Laura en 4 días

Día 4.

Salíamos del taxi y en ese instante ví a Laura entrando a la terraza. Iba acompañada de sus amigas. No fue una sorpresa volver a verla. Yo quería hacerme el despistado si tenía oportunidad, por supuesto. Mi amigo y yo entramos en la terraza. Quería que ella viniera a mí: nada más verla supe que no había otra forma de que sucediera algo con una mujer tan hermosa, sofisticada y elegante como Laura. Estuve unos instantes hablando con el portero, riéndome exageradamente para hacerme notar. Mi amigo se fue a por una copa bajo la carpa central mientras saludaba a algunos conocidos y le seguí a paso tranquilo. Laura, que charlaba con sus amigas desde un rinconcito con sofás y lámparas de diseño, bebía de su copa en sorbos pequeños. Me miró con cara despectiva y volvió a concentrarse en su fiesta privada. Yo, por el contrario, le sonreí, pero no me acerqué a saludarla. Pasado un buen rato, mientras mi amigo y yo nos pedíamos una segunda ronda de deliciosos mojitos, se acercó junto a dos amigas más; lo suficiente para que la viera pero no para que la tocara. Y supe que era el momento.

-¡Cómo eres! -le dije mirándola como si hubiera cometido una travesura-. ¿Cómo es que no me has saludado?
-No sé a que estás jugando… Estoy con mis amigas, si no te importa. -me respondió-.
-Parece evidente que a seducirte -le dije intentando parecer convincente.
-¿A seducirme? ¡Ja! ¿Qué te piensas?
-Dime, ¿por qué te has acercado en realidad?
-Para pedirnos una copa, para qué iba a ser.

Y acto seguido se marchó del lugar y dejó a las amigas haciendo de camareras eventuales. Al poco comenzó a hablar con un chico. La situación me hizo bastante gracia: mientras hablaba con él no dejaba de mirar de forma ocasional hacia la zona en la que estábamos, con cualquier excusa: alisarse el pelo, mirar mientras se reía falsamente de alguna gracia… Por el contrario, me dediqué a hablar con mi amigo y disfrutar de las agradables visiones de la noche capitalina. Cuando consideré que había llegado el momento, le hice una seña a mi amigo y me acerqué a interrumpir aquella conversación.

-Voy al after hour: nos vemos allí.
-No vamos a ir allí. Pásalo bien.
-Seguro que si nos vemos será interesante.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Irte, como haces siempre?
-Si quieres vienes y lo descubres por ti misma -dije, sonriendo por primera vez y acariciando levemente su hombro.
-No sé donde querrán ir mis amigas. Además, es que no te lo mereces. Ya estoy cansada de los tíos como tú.
-Bueno, es una verdadera pena. Ya nos veremos entonces -dije, girándome y yendo a por mi amigo que me esperaba en la salida.

Eran las cinco y cuarto de la madrugada en el after hour y allí entraba ella acompañada de una de sus amigas. Nosotros hablábamos con dos chicas de forma distendida. Laura pasó junto a mí y de medio lado me habló al oído.

-No sé por que hago esto, no te lo mereces, nadie me ha hecho esto y no sé por que lo haces.
-Ya te dije que para seducirte.
-Pero si tu vives aquí en Las Palmas y yo vivo en Barcelona… es que no sé por qué lo haces…
-¿No te gusta lo que está pasando?
-No es eso, es que no entiendo por qué dices que quieres seducirme si me voy a ir…

Yo me había ido girando lentamente mientras hablábamos y la había cogido de la cintura. Se me quedó mirando a los labios. Y al segundo me lancé a besarla.

Tras esto, me fui con mi amigo al servicio y le pedí que, cuando saliéramos y llevara un par de segundos con ella, viniera a interrumpirnos con la excusa de que tenía que irse. Así que salimos charlando y riendo y mientras él iba a hablar con alguna chica busqué a Laura. No fue muy difícil encontrarla: estaba sentada en una banqueta justo en la zona contraria a los servicios, mientras la amiga hablaba con un chico que parecía extranjero. Me acerqué a Laura, la cogí de la mano y me la llevé a un lugar apartado y con la música más baja. Mi amigo, tal y como había planeado, se acercó para decirme que se iba y se despidió de los dos.

-Ahora soy yo el que está solo, Laura.
-¿Y si me voy ahora, como me has hecho las otras veces?
-Lo entendería perfectamente, pero no quieres eso. Podríamos estar un rato más juntos; a fin de cuentas… mañana te vas.
-Además, estoy con mi amiga y no la voy a dejar sola aquí… -Laura de repente soltó una risa nerviosa. Era la primera vez que se la oía.
-Vamos a mi casa y nos tomamos la última.

Laura me miró sorprendida.

-¡Eh! -le dije mientras la cogía de las manos-, estoy hablando de una copa, no vayas tan rápido.

Laura se rió, me dijo algo al oído que no entendí bien -pero asentí- y se fue a por la amiga. Entraron al baño. Yo aguardaba pensando en cómo había ocurrido todo desde que la había conocido. Salió sola del baño.

-¿Vamos? -me dijo recogiéndose el cabello largo y aleteando sus ojos verdes.
-No sé -dije con el rostro muy serio. La boca de Laura se abrió como un túnel…
-¡Tranquila, es una broma! -le dije-. Vamos, anda…
-Esta noche ya tienes el cupo de bromas más que cubierto, ¿de acuerdo?
-Sí, señorita.
-Pero antes contéstame una cosa: ¿tú esto lo haces mucho, verdad?
-Yo pago el taxi -le respondí sonriendo. Y salimos afuera a por él.

