Sustituto del inepto de tu amante

¿Emprendedor? Por qué no. Y ¿qué sé hacer bien? Sé hacer bien unas cuantas cosas. Pero cuando pienso en qué hago de forma excepcional es: el sexo. La parte negativa es que tendría que acostarme con muchas mujeres que no me gustarían y soy de los que tiene un verdadero problema con la motivación. O motiva la clienta en cuestión o me temo que prefiero programar la lavadora. Y ponerme a lamerle esos dedos con pinta de mejillones a una damisela tampoco entra en mis planes. Y vete a saber qué otras perversiones, para esto las mujeres son…

¿Y qué es lo segundo que hago bien? Me he dado cuenta que la pregunta adecuada no es esta. La pregunta clave es: ¿qué podría ofrecer que nadie ofrece y que muchas mujeres ansían? Y la respuesta me vino a la cabeza con el chasquido de una rama quebrada: ofrezco compañía para después del sexo o cuando la pareja, amante, novio, no pueda cumplir sus «otras» obligaciones parejiles, maritales, etc.

En realidad, es una oferta que interesa en parte a los maridos también, ya que ocuparía su lugar en aquellos espacios que ellos encuentren prescindibles, agotadores, incordiantes, etc.

¿En qué ocasiones podría serles útiles a ambos? Las posibilidades son múltiples. Pero, centrándome en concreto en las mujeres, que serían mis clientas potenciales, podría ofrecer:

a) Después de tener sexo, podría sustituir al hombre emocionalmente inmaduro y cubrir tus necesidades afectivas: abrazarte, ser cariñoso, decirte cosas lindas al oído, pero si me pides que solo te abrace y te deje hablar lo haré con todo mi amor.

b) Tu relación es tan insulsa que no te da ni para una pelea: eliges un tema, nos vamos al lugar de la casa que prefieras y discutimos. Por supuesto, con una señal que habremos acordado con antelación iré perdiendo la discusión hasta que por fin sientas que me has humillado lo suficiente. Reconoceré esas costumbres insoportables y repetiré en voz alta, si así te sientes mejor, por ejemplo que soy un mandril y que me dedico a mear el inodoro por fuera.

c) Te acompañaré a comprarte ropa y no solo no me cansaré de darte mi opinión sino que además aplaudiré cuando encuentres ese modelito que tan bien te sienta.

d) Te acompañaré a la peluquería y a la vuelta charlaremos de tus revistas favoritas del corazón.

e) Te acompañaré a ver a tu madre -eso requiere un recargo del 30%-.

f) Te acompañaré al supermercado; yo llevaré el carro y podrás comparar ofertas y hablarme de tus experiencias con las diferentes marcas de tomate frito o de lo que compran otras amigas y tú jamás harías porque no eres tan pedorra.

g) Cuando estemos con tus amigas puedo emocionarme -es algo que puedo hacer a voluntad- y decir frases como que sin ti estaba perdido, que eres maravillosa, etc. siempre que no estés tú delante y dentro de una charla natural.

h) Podrás cogerme a media tarde o de madrugada -con un recargo del 40%- y contarme esas intimidades que tanto te inquietan y tendrás por fin alguien que no te dará consejos ni te tratará de tonta: seré paciente y luego me limitaré a darte un abrazo de oso y te diré lo mucho que confío en ti para que saques adelante tus proyectos vitales.

i) Podré ser tu bastón emocional en el que apoyarte en los momentos difíciles, pero recuerda que jamás podré recetar tranquilizantes o antidepresivos.

j) Podrás decir por fin a alguien lo que de verdad piensas de tus amigas y no solo me parecerá razonable sino que, tomando un rooibo de caramelo, estaré de acuerdo contigo y nos reiremos juntos de estas petardas.

k) Recrear la escena en la que tú me abandonas por fin y yo te imploro y digo -una vez hayas hecho la lista y memorizado- entre sollozos y de rodillas todos mis defectos por los que me merezco que me abandones, concluyendo con un lastimero: «¡soy un mierda!».

l) Te peleas demasiado y necesitas afecto. Pues nada, te levantas el domingo por la mañana, me acerco a ti, te abrazo por la espalda, te huelo el cuello, te digo lo sexy que me pareces mientras te doy una nalgazo, te hago mimos y a mitad del desayuno saco un regalo -que costeará la clienta- de debajo de la mesa. Cualquier otro extra, un recargo del 20%.

En fin, esto son solo sugerencias que se me han ocurrido a vuelapluma. Pero la idea puede funcionar. Iré informando de los progresos del negocio.

P.d.: la culpa de esta emprendeduría es de Lucía, que me dijo que viera Hung y se me despertó la imaginación. La serie es simpática. 😀

[email_link]

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Copyright ©  La ciudad creativa