La competencia literaria: el lector ideal y la crítica

La noción de competencia literaria o de un sistema literario es anatema para los críticos que ven en ella un ataque a las características espontáneas, creativas y afectivas de la literatura. Además, el propio concepto de competencia literaria, que nos valdría para diferenciar a los lectores competentes de los incompetentes, es objetable precisamente por las razones que inducen a exponerlo: la postulación de una norma para una lectura «correcta».

Sin embargo, me parece que esa clase de argumentos no dan en el blanco. A nadie se le ocurriría negar que las obras literarias, como la mayoría de los objetos de la atención humana, pueden gozarse por razones que tienen poco que ver con la comprensión y el dominio: que se puede entender de forma garrafalmente equivocada los textos y, aún así, apreciarlos por diversas razones personales. Pero rechazar la noción de comprensión errónea como una imposición legislativa es dejar sin explicar la experiencia común de que se nos muestre en qué estábamos equivocados, de comprender un error y ver por qué era un error. Si la distinción entre el entendimiento acertado y el equivocado no fuera pertinente, tendría poco sentido comentar las obras literarias, discutirlas y mucho menos escribir sobre ellas.

Además, no se puede descartar a la ligera los derechos de las escuelas y universidades a impartir una formación literaria. Ceer que toda la institución de la educación literaria no es sino un fraude gigantesco sería excesivo incluso para una persona muy crédula, pues, desgraciadamente, está más que claro que el conocimiento de una lengua y cierta experiencia del mundo no bastan para convertir a alguien en un lector perspicaz y competente. Para llegar a serlo, hay que estar familiarizado con algún dominio de la literatura y en muchos casos disponer de alguna forma de dirección.

«Cualquiera que haya estudiado seriamente la literatura», sostiene Northrop Frye, «sabe que el proceso mental que entraña es tan coherente y progresivo como el estudio de la ciencia. Se produce una formación de la mente semejante exactamente, y se desarrolla una sensación semejante de unidad de objeto». Si eso parece exagerado, se debe indudablemente a que lo que es explícito en la enseñanza de una ciencia suele quedar implícito en la enseñanza de la literatura. Pero está claro que el estudio de un poema o novela facilita el estudio del siguiente: adquirimos no sólo puntos de comparación, sino también una apreciación de cómo hay que leer.

Para dar el menor sentido al proceso de educación literaria y a la propia crítica debemos dar por sentado, como sostiene Frye, la posibilidad de «una teoría de la literatura coherente y comprensiva, lógica y científicamente organizada, parte de la cual aprende inconscientemente el estudiante a medida que avanza, pero cuyos principios fundamentales todavía no conocemos». Lo que sí requiere una explicación es el sorprendente hecho de que una obra pueda tener diversos significados y no precisamente cualquier significado, o el de que algunas obras den una sensación de rareza, incoherencia, incomprensibilidad: que La tierra baldía y Ulises parecieran extraños en un tiempo y ahora parezcan inteligibles.

Naturalmente, el lector ideal es una construcción teórica, y quizá la mejor forma de concebirlo sea como una representación de la noción fundamental de aceptabilidad.  Aunque no existe un procedimiento automático para determinar qué es aceptable, eso no importa, pues nuestras propuestas quedarán suficientemente verificadas por la aceptación o rechazo de nuestros lectores. Podríamos decir que el significado de un poema dentro de la institución de la literatura no es la reacción inmediata y espontánea de los lectores individuales, sino los significados que estén dispuestos a aceptar a un tiempo como plausibles y justificables, cuando se expliquen.

El crítico debe tomar decisiones invariablemente sobre lo que de hecho puede darse por sentado, lo que debe defenderse explícitamente y lo que constituye una defensa aceptable. Debe mostrar a sus lectores que los efectos que observa entran dentro del ámbito de una lógica implícita que se suponen aceptan; de modo que su propia práctica aborda los problemas que una poética esperaría volver explícitos.

