Hamlet a su izquierda y las narraciones completas de Kafka a su derecha. ¿Y?

Que no lo he acabado.

A la pregunta: ¿te has leído Ulises?, mi respuesta es: llegué a la mitad -y a veces produce un ¡oh! de asombro-. Me acuerdo vagamente de Mulligan, descendiendo de la escalinata, con los enseres de afeitar en la mano, y más adelante la discusión sobre Shakespeare.

¿Cuántos libros tengo a medio leer en mi librería?, me dije. Pues varios. Entre los últimos, Sauce ciego, mujer dormida, de Murakami, que es mucho mejor novelista que cuentista. El que hace la analogía de los cuervos/los críticos me resultó poco menos que flojo, y el de los enamorados poco  más que decepcionante.

Y pensé a continuación: ¿y cuántos libros he leído? Con el paso del tiempo, creo poder responder a esta pregunta. Si leer un libro consiste en abrir la portada, continuar con las hojas llenas de caracteres impresos a máquina y cerrarlo con la contraportada, el corpus es bastante amplio y sólo pensar en toda la literatura contemporánea española e hispanoamericana que leí en la universidad ya me alcanza para unos cien. Y algunos con relecturas -no es lo mismo leerse a Galdós una vez, que lo dice todo clarito, sobre todo en sus novelas de tesis, que leerte Rayuela, que es más exigente-.

Respondo a la pregunta: me habré leído en toda mi vida unos treinta libros, aproximadamente.

¿Sólo?, me preguntas.

-Con leche, gracias.

Un libro no se lee sólo una vez. Reescribo: un libro -poemario, novela, ensayo, híbridos, etc.- se lee o se comprende. Entender el por qué un autor estructuró su poemario de una forma determinada; qué figuras retóricas usa con profusión en sus versos; por qué un novelista decide que los hechos son de una forma o de otra: ¡por qué Madame Bovary tiene rasgos masculinos a imagen y semejanza de su autor!

O, la pregunta del millón: ¡por qué un gran número de autores contemporáneos -excluyamos parcialmente a Martin Amis, que no lo comparte del todo- continua diciendo que El Quijote es una novela que les sigue inspirando!

Así que he necesitado -por necesidad- releerme casi todos los años Hamlet, La montaña mágica, El lobo estepario, Orlando, casi todo Kafka y Pynchon y Mishima y La naranja mecánicaEdipo Rey y La importancia de llamarse/ser  Ernesto/honesto y los relatos de Borges y así hasta treinta para comprender el libro, que continua leyéndome más a mí que yo a él -la frase es de Harold Bloom, el crítico literario al que, también, más releo-.

De lo que se deduce -lo escribo en caracteres más grandes para los de letras-:

Leer un libro  = el número de relecturas del mismo.

¿Frustrante, verdad?. Sí,lo sé, te he metido el dedo en el ojo, pero deja de ir diciendo por los cafés del mundo tu famosa lista de lecturas, que lo que cuenta es si te has enterado de algo o me vas a contar el argumento de la wikipedia. 😀

Imagen: Leelibros.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

6 Comentarios

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  • al menos avisa para cerrarlo antes de pinchar 😀

    yo no puedo releer un libro porque tenga que entenderlo. lo releo porque me lo pide un no-se-qué…

    algunos nunca, otros un par de veces y algunos pocos ya los habré leído 3 ó 4 veces… no más.

    tengo un defecto, yo no entiendo los libros, bueno, sus historias. ¡me las creo! las vivo «en la cabeza». creo que es culpa del «peterpanismo» 😀
    .-= Último artículo del blog de a.c…. Blogumus: una nube de etiquetas animada =-.

    • @Ángel: Pues claro, eso va con las ganas del lector de averiguar más cosas. No siempre tiene uno el estado de ánimo, pero lo de vivirlas… ¿mérito del autor? ¿Capacidad del lector de llegar a donde el autor lo lleva -de la mano-, como Virgilio a Dante? 😀

