Pesadilla en una mesa electoral

La experiencia de participar en una mesa electoral me ha demostrado varias cosas:

a) Que el sistema no es perfecto -el del voto en una urna-.¿Para cuándo el voto por Internet?

b) Que desde los apoderados e interventores de los partidos a los miembros designados por las administraciones, nadie conoce el reglamento lo suficiente y es necesario acudir al manual a menudo -dicho lo cual, es nuestra obligación leerlo, puesto que es un guión y además muy sencillo de seguir-. Ves a todo el mundo preguntando a todo el mundo, lógicamente, y gracias a que el representante del distrito sabía lo que se hacía subsanamos no pocas dudas… que estaban en el manualito que nos dieron allí mismo.

c) Que si el presidente de tu mesa es un inepto y va de sabelotodo, tienes que rehacer listados, recontar, ver cómo permite el mangoneo y la opinión de los sujetos del punto b) porque dos horas antes ha dicho que «este libro de instrucciones es humo, la realidad es más sencilla». A partir de aquí, imagínense lo peor…En una de esas les comento, porque estás muchas horas y coño, de algo hay que hablar, que en el libro pone que en realidad el presidente debe coger el DNI del votante, decir en voz alta su nombre y apellidos, devolverlo o algo así y decir «vota», y entonces el votante mete la papeleta en la urna. Acordamos que con ese sistema los votos serían eternos y que era lógico que nadie lo hiciera, pero el presidente, que se lo tomaba todo muy a pecho, cogió el libro y nos enseñó la verdad de la vida. Escribió delante nuestra, con bolígrafo azul, lo siguiente: «Dejen de fumar cosas raras». Yo me reí. Y luego su discurso sobre que la realidad era más sencilla que ese libro y que no nos preocupáramos que él sabía lo que tenía que hacer. Aquí ya no me reí. Qué dolor de tío.

d) Te puedes encontrar con frases, por parte de la administración, del tipo: «El Primer Vocal tiene que ir al juzgado con el presidente, y si no va él, vas tú, que eres el Segundo Vocal», con tono autoritario, la niñata de 25 años como mucho que tendría la pava esa, a lo que le sucedió mi comentario -porque la pobre no sabe que con poco me enciendo, en mi DNI pone: «altamente inflamable»-, libro en mano, leyendo en voz alta la parte que negaba esta afirmación pero con cara de angelito, como de inocente, lo suficiente como para verle la cara de tarada y cómo cerraba la bocaza. Al final del recuento, «la persona del distrito» fue reclamada para preguntarle sobre este punto. A su juicio, «en general, debería ir el 1er vocal también», es decir: como mente autónoma al reglamento y las leyes sobre el sistema electoral y su ejecución, este chico tenía una opinión que le gustaría que fuese vinculante a la mesa electoral.

Aunque cuando le pedimos mayor concreción apartó la mirada, sonrió e insistió en que «no, bueno, pero hasta ahora se recomienda que vaya, generalmente debe ir el primer vocal también, yo creo que debería ir». Generalmente, yo creo que…, qué bonito es el castellano. Es decir, la ley se la pasa por el forro de los cojones -por la piel que los rodea, es decir, el cuero, la epidermis- porque debe haber una ristra de vocales a los que este argumento de «en general, van» les convence. No fue. En mi comida acudí a Internet y encontré el artículo creo que 101 del reglamento que explica muy bien que si quisieran acudir no solo el primer, sino ambos vocales, pueden hacerlo, pero vamos, como quien quiere darse un paseo. Es que fue para fusilarlos a todos.

e) Hay gente que no sabe leer o tiene nula comprensión lectora. Cuando leí el acta redactado por la chica que venía de parte de una administración, encontré una pésima redacción y falta de tildes en «asistio», «se presento» y algún error gramatical de bulto que dudo que un alumno de nivel medio de bachillerato se pudiera permitir en clase de lengua española. Si me preguntan de qué administración, creo que de la Delegación del Gobierno o del Gobierno Civil, pero vete a saber porque allí ninguno de ellos se nos presentó, eso era como «vamos a quitarnos este marrón de encima que son muchas horas». Tal cual. Marrón es… pero coño, lo cobras y muy bien, o es que los 5 millones de parados cobran 60 euros diarios… qué me estás contando, y además lo que significa este acto democrático.

f) Si tienes una hora para comer -esta información no está contrastada aunque venía de buenas fuentes, pero supuse que acordándolo con los de mi mesa llegaríamos a un acuerdo inteligente para tener nuestro ratito de desconexión- puede que alguien diga a los miembros de la mesa electoral que cuándo van a comer y que siempre debe haber dos. Cierto, lo pone el manual, solo hay que leerlo. Claro que igual el presidente, que numerando los votos pasa del 141 al 152 en un pis pas, dice que él en media hora vuelve, el diligente. Yo acuerdo con el otro vocal, una persona coherente todo el día, para mi fortuna, ir a comer en segundo lugar. Llego tras 40-45 minutos. Dice el presidente: «ya estaba diciendo él que no venías». Yo: «le dije que iba a tardar, que tenía que prepararme la comida», mirando al primer vocal. Él se sonríe y se va. El presidente de la mesa insiste a los pocos minutos, y directo le espeto con mi sonrisa irónica made in Julio: «Tengo una hora para comer». Se calla, cambia de tema. Y sigo a lo mío.