La poesía tiene efectos complejos que son extraordinariamente difíciles de explicar, y el analista descubre que su mejor estrategia es dar por sentado que los efectos que se propone explicar se han transmitido al lector y después postular ciertas operaciones genéricas que podrían explicar dichos efectos y efectos análogos en otros poemas. A quienes protestan contra semejante hipótesis podríamos responder, como Empson, que el criterio es el de ver si conseguimos explicar efectos que el lector acepta, cuando se le indican. La hipótesis no es peligrosa en absoluto, pues el analista «ha de convencer al lector de que conoce aquello de lo que está hablando» -hacerle ver la oportunidad de los efectos en cuestión- y «ha de inducir al lector a ver que la causa que nombra produce, de hecho, el efecto experimentado; de lo contrario, no parecerá que tengan nada en común el uno con el otro».

Si se consigue que el lector acepte tantos los efectos en cuestión como la explicación, habrá ayudado a validar lo que, en esencia, es una teoría de la lectura.

La competencia literaria, Jonathan Culler.

Imagen: salon.com.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

10 Comentarios

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  • Acabo de descubrir tu blog y lo he añadido directamente a mi reader ya que he leído dos posts que me han hablado mucho, dos muy buenas sorpresas. Éste y el de hace tres días sobre «Las obras literarias no han sido escritas para críticos», que a decir verdad se oponen.
    He de decir que abogo por la opinión, si es opinión y no verdad, de Jonathan Culler. Me parece que el texto de Dámaso Alonso es pura retórica. Ante todo, habría que decirle que existen varios niveles de lectura, y la lectura del niño no es mejor que la del más erudito de los ancianos, y vice versa. Se puede leer la Isla del Tesoro a los 12 años o a los 80, con intenciones diferentes, expectativas e intereses diferentes.
    Además Alonso tiene una visión elitista de la literatura, «la intuición o la tienes o no la tienes»! Pues que sepa que la lectura se trabaja, como todo en la vida. ¿Como bien lo dice Culler, existirían los estudios de letras si no fuera así? Es como si dijeran que escribir es pura inspiración, creencia que mantiene el romanticismo más bajero. Sólo podrían entonces escribir personas como Shelley, y el pobre Flaubert jamás hubiera podido llegar a nada.
    La intuición inmediata que tiene el lector, la tiene gracias a los dos, diez, cien o mil poemas o novelas que ha leído anteriormente. Y lo que sí es ingenuo, es pensar que un crítico no pueda hacer una lectura ingenua de una obra.
    Me han encantado los dos últimos párrafos de Culler, en el que pone al lector como juez de la crítica. Me parece completamente cierto, y muchos críticos deberían, en la medida de lo posible, hacer que sus escritos sean más accesible. Con los años, tengo la impresión de que los mejores críticos son los propios escritores comentando obras del pasado y del presente.
    Bueno, para acabar ratifico mi entusiasmo por las líneas del tal Jonathan Culler al que no conocía.

