Anamorfosis

En la cultura general se tiene la certeza, como otras tantas que se repiten como verdades irrefutables que desvían nuestro natural escepticismo, que el círculo es la forma perfecta. Esta idea tiene más de teoría estética que de certeza; porque, para mi teoría estética particular, es la anamorfosis de la elipse la forma perfecta.

Escojamos un objeto de la naturaleza: animal, mineral, vegetal… ¿No es la elipse la forma más representada, habida cuenta de la dificultad de encontrar un círculo perfecto? Otorgar a la escasez más prestigio que a la abundancia no es sino el fruto de un error cultural que viene desde el principio de las sociedades humanas.

Y si no me creen, deténganse frente a una mujer desnuda y tumbada en una cama. ¿Se ha visto una anamorfosis elíptica más bella en su entrepierna? Ciertamente, me produce fascinación los adornos que la naturaleza -labios mayores e inferiores, clítoris, el tono sonrosado- ha dibujado en torno a ella. Puedo, como un amante lesbiano, detenerme en su belleza compositiva y extasiarme con los sabios brochazos de la constructora -la naturaleza, obviamente, es más sabia que aquellos que consideran la boca un habitáculo tan o más adecuado para refocilarse, y de ahí surge otro motivo no recogido en la estadística para la promiscuidad femenina-.

Por si fuera poco, no solo esta anamorfosis elíptica se deja observar, sino que  muta de estado cuando la palpamos: se contrae, se dilata, arriba una corona se hincha perceptiblemente y, con uno de nuestros dedos, apenas la yema entra en la elipse sonrosada se contraen los músculos de las piernas. Todo es leve, sin embargo, y el cuerpo nos indica con otras señales que esta tarea le es agradable. La elipse, no lo duden, tiene sus recursos.

¿Se aprecia, verdad? Cuando se siente cómoda, la elipse se abre a nosotros como un cuenco de flores olorosas y mientras observamos nuestra penetración funcionarial y un olor agrio y penetrante nos retrotrae a la infancia y al juego probamos a introducir dos dedos.

Como la mujer que prueba su helado favorito y, absorta en la nevera, no puede sino coger todo el tarro, así la elipse solicita más acción, golosa, y ya no son dos, sino tres, cuatro -todo leve, hay que insistir-, y cuando nos acercamos a la corona a besar tan hermosa construcción ya desaparece toda la mano a excepción de la muñeca.

Sí, la acción es vigorosa, rítmica, como una biela que expande y contrae; y puede que la mujer agarre nuestra muñeca y nos indique el ritmo y profundidad de la tarea: nadie mejor que ella, que la porta, aunque ya me he convencido que es la elipse la que porta una mujer a su espalda.

¿Y ahora? Nuestra mano sale entera, los dedos aparecen viscosos, y si probamos a juntarlos vemos un líquido que, como un pegamento, resbala entre sus uniones. No es desagradable al paladar; en todo caso, nos disponemos a besarla porque ¿no es como la elipse de nuestros labios?

La primera vez que besé una elipse era aún adolescente. Recuerdo bien el lugar y los motivos. Giré la cabeza para que se unieran longitudinalmente las dos bocas Es muy parecido a besar unos labios, pero sin lengua, claro.Volví a repetir el beso; la corona era un poquito más perceptible, y pensé que tal vez ese beso la había despertado. Probé a introducir la lengua -porque imaginé que era lo que se esperaba de mí- y, escudriñando en la penumbra, vi a la mujer estirando su cuello y arqueando la espalda. Fue la primera vez que entendí la elipse  y su levedad.

De vuelta al presente, mirando a esta elipse que representa a todas las elipses, partícipe del juego infantil como amante lesbiano en que me he convertido, ensalivo mi lengua y pulso la corona con el ápice de la misma. La dejo ahí, y me voy, porque descubrí que es coqueta, vanidosa, y que no se le puede entregar todo porque lo rechaza. Es su naturaleza -como la de la mujer que porta-.

Beso. Engullo todo entre mis labios y lo dejo salir -es un ruido estruendoso en el silencio de la habitación-. Tengo las manos en sus muslos, cogidos por fuera, entrelazados ambos, y la mujer, inconsciente, contrae y expande la pelvis. Dejo la lengua quieta. Tal vez, dice, estaría bien que tu mano repitiera lo de antes, y tal vez, dice, puede que encuentres otro lugar no muy lejano, de mala fama y apariencia no muy agradable, pero donde si eres diestro puedes propocionarme otros lúbricos placeres.

Dicho y hecho: maniobro, como un director de orquesta, con sentido del ritmo y el silencio, del frenesí y la pausa, en toda la inmensidad del escenario, dentro y fuera, arriba y abajo, con todo lo que me ha dado la naturaleza: boca, labios, dedos… ¿nariz?

¿Cómo debería concluir este estudio matemático? Con una sonrisa. La anamorfosis elíptica y yo somos felices y cuando el mundo es armónico, mirándola de reojo, creo que me pide ejecutar una nueva pieza.

[email_link]

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

Deja un Comentario
  • Muy bueno el video!
    El texto como siempre genial…
    Eres como el urbanismo barroco gallego, vas por Santiago de Compostela, tan tranquilo paseando, la ciudad es bonita con casas antiguas y bien conservadas, pero al fin y al cabo como cualquier zona monumental. Parece que la calle continúa y al dar la vuelta a la esquina continuará una calle igual a ésta pero ¡Sorpresa! en medio de la nada, aparece una placita preciosa con un edificio cuya fachada extraordinaria de piedra es una pequeña obra de arte con la que hay que tener cuidado pues si das dos pasos más ya has salido de la plaza de nuevo a otra calle normal, como la de cualquier casco antiguo de cualquier otra ciudad.

    • Soy el urbanismo barroco gallego, jaja. Bueno, muchíiiiiisimas gracias por la descripción, me ha encantado, y joder, está tan bien escrito que lo usaría como texto para tu bitácora -sin hacer referencia a mí, digo, solo el texto tal cual con algún añadido-. Un besotón tón tón. 😀

      • Gracias Julio 😀 No he podido evitar la comparación…y parecía que ibas a hablar de algo corriente y mira tú que me encontré!!!!
        Yo es que nunca he podido con los relatos eróticos y lo intenté alguna que otra vez pero nada…me quedan horribles como falsos, poco naturales…
        Un besazo

        • No me parece erótico sino descriptivo, ¿no? De todas formas, conmigo nunca hay que fiarse, empiezo escribiendo y luego es un punto de partida para tirar de otra cosa que me interesa más. Escribir erótico es complicadísimo por eso mismo que cuentas, quedan repetitivos y muchas veces parecen pornografía de la mala. Pero hay que intentarlo. Escribe un día uno en tu bitácora ver qué tal. 😀

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Copyright ©  La ciudad creativa