h) Lo malo no es que te toque un presidente con errores matemáticos ya que, según pasa la tarde, la tarea se vuelve tediosa y todos cometemos errores. Lo malo es que corrigiendo el error se vuelva a equivocar, teniendo que pasar a limpio 200 votos con sus nombres, apellidos, número de censo y número del índice. Poca cosa a menos de un par de horas del cierre de los colegios y con gente entrando a votar todavía. ¡Cojonudo! Pero lo peor es que hable de neoliberalismo para acabar en la novia, en los padres separados de la misma, en que vive en no se dónde, y así de ocho de la mañana a 12 de la noche. Tenía una capacidad para contarte su vida sentimental, laboral, partiendo de cualquier asunto que no tenía nada que ver realmente fascinante. Un problema de verborrea crónica. Dos veces me dijo que si quería levantarme a mirar si faltaban papeletas, y dos veces no fui. Sobre todo porque la diligente analfabeta en el reglamento y casi funcional le había dicho al presidente que era su responsabilidad levantarse a ver si había que reponer Dicho lo cual, y visto que yo no tenía intención de levantarme y ya teníamos bastante los vocales con subsanar sus errores de cuenteo, tuvo que hacerlo por su cuenta, como indica el reglamento. El pobre, verdad. Si fuera de los que dice me equivoqué o le ves confuso, aturdido, avergonzado, preocupado, vas y le echas un cable y le dices que no pasa nada, porque no pasaba nada que no se pudiera arreglar con buena letra y ganas. Pero la actitud de soy el mejor presidente de la historia de las mesas electorales del espacio sideral, me equivoco y encima voy de listo  y con verborrea crónica, pues va a ser que no. Por ahí no paso.

i) La susodicha representante de la Delegación del Gobierno, Gobierno Civil o lo que fuera que fuese, nos indicó que no había que añadir el número censal en las hojas en que recogíamos el acto de votación de cada votante. Por la tarde, cuando el señor representante del distrito -que si tenía más de 25 años era un milagro-, por casualidad, cuando ya llevábamos más de 200 votantes, le da por revisar las actas de recuento y nos indica que hay que poner el número del censo asociado a cada votante en la casilla que viene a tal efecto, como sospechábamos el vocal primero y un servidor, la putada nos sirvió para comprobar dos cosas: una, que mientras rehicimos dos hojas cada uno, con 44 votantes registrados aleatoriamente en cada una según llegaban a votar, buscando de nuevo a los votantes uno a uno en el censo para añadirles el código, mientras se seguía votando e interrupíamos la búsqueda para añadir nuevos votantes a la hoja, ella, que llegó dos horas y media tarde de su almuerzo -disculpada por su compañera con el eufemístico «se le ha hecho tarde»-, se ofreció a solucionar alguna hoja -porque se dio cuenta del error y se asustó pensando en que se iría a las dos de la madrugada a su casa, cosa que le había sucedido la vez anterior y le daba pavor- y demostró que era incapaz de acabar en una hora una sola hoja -es decir, era incapaz de buscar en el censo a 44 personas para añadir su número censal, en un censo de 548 personas -, informándonos de que «todavía no lo he terminado, es que me está ayudando una chica que no se sabe bien el abecedario», no me levanto y la voy a buscar fuera y le digo que si la amiga imaginaria esa que la ayuda es ella misma o qué vacile era ese.

El presidente, pasada hora y media, ya habiendo acabado el primer vocal y yo cuatro hojas de votantes, es decir, unos 178, dice a mi pregunta de si ya había acabado la chica: «es que como usa el censo de fuera, la gente lo mira y la interrumpe, y además la está ayudando una chica que no se sabe bien el alfabeto». Le respondo -ustedes perdonen si les parezco agrio y desagradable-: «pues si no se sabe el alfabeto, que no la ayude, porque entonces la va a hacer retrasar más», con mi famosa cara de «tú eres tonto o te lo haces». Soy borde, lo reconozco, cuando estoy hasta los huevos de una tarea y se te tuerce todo y tengo más trabajo por gente que es carota, poco humilde y encima vaga, se me hinchan, y si encima le tengo que revisar al final -ya el pobre hasta me lo daba sin pedírselo a ver «si se me pasó alguno»-, pues… se hinchan, se hinchan, como globos. Tengo que añadir que el primer vocal se portó y estuvo currando conmigo porque ambos sabíamos que, por nuestro bien, más valía ponerse a currar y que saliera todo como debía hacerse.