    • ¡Hola! Pues ya fui a tu blog y ahora te respondo. Pues no me da esa sensación Dámaso Alonso, de elitista. Lo que creo que dice, lo hace de una forma muy elegante, sensible y con sentido común. De tu punto de vista, respetable, se podría inferir que todo el mundo es capaz de llegar a esa comprensión implícita de un texto. Sin ir más lejos, en la carrera de filología había compañeros que tenían mejores comentarios textuales que otros; lo que de por sí implica que hay gente que, estudiando sobre literatura, tiene más capacidad que otros, que les cuesta más, o no comprenden bien las intenciones del autor por múltiples motivos: carencias lingüísticas, de conocimientos retóricos, de profundidad psicológica, etc. etc. Y eso es lo que dice Dámaso, bajo mi punto de vista: que se tiene o no se tiene, como ser Messi o Cristiano Ronaldo es algo que ellos tienen porque son excelentes en su profesión. Messi podría ser un buen lector y un buen futbolista, pero podría ser un mal lector y un buen futbolista. De todas formas, a Culler se le achaca, entre otras cosas, que se fije tanto en el lector como centro de la actividad crítica, pero puse el ensayo como antítesis al de Alonso, en realidad. Parece que a los lectores -yo lo soy- les molesta, a algunos, me refiero, que les digan que no saben leer. Sabrán leer si se han escolarizado, pero no cualquier persona de la calle coge un poema de Paul Valéry y lo entiende. Esto es así. Un ejemplo claro es Lolita, de Nabokov. Aparte de la impresión popular, un lector de Lolita seguro que comprende la historia. Pero a lo mejor no «ve» la segunda historia: que Lolita es una metáfora del amor por la literatura. La simbología detrás de la obra es para gente, que puede ser mucha, pero no TODA, que sabe leer y tiene esa intuición. Otro ejemplo: cuando el Dr. Jeckyll se transforma en Mr. Hyde, la mayoría de la gente piensa, leyendo la novela, que el otro lo posee y desaparece su personalidad. Pero el lector avispado sabe que mientras Mr. Hyde comete sus fechorías, Jeckyll está ahí, las ve, y nada hace por evitarlas. Es copartícipe de los actos de Hyde, aunque de forma solapada, como un narrador omnisciente, que detalla las diabluras de Hyde. Esto no lo ve cualquier lector. Un abrazo. Me encantan los debates literarios, y pensé que estos textos eran muy «técnicos», pero ya tengo preparado otro. Son de crítica literaria, un tema que siempre me gustó y como últimamente leo bastante del tema, me parecen interesantes. Me alegra que te gusten y genere debate, ¿no? Un abrazo. 😀

  • Julio, ud perdone (ironía), pero las interpretaciones a las que aludes tanto respecto a Lolita como en Dr. Jeckill & Hide no son expontáneas como la costumbre te hace creer. No se infieren expontáneamente por un lector superdotado por la genética ni hiper ciclado cerebralmente por la lectura pertinaz; seguramente tampoco por la combinación de ambas cosas. Todos sabemos muchas cosas (yo el primero) que creemos inferidas por nuestros cojones literarios que, sin embargo y sin que lo sospechemos, nos han dado más o menos mascadas el acervo que nos entra lateralmente.

    En cuanto al tema del debate diré que considero que el talento -por grande que sea- sin desarrollo se queda en nada. También diría que sin una base natural no es posible destacar, aunque sí mejore cada uno individualmente.

    Finalmente decir que yo sí creo que Dámaso era un pelín elitista (nazi) en cuanto que tenía ese tipo de pensamiento que posicionaba en una escala las cosas y las personas (clasismo intelectual).

    • Ya sabes que en este blog hay libertad hasta para estar en desacuerdo. 😀

      Hay partes de tu comentario que no me quedan del todo claras. A ver: yo puse tanto a Dámaso como a Jonathan Culler porque plantean dos puntos de vista similares pero también diferentes. Uno pide que no se perturbe al lector cuando lee una obra, y que no todo el mundo sabe reconocer esa extrañeza o peculiaridad de la poesía (o la narrativa). Culler habla de la labor del crítico y de que solo tiene validez cuando el lector asiente y reconoce que lo que dice el crítico es lo que ha visto él (grosso modo); es decir, prestigia la postura del lector frente a la del crítico literario.

      Las apreciaciones sobre R.L. Stevenson o Nabokov no son las de un lector común, sino las de un lector ideal -que no existe-. Por eso digo que como un lector común es probable que no reconozca estos datos, ni que se haya dado cuenta de la masculinidad de Madame Bovary en la novela de Flaubert, o que el inicio de Don Quijote, «En un lugar de la Mancha…», es una ironía para los lectores de novelas de caballería de la época (teniendo en cuenta esa línea de que, entre otras cosas, Don Quijote era una novela contra las novelas de caballería, tratando de hacer una novela de caballería que se burle de todas las anteriores, sobre todo por la abundancia de este tipo de libros: el Tirant lo Blanc pero también el Palmerín de Oliva, Belianís de Grecia, etc. etc.).