  • Jolín, como se nota que eres filólogo… y también un rompe bocas xD.
    Soy de las que se come los libros (ñam, ñam), no puedo evitarlo, si un libro me atrae desde el principio no lo puedo dejar, no tengo paciencia para esperar a tener más tiempo, o lo que sea, me lo leo mientras desayuno, en el baño, en la cama… y a veces hasta me los traigo al curro. Para mí, leer un libro no es sólo enterarse de lo que estás leyendo (cosa que me parece obvia), si no realmente leer porque te apetece.
    Ahora seré yo la rompebocas xD: Me toca la moral la gente que por haberse leído a ciertos autores reconocidos ya se las dan de superconocedores de la literatura, y le hacen ascos a otros autores, sólo por que los lee la «plebe». Me da igual que te releas tres veces a Kafka (por ejemplo), que a Dan Brown. Para mí lo verdaderamente importante es que disfrutes del acto de la lectura, y que la obra en sí te diga algo.
    Lo que no se puede hacer es leerse a Shakespeare, sólo por quien es, y te masque brutalmente, que no puedas terminártelo sino a los 4 meses y después digas «oish, es que me leí Hamlet, sabes?» o «tú no tienes ni idea si no te has leído los sonetos de ese magnífico literato»… Gilipollas (con perdón) pero si te parece incomible!!!
    O, peor «Te has leído el Código da Vinci?? Eso es opio del pueblo, no es un escritor, sólo un tipo que sabe hacer negocio, un plagiador», cuando quieres decir «yo quiero ser Dan Brown y ganar pasta» envidia cochina colega.
    Como dije al principio, leo de todo mientras me llame la atención, he leído Shakespeare, Kafka, Camus, pero también leo Tolkien, Harry Potter y el código Da Vinci. Y me los releo. ¿Algún problema? Me lo paso pipa leyendo, desde que era una chinija, crecí con Elije tu propia Aventura, y con los libros del Barco de Vapor. Y con diez años me leía los de color rojo y naranja. Y también leía a Machado (Antonio y el hermano), a Miguel HErnández, a Rafael Alberti y Gloria Fuertes, y a Bécquer.
    Pero estoy de acuerdo contigo, la gente debería dejar de sentirse superior por cosas así, mirándote por encima del hombro y soltando las mismas chorradas sobre tal o cual autor, lo que oyen por ahí, o en la radio, o en foros gafapastiles… Arjjj!

    Obviamente, estoy de acuerdo contigo en eso de que poco a poco descubres qué cosas te gustan más e intentas buscar obras de esos estilos, u otros trabajos de aquel autor que te encantó. Pero eso no significa que dejes a otros a un lado porque, como creen algun@s, no sean «dignos» de llamarse escritores…

    Sorry, jeje, tocaste un tema que me hace cabrearmeee 😛
    .-= Último artículo del blog de kiram… Ella =-.

    • @Kiram: ¡Cabrearse es gratis! 😀 Yo no quiero escribir como Dan Brown pero sí ganar la pasta que gana él, ¿es incompatible? 😀 Creo que lo que masca brutalmente, como dices tú, hay que dejarlo aparte porque queda demasiado bueno por leer y una vida no da para leerlo -y sentirlo- todo. Un artículo recomendado, para un hueco libre:
      Daniel Pennac: decálogo para leer libros
      .No es incompatible lo que comenta Pennac con mi argumento. Como dices tú, qué más da si leo a Machado por leerlo y decir que lo leí, no saco beneficio. Pero si tengo que elegir entre Machado o Jiménez y un poeta contemporáneo, me quedo con los otros dos porque los clásicos son eternos. Aunque hay contemporáneos con pinta de clásicos, o eso parece que dirá la historia -¿qué opina la historiadora de Brown, se acordará alguien de él en 50 años en los manuales de historia de la literatura?-. ¡Beso! 😀

      Por cierto, como igual no tienes tiempo o no te apetece, te dejo directamente su decálogo -pero qué bueno soy/estoy; es el problema de no manejar bien el to be jajaja-:

      * El derecho de no leer un libro.
      * El derecho de saltar las páginas.
      * El derecho de no terminar un libro.
      * El derecho de releer.
      * El derecho de leer lo que sea.
      * El derecho al bovarismo.
      * El derecho de leer donde sea.
      * El derecho de buscar libros, abrirlos en donde sea y leer un pedazo.
      * El derecho de leer en voz alta.
      * El derecho de callarse.

      🙂

  • Gran decálogo! ^_^
    Yo de Dan Brown opino que de él como mucho se acordarán los de la editorial (qué de pasta nos sacamos, eh??) Con respecto a sus «conocimientos» históricos… bué, te recomiendo «Los hijos del Grial», ése sí que mola, escrito por un historiador de verdá.
    Pero lo importante de mi diatriba de antes es que nadie debería sentirse superior a otros, y menos hacerlo público, porque lea tal o cual libro. Amos.
    Ahora, que tampoco opino que todos los clásicos, por ser clásicos, son buenos o hay que leerlos. Para mí la literatura es como cualquier otra representación artística, dejando a un lado las técnicas (que pueden ser más o menos depuradas, e incluso crear escuela), todo artista depende del observador, hay quienes amarán sus obras, y quienes las detesten.

    😉 Besotes!
    .-= Último artículo del blog de kiram… Ella =-.

    • @Kiram: No me refería tanto a si lo que cuenta es ficción o realidad -eso no le quita nada a una novela, a mi juicio-, sino a que en los manuales de historia de la literatura, aparecerá alguna novela de él más allá del momento histórico actual. Si se quemaran todas la humanidad no perdería nada valioso, ¿no? Pues eso. En todo caso, los clásicos son buenos, pero no nos gustan todos por igual ni todas las épocas ni los estilos. Ahí está la elección personal que comparto contigo y con Pennac. ¡Otro besote para la poeta! 😀

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