Al salir, acabado el trabajo electoral del eterno domingo, la noche cerrada, el primer vocal, que por supuesto se negó a ir al juzgado puesto que su presencia es voluntaria, y que yo sepa nadie le dijo lo contrario, me dice: «qué mal se organiza la chica esta de la mesa, ya es mala suerte, qué desastre, tendríamos que haber salido hace dos horas», puesto que hasta rellenamos actas que por lo visto no había necesidad de hacer -estaban ahí por si habían errores y poder coger otra, entiendo-, esto sin contar que nos comentó de firmar, sin haber rellenado los datos, «por agilizar», las diferentes actas al mediodía. El primer vocal y yo acordamos que si, por cualquier motivo, no estábamos de acuerdo con los números finales, a pesar de haber firmado haríamos una reclamación en tiempo y forma añadido a las actas. Al presidente ni se lo comentamos porque dado el especimen era una batalla perdida. Por fortuna, nada de esto pasó. Hicimos el gilipollas como es costumbre: primero firmas y luego te acuerdas de que no se debe firmar nada que no sepas lo que va a haber escrito luego. Ya digo que tuve suerte y me encontré alguien con sentido común porque me toca el primo del presidente y la mesa hubiera sido: el presidente, su primo y yo haciendo el primo.

Y no sigo contando porque me estreso de pensarlo, pero aunque no lo crean hay más. Ahora bien: si alguna vez soy presidente, primero mando a tomar por culo a todo el mundo en el recuento, porque legalmente nadie puede añadirse al mismo, ni siquiera con sutilezas del tipo «si quieres te ayudo con los sobres vacíos», porque acaban dando opinión sobre cualquier incidencia, y claro, con el retrasado mental del presidente que teníamos cualquier cosa era posible. Lo demás salió bien y con dos recuentos por urnas quedó todo perfecto, porque fuimos con paciencia y porque al final establecimos el primer vocal y un servidor algunas pautas de organización y de agilización del recuento porque visto el sistema de la chica de la administración, primero era solucionarle su trabajo y luego adecuar el nuestro a su cometido.

¿De dónde sacan a esta gente para un tema tan importante como el voto? Lo de que te toque un compañero de mesa peculiar ya es el destino. Eso sí: de las tres mesas electorales de que se componía mi colegio electoral, fui el único de los nueve que era titular y acudió ese día a su función. El resto, todos suplentes, algunos el tercero o el cuarto por lo que escuché. Lo comento porque los otros  o bien tienen baja médica de urgencias del mismo día o un justificante adecuado o les espera una bonita suma de multa, que puede ir acompañada de cárcel, según cojas al juez ese día. No es ninguna broma esto.

¿La mesa electoral? De locos. Espero que no me toque más y si me toca, de presidente. Los pongo firmes en la primera media hora, si me toca de nuevo el mismo «personal de apoyo», jaja, salvo que, con un poco de suerte, me tocara gente «normal». Un segundo: ¡no, en definitiva, mejor que no me toque! 😀

P.d.: en mi barrio hay un buen puñado de tías buenas, pero no las veo de mi perfil de novias. Una pena, un chaval serio como yo.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

5 Comentarios

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  • Ya me escapé en una ocasión de ser presidente de mesa por una extraña carambola (tras estar varios días amenazado con ir a la cárcel, real). Pero independientemente de ello tengo claro que no voy a prestar mi tiempo para unas elecciones, y viendo lo que cuentas, prefiero estar unos días en un calabozo que soportar un día así.
    Yo no soy altamente inflamable, soy difícilmente sofocable. No ardo con facilidad, pero como arranque la llama no la apaga ningún bombero. Por eso mejor pasar un rato a la sombra. 🙂
    Salu2

    • ¡Si hasta o comentaba la gente en la mesa electoral! Yo estoy de acuerdo contigo, los nuevos tiempos. Un besote (se te echaba de menos, sinceramente). 😀

  • Jajaja, lo siento por el día que pasaste pero ha sido divertido leerte.

    Por si te sirve, para evitar que te toque la lotería otra vez dentro de 4 años procura durante los 15-20 días anteriores a la fecha de los comicios no abrir la puerta a nadie que no conozcas, porque cabe la posibilidad de que sea el tipo que te trae la notificación del marrón. En caso de que llamen al timbre en la hora de la siesta y, despistado, abras la puerta, cuando pregunten por el señor Julio Caballero di que no vive allí. Esto en caso de que vivas solo, sinó tendrás que aleccionar al resto para que juren por su madre que no conocen al tal Julito y que ese no es su domicilio, porque si llegan a decir que en ese momento no estás en casa date por jodido, pues se te da por notificado. Según la ley de procedimiento administrativo se puede entregar la citación a cualquiera que se encuentre en tu casa.
    Salut!

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