      Y estas son novelas «fáciles», es decir, asequibles para cualquiera; otra cosa es «Ulises», el de Joyce. Un lector no necesita saber todo esto para disfrutar de las novelas, así que por ahí todo correcto. Pero hay lectores que, por su competencia literaria, pueden leer «más allá de». Estos lectores tendrán, también por la práctica, mejores juicios sobre la siguiente novela o poema que quiera leer. Si un lector corriente lee a Benedetti, una poesía con un verso sencillo de leer -no tanto de componer, aunque Benedetti no me parece un genio de la poesía-, no significa que lea «Correspondencias» de Baudelaire y entienda de qué demonios está hablando en realidad, aunque pueda decidir si le gusta o no: porque le falta más lectura de este tipo de poesía, más formación, más variedad de lecturas, más conocimiento de los movimientos literarios, etc.

      Entonces, si cogiéramos una selección estética de lectores con más dificultades para establecer las buenas obras y el por qué, y otro tipo de lectores con menos, las dos listas, en teoría, distarían bastante. Es como ver la lista de las obras más vendidas en un centro comercial (suele agrupar un tipo de lector, y luego hay buenos lectores que leen best-sellers, pero no son la mayoría de ese conjunto de lectores), y la lista de obras contemporáneas, o las mejores novelas o poemarios, publicados ese mismo año según la crítica especializada, y no de un medio u organismo, sino de varios. Hay una parte de la teoría de Culler que no comparto, y es ceder ese rasgo de «juez» al lector, tal y como interpreto su texto, cuyo original es más largo, demasiado para ponerlo aquí. Lo que sí me gusta es la parte «didáctica» del crítico, cosa que se ve muy poco, y que se agradece cuando se encuentra.

      Si coges el primer párrafo de Dámaso Alonso y lo lees, y lo pones en un muro de una calle, el 99% de cualquiera que pase por ahí y lo lea estaría de acuerdo. Lo que sangra es esa idea de que no todos tienen esa capacidad para entender todo lo que se lee, da igual el nivel de profundidad que tenga a priori. También por eso puse el ejemplo de estudiantes de una carrera donde se estudia la literatura, donde en teoría todos parten de una fascinación por la misma, y donde se ven niveles de comprensión: comentarios textuales mediocres, buenos, y excelentes. Y esto teniendo todos los mismos manuales y teorías para apoyarnos en esa labor.

      Yo mismo no leo las obras literarias igual de bien que Paul de Man o Harold Bloom y lo acepto, no me siento menos que ellos como persona por eso, ni lo veo como un ataque a mi idea; mi idea la mantengo, lo diga Bloom, de Man o Derrida, y puedo encontrar confluencias entre esta y la de ellos, y aspectos en los que no estoy nada de acuerdo, pero reconozco que intelectualmente son capaces de mostrarme cosas de las que no me he percatado, y lo agradezco, porque al ampliar mi marco de comprensión soy capaz de asimilar aspectos que luego pongo, de forma inconsciente, cuando leo otras obras, y las disfruto porque así puedo intentar adivinar lo que quería decir el autor, qué propósito oculto tenía la obra -si lo tenía-, lo que buscaba transmitir y si lo supo hacer porque hizo mella en mí, y al ampliar mi campo de conocimiento disfruto más, me enriquezco, etc.

      No comparto lo de clasista, pero respeto que te lo parezca, y me gusta el buen debate, da igual quién tenga razón o no, esto es una cuestión de competencias: el que defiende el lector como único juez y quien cree, como yo, que cada uno tiene su lugar. No me gusta la crítica pedante, y en España no conozco buenos críticos literarios. La mayoría abogan por Pérez-Reverte o Fernández Mallo: más lejos de mí no pueden estar.

