La resistencia al canon literario

Los defensores de la gran tradición hacen flaco servicio a la lectura de los autores que la forman (sea este elenco más o menos extenso, y coincida o no con nuestra particular antología, pues ya sostuve antes que un canon no es una antología personal), al imponer la justificación de las Humanidades como un estudio propedéutico encaminado a educar a los alumnos en las grandes producciones del pensamiento y en la estética que se predica universal y de cuya constitución variable y selección, muchas veces convencional, no se habla.

No es discutible sólo esa universalización en el cronotropo ideológico y muy controvertido que conocemos como Occidente, sino el principio de unidad que se supone a esa tradición situando a Homero junto a Virgilio y a Shakespeare, heredero de ambos, y a Cervantes en la misma estirpe de clásicos en una continuación sin solución o fisuras.

Es una evidencia que ni Shakespeare ni Cervantes fueron admitidos sin resistencias notables en tal canon, ni sus obras arrancaron de un lugar homogéneo para con los valores supuestos a la tradición clasicista; antes al contrario actuaron y actúan con potencialidades fuertemente subversivas para con el orden literario establecido en su época, y conservan, como los debates críticos continuos están revelando, iguales potencialidades subversivas, escenarios como son de lecturas tan dispares o contradictorias como las que realizan hoy para el caso de Shakespeare los miembros del llamado New Historicism, con Allan Greenblat a la cabeza (H.A. Veeser, 1989).

[…] Habría que combatir, pues revela idéntico gesto, a quienes niegan o minusvaloran la existencia de literaturas emergentes por su sola condición de minoritarias, social, estética o políticamente subversivas, o a quienes ponen en sospecha pemanentemente para hacer un hueco en el sistema a la literatura de Milton, de Stendhal o de Cervantes por el solo hecho de un presumible valor consagrado. A menudo la defensa de los clásicos, es cierto, se programa como un cierre de filas, paralelo al que excluyó un día ese clásico hoy venerado del clásico tradicional de su tiempo.

Imponer al clásico como si fuese «naturaleza» y suponerle depositario de los valores trascendentales de una cultura y una civilización forjada casi siempre al margen de sus obras y de lo que estas significaron como potencial de resistencia es prestar a su defensa flaco servicio. Un clásico sería precisamente aquel que dice cosas diferentes a hombres diferentes, no la misma cosa a un hombre único.

[…] Significar el valor de Dickens como escritor colonialista, o de Clarín como antifeminista, y consagrar su contravalor en un orden relativo a la visión o posición ética del crítico actual es lateralizar inútilmente un texto y una tradición, que no por estar globalmente inserta en una ideología particular pierde sus potencialidades de significación contradictoria. La lectura deconstructiva que hoy se hace con frecuencia de grandes obras de la literatura romántica o incluso de la realista está precisamente evidenciando que esos textos son los más poderosos desmitificadores de las ideologías que se ha dicho sustentan.

Teoría del canon y literatura española, Pozuelo Yvancos y Aradra Sánchez, Cátedra, 2000.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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