Día 3.

Estábamos unos amigos tomando una cerveza en el centro comercial del Muelle Deportivo. Desde la tercera planta, llena de pubs y restaurantes, se podía ver todo el Muelle Deportivo y la autopista que iba y venía hacia el sur de la isla. La noche era cerrada y la luna parecía un cuenco de leche invertido. Laura estaba con sus amigas dando un paseo y le dije a un amigo que me acompañara un momento mientras le contaba mis intenciones. Pasé al lado de Laura mientras me hacía el despistado mirando, apoyado en la barandilla, los yates atracados. Con una sonrisa entre vergonzosa e indignada me dijo:

-Hola. No te hagas el tonto, te he visto levantarte y venir hacia aquí.
-¡Hola! -le respondí serio-. ¿He matado a alguien? Encantado de volver a verte.
-¿Sí? Vaya… Me prometiste que me ibas a llamar y no sé por que no lo has hecho.
-¿No lo sabes?
-No, no lo sé, esto nunca me ha pasado. Me parece bastante descortés por tu parte.
-Precisamente por eso, porque esto nunca te ha pasado. ¿No querrás tener la misma situación una y otra vez, no? No me gusta ser como el resto. Prefiero hacerte sentir algo.
-¿Sentir algo? ¿Te has tomado una pirula o qué?
-Ya sabrás que es en su momento. Ahora me voy a sentarme con mis amigos que hace una noche maravillosa. Ese pub está genial. Si te vienes podemos hablar tranquilamente y concernos más.
-No sé si voy a ir y si voy no sé si querré hablar contigo.
-Como prefieras, yo no te obligo a nada; estaré por allí con mis amigos y estaré dispuesto ha hablar. Adiós, Laura -le dije, acariciándole levemente el brazo-.
-Espera… No seas tan desagradable.
-Lo siento, tengo que irme.
-¿Cómo?
-Sí, mis amigos me están llamando, ¿ves?
-¿Cómo que te han llamado? ¿Pero tú que te crees?
-Solo digo que si no quieres venir podemos quedar otro día.
-Mira, te lo voy a decir así de claro: o follo hoy contigo o te puedes ir a la mierda, yo he venido a disfrutar, ¿entiendes?
-Mira, me tengo que ir, yo no te obligo a nada… En estos días te llamaré. Si lo coges bien y si no quieres, pues tan amigos.

Al despedirme fui a darle un beso y ella se apartó. Yo puse cara de incredulidad y le dije -Bueno, como prefieras, nos vemos entonces.
-No quiero saber nada de ti.

Día 2.

-Hola, Laura. Dando un paseíto con las amigas.
-¡Sí! Estamos de compras. ¡Te acuerdas de mi nombre!
-¡Qué locura! ¡Tengo memoria!
-Definitivamente, no tienes abuela. El restaurante estaba muy rico, gracias por el consejo. Hemos quedado en ir el último día, antes de irnos.
-¿Y no me cuentas nada de ti? A qué te dedicas, qué edad tienes, esas cosas normales… Para hacerte el estudio sociológico -le piqué un ojo.
-¡Jaja! ¿Qué preguntas son esas? Sabes qué… creo que eres un chico bastante aburrido.
-Ha sido un placer conocerte y he disfrutado mucho con tu compañía, pero he venido para tomar un café con una amiga y no me gusta hacer esperar -le agarré suavemente la barbilla-. Puede que nos volvamos a ver, esto es muy pequeño, de noche no hay mucha variedad de locales.
-¿De verdad te vas a ir así?
-Sí, disfruto de tu compañía, pero de verdad, me siento mal por dejar a una amiga sola esperando.
-No puedo creer que me esté pasando esto.

Apenas había dado unos pasos hacia la salida del centro comercial y escucho a Laura decir mi nombre dos veces. Me doy la vuelta.

-Ven un momento… Toma mi número, así podemos juntarnos todos el fin de semana, más que nada porque mis amigas se empiezan a aburrir y hay que aprovechar los quince días que estamos aquí. ¿Tus amigos son majos, verdad?
-Muy majos, por eso son mis amigos. Vale, aquí tienes, guárdalo tú… Ok. Espera que te hago una perdida… Anda, no tengo saldo…
-No sé por qué he hecho esto… -dijo con cara de incredulidad-.
-Lo has hecho porque querías hacerlo -le dije sonriendo y dándole un beso en la mejilla-. Te llamo. Lo vamos a pasar genial. ¡Prometido!

 Día 1.

Disculpa, ¿conocen un restaurante bueno por la aquí?
-¿Y qué pasó con el «perdona, ¿me das fuego»?
-No, en serio -se rió-, es que estamos mis amigas y yo de vacaciones y queríamos probar la gastronomía de la isla. ¿Conocen algún sitio?
-Pueden ir a … Allí el camarero les puede decir. Se come muy bien y el servicio es bueno. A mí me encanta.
-¡Pues gracias!
-De nada. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Laura, encantada -nos damos dos besos y le presento a mi amigo-.
-No te digo mi nombre porque a mí ya me conoces -le digo-.
-¿Cómo? -dijo poniendo cara de extrañada-.
-Soy ese con el que sueñas cuando nadie te ve -dije mirándola a los ojos-.
-Jajaja. ¡Tú no tienes abuela, no! Tengo una mala noticia, no te recuerdo de mis sueños.
-Entonces ya nos veremos este fin de semana, saldrán por la noche supongo -le dije sonriendo-.
-¡Claro! Nos vemos entonces. Adiós y encantada.
-Hasta luego.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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