  • Hola, Julio, y porque sé que hay libertad de opinión opino aquí, aunque sea con falta de tiempo, con faltas de ortográfia y ese humor incompresible que implica expresarse con pedantería supina.

    Yo te quería decir que para mí la literatura es un ámbito lúdico, que rechazo los academicismos (pero lo que yo rechace no tiene la más mínima importancia) en un mundo para mí de libertad, imaginativo y de improvisación (la improvisación suele ser muy trabajada después). Que me molesta quienes hacen carrera académica de mi vocación, rechazo que haya quienes se plantean ganar dinero, poner zancadillas y, sobre todo, empeñarse en creer que ser buen escritor implica haber estudiado mejor la lección.
    Creo que los críticos soy muy importantes, a veces divertidos, muchas más aburridos y algunos -pocos, la verdad- imaginativos. ¿Por qué? Porque muy frecuentemente deducen cosas que jamás pasaron por la mente del novelista pero que ellos, en su afán de parecer brillantes, se sacaron del magín y ‘voilá’. Caso célebre es el Quijote que tiene tantas intenciones a juicio de los académicos que a menudo se contraponen entre sí. Ya en tiempos, creo recordar, Cervantes dijo ‘pero si yo solo quería que la gente se riese…’ snif snif y casi que lo me lo meten en la carcel o directamente lo metieron.

    No niego que una gran obra literaria tiene varios planos expresivos, de intención, de contenido, resonancias, ecos, itertextualidades, connotaciones, alusiones, colisiones, … y muchos más etcéteras. El caso de Nabokov es paradigmático y ahí si tiene su función la disección de sus obras aunque personalmente para mí pierde parte de su gracia.

    No me parece una gran obra el texto complejo, con capas, pletórico de sentidos, de lenguaje abtruso. Me parece una gran obra la que te golpea en lo íntimo y te obliga a sentir, pensar y plantearte de nuevo las cosas. Lo complejo se olvida enseguida. Lo sencillo y verdadero permanece. La innovación es prima hermana de la ignorancia. Hay que olvidar todo lo sabido para poder encontrar tu voz. Si no estarás, queriendo o no, repitiendo caminos trillados. ¡Ojo! No digo que no haya que ‘aprederse la lección’, sólo digo que hay que olvidarla y darse ‘el pegote’ en otra cosa donde no seas creativo porque, si no, colócate en un departamento universitario…

    Tambien decía que Dámaso me parece clasista. Sin pararme en su caso personal, que en gran medida ignoro, me refería a las gentes que creen que es necesario tener grandes estudios para comprender o practicar ese arte. Creo, incluso, que una página formalmente intachable es con mayor probabilidad prescindible respecto a otra escrita con el corazón y revisitada con la mente falible.
    Un saludo.

  • Estoy muy comunicativo, discúlpame si te resulto pesado, pero no puedo evitar decirte que creo muy injusto el apaleamiento generalizado contra los bestseller por el hecho de serlo. Olvidamos que son obras con una gran cualidad de persuasión, capaces de llegar a grandes cantidades de personas. Es dificilísimo ser un autor de bestellers, Julio. Ni tú ni yo hemos demostrado tener capacidad para ello, ni tantísmos como se permiten ‘cagarse’ en Ruiz Zafón lo han demostrado porque no pueden, ni seguramente podrán. Recuerdo que una vez reprodujiste parte de una crítica de un periodista que me parece la negatividad en persona Nigromonte o algo así se llama, que le he visto echarse al cuello de quienes triunfan con algo así como odio. Este mangante con mucha mano en los medios, censuraba los primeros párrafos de esta novela de Zafón con tanta saña que era imposible no notar envidia en ello. Lo mismo digo de tantos otras opiniones como se pueden leer por la red. Pero ¿somos conscientes de que llegar a tantos lectores en en sí un prodigio? Che che che. Deberíamos poner solo a parir al que lo hace peor que nosotros….

