Espérame sentado que ya vuelvo

Como el peluquero marroquí ya cerró su barbería, a mi abuelo no le queda otra que ir a leer la prensa a la biblioteca insular. El peluquero solía dejarle el periódico por el buzón para correo de la puerta y mi abuelo, además de ir a cortarse el pelo allí, para que el hombre se ganara «unas perras», de vez en cuando le llevaba algo para ayudarlo.

Una tarde que pasaba por su casa y le preguntaba qué había estado haciendo me comenta sus quehaceres diarios. Y que había ido el día anterior a leer los periódicos a la biblioteca insular, situada frente a un pequeño centro comercial con varias terrazas al pie. (Si quieres leer alguna anécdota divertida sobre él, aquí tienes otra, y su historia en la Guerra Civil, los episodios bélicos y la vida cuartelaria, en el blog de Mi abuelo volvió de la guerra).

-¿Y cómo no te tomas un día un café allí, López? -a mi abuelo le llamo de vez en cuando como le llamaban los clientes en la tienda que regentaba-. Te das un paseo, te lees el periódico, y a la vuelta, o cuando quieras, en vez de tomártelo aquí te sientas y disfrutas allí de un café, que están buenos, que hace solito (mucho sol, en dialecto canario).

-¡Qué va muchacho! Si a mí un cafe me sale sesenta céntimos en el club (el bar de toda la vida, en jerga de mi abuelo).

-Abuelo, es que es una terraza, es un poco más caro. Pagas el sitio y además tienen muchas variedades de café que están muy ricas.

-Cómo van a cobrar tanto por un café… Una tarde fui allí. A mí me gusta tomármelo en el club pero como fui al mercado por la mañana temprano a comprar queso, y que tu tía necesitaba de paso unas habichuelas, pensé: en lo que subo ya me lo tomo por aquí mismo (el Mercado Central está junto a la biblioteca insular), que me viene de paso. Así que me siento. Un camarero, muy bien vestido, se me acerca y le digo:

-Buenas tardes.

-Buenas tardes, caballero.

-¿Tienen ustedes café?

-Sí, señor, ¿quiere la carta?

-No hace falta, póngame un cortado.

-¿Largo o corto?

-Póngamelo corto que llevo prisa.

Llega el camarero, me lo pone allí, pim, pim, muy rico el café.  Con una galleta. Pensé: qué raro, en el club no ponen la galleta. Bueno. Yo no me la como porque no tengo costumbre. Le pido la cuenta al camarero, al poco me la deja allí y se marcha. La miro. Y pienso: el muchacho se ha equivocado. Lo llamo:

-Oiga joven, ¿podría venir un momento? -y le digo en voz baja cuando se acerca-. Mire, que la cuenta está mal, me ha puesto un euro veinte.

El camarero mira la cuenta; era un poco más joven que tú, y me dice:

-No, señor, la cuenta está bien. Es un euro viente el cortado.

-Coin (una expresión de mi abuelo que es un «!coño!» articulado muy rápido y con sordina), cómo va a ser eso, un cortado un euro veinte, ¡si en el club me cobran sesenta céntimos!

-No jodas que le dijiste eso, abuelo.

-¡Pues claro! Cómo no se lo voy a decir, a ver por qué me cobra el doble por un café.

El camarero se me queda mirando y me dice, eso sí, muy amable y con mucha educación:

-Señor, usted perdone, es que ese es el precio. Yo lo siento mucho…

-Pues sí que venden ustedes caro el café… -le dije.

-Es que yo solo soy el camarero, entiende. Mire, no se preocupe, caballero, yo le invito al café, con mucho gusto.

-¿Pero se lo dijiste enfadado, López?

-¡Qué va, hombre! Solo estábamos hablando… Le respondí:

-¡No hace falta, no se preocupe! Si ese es el precio que tiene… -Saco el dinero y lo dejo en el plato de la cuenta-. Mire y una pregunta, si no le importa a usted que se la haga.

-No, para nada, caballero, dígame.

-¿Ustedes abren todos los días? -le dije, ya levantándome-.

-Pues sí, caballero, todos los días.

-No, para volver mañana.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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    • ¡Juas! Se supone que es una ironía -qué mal escribo, leches-. Es que pensaba que con esa frase final, tan canariona, quedaba claro que mi abuelo, que desde el principio dice que le parece caro, no tiene intenciones de volver y paga el café pero suelta la ironía. Él lo cuenta riéndose, y no es nada cascarrabias, al contrario, siempre ha sido un cachondo mental. Más referencias -ahora edito el artículo y lo pongo, se me olvidó-, el blog que escribo de él: Mi abuelo volvió de la guerra. 😀

  • Pues tu abuelo debe estar contento con el trato recibido y, además, de recibir una invitación… eso no pasa todos los días.
    Debió pensar tu abuelo que le cobraban la galleta al mismo precio que el café.

    • ¡Hala! Ya me empiezo a preocupar, ya contigo van dos que no entienden la historia, lo que me hace pensar que no la he enfocado bien. 😀 Mi abuelo lo que ponía era su disconformidad porque cobraran tan caro el café. Lo de que le invitaran fue el típico recurso del camarero con un señor mayor que le dice en plena cara que cómo es que cobran tan caro. Mi abuelo va a un bar típico, donde los precios son más baratos, y el ejemplo que me puso fue para decirme por qué no iba. Lo de la galleta es por la misma razón, en su bar, como cualquier bar de este país, no te ponen una galletita con el cortado, te ponen el cortado y punto. Voy a replantearme lo de escribirla otra vez, jaja. Un abrazo y gracias por pasarte. 😀

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