Los puentes de Rajoy

Metrópolis, Fritz Lang.

Dicen en España que la imagen exterior de este país se puede resumir en: una generación de deportistas de élite, pertenecer al selecto grupo de los PIGS, el turismo, los toros, la paella y la siesta. Y, frente al resto de la Europa central y oriental, la fiesta.

Pero ya no más fiesta en esos periodos conocidos como puentes, cuando el español une el día laboral entre festivos y no va a trabajar. El nuevo presidente del gobierno, Mariano Rajoy, suprime los puentes y quiere trasladar los festivos nacionales a los lunes. Es probable que a Merkel le parezca que un país con tanta fiesta no puede ajustar el déficit. Pero no es menos cierto que la idiosincracia del sur europeo es diferente: Spain is different.

En un mercado laboral global parece lógico adaptarse a una uniformidad de horarios mentras la zona horaria lo permita. Pero nadie observa los graves problemas que la uniformidad representa para los trabajadores y para el modelo de sociedad de libertad y del mal llamado «estado del bienestar», que no dejan de ser derechos que nos concede el Estado a cambio de todo el poder que le hemos ido otorgando. La tendencia actual es la de crear una masa de obreros global, sin la obviedad visual de la sociedad distópica de Metrópolis de Fritz Lang y enmascarado en perversos juegos semánticos, con una patrón tan evidente como el de que los niños lleven el mismo uniforme al colegio. Y el colegio se llama Capitalismo.

Con esto quiero decir: extensión de la jornada laboral y aumento teórico de la productividad pero con peores condiciones laborales e inseguridad contractual. Si por los empresarios fuera -y vista la oportunidad que tienen en estos momentos de pedir el oro y el moro- exigirían no solo la extensión de la edad de jubilación sino que el sábado fuera un día de actividad laboral como lo es el martes -y sabemos que hay muchos trabajadores y profesionales que trabajan los sábados, pero no son la mayoría-. Y todo con el cartel de «crisis económica, mi empresa va muy mal» como as en la manga. Hasta donde yo sé, si un trabajador tiene que ir en un día entre festivos a trabajar y no va se juega el despido. Muchas de mis amistades van a trabajar en teóricos puentes, y lo que se suele producir es acaloradas negociaciones en las oficinas para repartirse los puentes dentro de las vacaciones que legalmente corresponde al trabajador.

Pero es que, aunque resulte una obviedad, no somos alemanes, ni holandeses, ni suecos. Nuestra filosofía de vida, aunque llena de clichés, es tan diferente a estos ciudadanos europeos como lo es la noche del día. Ellos trabajan con rígidos esquemas vitales… para luego venirse a vivir una espléndida jubilación en el nuestro. Porque ofrecemos un modelo de vida más vitalista: más sano, podríamos decir sin ruborizarnos.

No quiero decir que esta reducción de los puentes en festivos sea un atentado a nuestros derechos fundamentales, pero sí que forma parte de ese cúmulo de imposiciones externas que afectan a nuestra forma de vida y nuestra forma de entender el mundo. Deberíamos vivir, y trabajar, como nuestra idiosincracia nos hace ser. Potenciar aquello en lo que somos muy buenos frente a los demás, como las soluciones imaginativas para sortear los obstáculos.

Viajen ustedes, por ejemplo, a Alemania -un servidor lo ha hecho- y comprobarán cómo cuando se plantean cuestiones fuera de sus parámetros de pensamiento, el alemán, sencillamente, se bloquea y es incapaz de saltar de su rígido esquema mental. Esta apreciación subjetiva es tan cierta o falsa como la de que España es un país de pandereta, así que con ese mismo valor la dejo aquí. Y esta capacidad alemana está genial para levantar un país tras dos guerras mundiales y haber vuelto a colocarse en primera fila mundial. No conozco a nadie que se quiera ir a vivir a Alemania, ni siquiera alemanes, si pudieran evitarlo. ¿No son tan felices allí? Radica aquí la vieja cuestión de si vivimos para trabajar o trabajamos para vivir . El latino prefiere esta última y porque no le queda más remedio.

¿Acaso la reducción de estos puentes nos va a hacer salir de la crisis económica? ¿Es una de las veinte medidas fundamentales que este país necesita para darle trabajo a los cinco millones de parados? ¿Las horas laborales que se recuperen de esos días harán que nuestras empresas sean más competitivas y contraten más gente? ¡Qué empresariado tan comprometido! ¿Tan poco nos faltaba para paliar esta situación? ¡Haber empezado por ahí, presidente!

Los políticos deberían dedicarse a hacer cosas más importantes que intervenir en el sentido latino de lo lúdico. Forma parte de nuestra idiosincracia. Vienen tiempos en los que se crearán contratos laborales por debajo del sueldo mínimo interprofesional -en Francia, en 2008, era de 1.321 €, según Eurostat, el doble del nuestro– y se llamarán indefinidos a contratos de ¿mes y medio? La reforma laboral será durísima.

Nos quieren recombinar el ADN para salvar el país, dicen, pero lo que buscan es que no nos quejemos mientras no paran de tocarnos los cojones.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

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  • Hay madres que me miran mal por opinar esto que voy a decir y ser madre a la vez… odio los uniformes, los robots (a no ser que sea R2D2) y las fotocopias.
    Me estoy acordando de un capítulo de los Simpson en el que a Bart y amigos del colegio les ponen uniforme y se convierten en, prácticamente robots. No soy muy amiga de las teorías de la conspiración, pero en este caso veo algo clarísimamente cristalino, reestructuraciones en las leyes, en enseñanza, en la seguridad social y en los habitos….suena mal, pero que muy mal…(espero que hayas visto el capítulo) desea que llegue la lluvia para que los trajes destiñan y vuelva el color a nuestras vidas

    • Bueno, es va con la idiosincracia de cada madre, ¿no? No tiene que gustarle a todo el mundo lo mismo. No recuerdo ese capítulo así que casi seguro que no lo he visto, pero es una serie genial aunque le haya perdido la pista hace tiempo. Lo que tú ves lo vemos todos, no es teoría conspirativa, es un visión de lo real oculto por el sistema. Besote. 😀

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