    • A mí me encanta que digas lo que piensas, como si necesitas 4 comentarios; hombre, si puedes ser sintético, mejor, pero yo escribo también unos «tochos»… 😀 Trataré de ser sintético:

      a) Una cosa es escribir como Henning Mankell -bestseller- que como Dan Brown -bestseller también-. Hay buenos y malos bestsellers. Yo leo bestsellers.

      b) Según tu forma de pensar, el hecho de que un autor venda millones de ejemplares implicaría que solo los escritores mejores que él -lo que sería complejo de analizar, pues quién decide eso, teóricamente- podrían criticar su obra. Es decir, que un crítico literario, que no haya sido nunca un escritor de éxito no podría; ni un licenciado, ni una persona con una maestría en literatura o humanidades, etc. etc. Es como si dijeras: a Pérez-Reverte solo lo puede criticar Saramago -por ponernos en un nivel en el que no haya discusión-; pero entonces, ¿quién critica, por ejemplo, a Javier Marías? ¿Enrique Vila-Matas? Si están a la misma altura.

      c) Vale que me gusta escribir y me siento escritor, pero otra cosa bien distinta es que no sea lector. Lo soy. Y como tal, tengo mi criterio. No vaya a ser que tenga que ir al punto b) y llegar a ser tan bueno o mejor que el autor de best-sellers para decir si me gusta o no. Si dejo la literatura porque ahora mismo soy aficionado, ya que no vivo de eso ni me puedo dedicar por completo a la misma, y me dedicara a la crítica literaria, ¿qué pasa, que no podría hacer un buen juicio de una novela porque fui un escritor que no llegó a tener relevancia? No jodas, esa es la excusa fácil de todo escritor de mierda para justificar los panfletos que publica. Todos estamos expuestos a la crítica, y hay textos míos que no les gusta a mucha gente porque es lo que hay, y me tengo que joder. Otro ejemplo: Los pilares de la tierra. Lo siento, no puedo con esa novela. Pero es best-seller mundial y mucha gente considera que está muy bien escrita. Pues ¡ole!, es el criterio de cada uno. Pero de ahí a que no pueda decir que Ken Follet es un trozo de cuidado porque ha vendido 20 millones de Los pilares de la tierra, va un trecho largo. Sobre todo si lo argumento o al menos doy mi juicio subjetivo -y digo que es un gusto estético-. Mis lecturas a lo largo de mi vida son otras: son Camus, Borges, Jane Austen, Virginia Woolf, mucho Kafka, etc. y si tengo esto en la cabeza, leo a Ruiz Zafón y me parto de la risa. Qué le voy a hacer, pues seré un elitista de mierda, pero una carrera estudiando literatura española e hispanoamericana más mi pasión por la literatura me lleva a eso. Otra cosa es que mi juicio sea el objetivo; pues no, es el mío. Y de ahí lo lindo del debate. Ojalá pudiera dedicarme solo a la literatura y así profundizar más en muchos aspectos, pero la vida es dura y hay que trabajar y hacer otras cosas. Es lo que hay. Yo me conformo con publicar unos relatitos, tal vez una novela más adelante, y que cuando la coja no diga: joder, cómo publiqué esto -y aun con todo, me pasa-.

      d) La sombra del viento no es el tipo de literatura que me gusta. Zafón es el tipo de escritor que ¿tú crees que estára en los libros de historia de la literatura dentro de 50 años? Eso no se lo cree nadie. Es un fenómeno editorial, de masas, pero ¿qué ha dejado para la literatura española Zafón? Al que le guste, genial. Yo no pasé de la página 20 o 40, me pareció pesadísimo. Pero el que le guste, ¡ole!, yo tengo lecturas que otros no leerían como, no sé, Frederick Forsyth, o Asimov (para el que no le guste la ciencia ficción, por ejemplo). O el mencionado Mankell, cuya saga de Wallander me he leído de cabo a rabo, y ahí tengo la última novela de las saga, y una independiente de la misma de Mankell, en mi biblioteca.

      e) Tengo claro una cosa: yo no sirvo para escribir esa basura de best-seller de consumo. Porque no es la literatura que me gusta. Prefiero arriesgar ofreciendo algo con lo que me siento identificado que una trama facilona. Hay cientos de manuales sobre «Cómo escribir un best-seller», pero no tengo ganas de escribir nada de eso, así que no es que no me sienta o no capacitado, va más allá: es que no me nace. Uno no puede escribir pensando en todos los que consiguen publicar y salen en los medios de comunicación y que promocionan continuamente. El mercado editorial es lo que tenemos hoy en día. No aplaudo al vende-libros, aplaudo al tío que veo que es bueno con la literatura, como Bolaño. Luego puedes ser un best-seller, pero no jodas, Madame Bovary es best-seller porque es la caña de España, jaja, no porque sea la segunda parte de El código da Vinci. Si no llego a tener una literatura que no me dé vergüenza que otros vean, prefiero no publicarla. No sabré nunca lo que es escribir un best-seller porque yo no quiero hacer eso.

      g) No sé quién es Negroponte o quien sea. Si no me das más datos, voy perdido. 😀

      Un abrazo.

  • A todo esto, estoy con una novela corta de aventuras, para distraerme cuando escribo «la» novela en la que trabajo a ratos. Es una novela de aventuras, no un best-seller, así como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo son novelas de aventura y no best-sellers. ¿Charles Dickens es best-seller? Es probable, porque en su época arrasaba, y la gente se agolpaba, dicen, para comprar sus novelas. Tuvo éxito y fue reconocido en su tiempo. Macho, yo no aspiro a tanto. Aspiro a comunicar lo que se me pasa por la mollera. Y es más, creo que esta novela corta de aventuras es ideal para el formato e-book y libro como el que acabo de publicar. Un divertimento, pero ni su estructura ni su trama es de best-seller. ¿Son El barón rampante o Las ciudades invisibles, best-sellers? Es que creo que best-seller son esas tramas de novelas de abogados tramposos, de crímenes sin resolver, de psicópatas, etc. Hay un autor al que le tengo mucho respeto porque es muy bueno en lo suyo: Stephen King, pero no me parece que sea Cormac McCarthy ni Philip Roth; y, por otro lado, Michael Chrichton me parece que dejó un legado estupendo y sus novelas son brillantes, muy bien escritas, pero también es buen autor Bret Easton Ellis (el de American Psycho, una novela acojonante) y no tienen nada que ver en cuanto a estilo. ¿Es American Psycho best-seller? Sí. ¿Es una buena novela? Para mí, lo es. ¿Es Zadie Smith una buena novelista? Sí, estupenda. ¿Me gustó Dientes blancos? Es la leche ¿Es Ruiz Zafón un autor de best-sellers? Sí. ¿Es buen novelista? Lo poco que he leído de él me parece un plomazo. ¿Que a lo mejor debería darle una oportunidad en otro momento? No, tengo demasiado por leer. No creo que porque diga que Ruiz Zafón no lo trago yo sea un capullo integral. Es que me parece que no me atrapa la historia ni cómo está contada, ni su prosa. Qué le vamos a hacer, si un día -que no pasará- vendo 10 millones de una novela estaré expuesto a que un tío de Soria diga que mi novela es un rollazo porque a él le gusta Murakami y su postmodernismo. Pues me tendré que joder: por cierto, Murakami y Ruiz Zafón. Ya sé que no escriben lo mismo y que se mezcla, pero a nivel de calidad literaria ¿cuál dirías tú que es un autor de novelas? Es que no hay color, y lo comparo con un tío actual. Boris Izaguirre, otro que vende, finalista del Planeta -o ganador, no recuerdo-, no jodas, ¿porque venda 20 millones de novelas no puedo decir que es malo de cojones, que escribe telenovelas y que él mismo sabe qué producto ofrece? Yo creo que es un tío listo y lo sabe. ¿Y porque no pueda escribir «eso» no voy a criticar objetivamente, o bajo mi subjetividad y mi gusto personal, sus novelas? Yo creo que puedo y debo, y además me nace. De todas formas, en mi blog me dedico más a alabar autores que a criticar a diestro y siniestro. El único con el que me he metido, pero creo que si se leen los artículos, dando razones, mis razones, es Pérez-Reverte. Pero ni que fuera el único que piensa que escribe guiones de cine novelados. Y sí, me he leído novelas enteras suyas. Y Alatriste. Y la película me gustó, fíjate por dónde. Pero debo ser cazurro que no me gusta cómo escribe; ¡pero me encanta como articulista! Ya ves, ahí para mí lo borda. Un abrazo -y si tú pides disculpas, yo el doble o el triple, pero como es mi blog, nadie se disculpa y como si escribimos hasta el día del juicio final, jaja-. 😀

  • Pues mucha suerte con esa novela. Yo escribí una y ahora estoy con la segunda. Considero ‘normal’ que cueste años escribirla pero me resulta más dificil aceptar que para publicarla haga falta un milagro. En cuanto a Vila Matas, no me gusta. Lo considero un escritor mentalmente desorganizado. Me parece que escribe macedonias pero no libros articulados y coherentes. Carecen de argumento-hilo conductor y, el que tiene, raquítico, me parece muy traido por los pelos de un siurrealismo forazado. Además, eso de fusilar citando a150 autores en 150 páginas me parece una barbaridad. Si acaso salvaría que, por eso mismo, sirve de anectorario literario. De todas formas, seguramente estaré equivocado. Y no voy de coña, seguramente lo estaré.

  • Estoy bastante en la línea de Julio cuando dice que la calidad de las novelas no se puede medir por la cantidad de lectores. Mérito de los escritores de Best-Seller? No lo sé, por no decir que no lo creo. Las películas de Hollywood con guiones de manual son las que recaudan más número de espectadores… Tal vez podamos decir que los escritores de Best-sellers tienen la virtud de escribir de una manera que a la gente le entra, y poco más.

    Una buena obra, como lo habéis dejado entender más arriba, es aquella que encuentra su propio camino, en cuanto al estilo y al contenido, independientemente de si gusta o no gusta a una gran mayoría de lectores. A veces coincide que un buen escritor y una buena novela tengan una gran repercusión mediática -mil casos: desde la Iliada hasta Vargas Llosa, pasando por el Werther de Goethe, Dumas o Wells…- pero esto nunca será una relación de equivalencia.

    También me ha gustado la pregunta/respuesta: «¿Que a lo mejor debería darle una oportunidad en otro momento? No, tengo demasiado por leer.» Tengo esta misma opinión. Con las escasas horas que tengo para leer (trabajo, amigos, familia etc.) por qué debería perder tiempo en dar oportunidades a ciertos autores cuando todavía, y por desgracia, no he leído Guerra y Paz, Suave es la noche, El proceso y todas las centenares de obras que se encuentran en mi lista de «indispensables».

    Leo escritores contemporáneos cuando me los aconsejan personas que tienen, a mi parecer, juicio y criterio. Considero que yo también poseo ese juicio y criterio, pero lo que no tengo es tiempo!

    Sea dicho de paso la tarea de descubrir nueva literatura es muchas veces una tarea muy complicada. Deleuze decía que era incapaz de reconocer el valor de un nuevo pintor, y él era sin lugar a dudas un crítico de pintura de excepción. Descubrir escritores de valía es una tarea complicada, sobre todo para las personas que no nos dedicamos a la escritura.

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