El estrés de los pijos

And you may find yourself behind the wheel of a large automobile
And you may find yourself in a beautiful house, with a beautiful
wife
And you may ask yourself -Well…How did I get here?

Once in a lifetime, Talking Heads

Leí hace unos días un artículo de la revista Time titulado «High-status stress» sobre, evidentemente, el estrés que padecen  aquellas personas que llegan a tener un estatus social alto; bueno, se lee sobre tantas tonterías en estos tiempos de crisis económica que uno está ya curado de espantos.

Se comenta en el mismo que aquellas personas con un alto nivel educativo, trabajos exclusivos y niveles de renta medio-altos son los que experimentan los mayores niveles de estrés. ¿Por qué? Por ejemplo, porque a menudo tienen autoridad sobre otros y esto genera tener que gestionar crisis interpersonales que, según los psicólogos, son de esa clase de cosas que puede dejar a cualquiera despierto noche tras noche. Y, además, porque son ese tipo de personas que son adictas a su trabajo y son incapaces de desconectar -en parte, esto es precisamente lo que les ha llevado a su éxito profesional, como no es difícil imaginar-.

Y aparecen también esas obsesiones secundarias pero que elevan el nivel de estrés a cotas extremas: llevar la ropa adecuada al trabajo, cuidar tu imagen haciendo deporte, e incluso vivir en el vecindario adecuado… ¡O no vas a poder hacerte socio del club de golf!

Así que los sociólogos se adhieren al refranero popular: «Ten cuidado con lo que deseas», porque no es nada sencillo rendir y tener éxito en tu trabajo, hacer deporte para mantener tu línea y tener una casa que luzca adorable cuando lleguen tus visitas. Esto, definitivamente, puede acabar con cualquiera, ¡ni las pelotitas antiestrés funcionarían!

Por supuesto, estos sociólogos no son elitistas, y añaden: los trabajadores más pobres tienen estrés, sí,  pero otro tipo. No debe ser lo mismo, pienso mientras leo el artículo, no llegar a fin de mes y tener que buscar comida en la basura que saber que pueden tratarte como basura los altos ejecutivos con los que compartes almuerzo. Michael Douglas salió con una escopeta recortada a la calle en Un día de furia. Tiene sentido.

Los sociólogos también indican que el miedo al error y a perder su estatus es lo que hace que se obsesionen más con este -eso lo vi yo en Margin Call con el personaje de Demi Moore-. Pasarse 24 horas al día durante toda la semana no es una estrategia de vida; para ellos es supervivencia. Sin embargo, los trabajadores más jóvenes que llegan a estos puestos están menos estresados que sus compañeros de mediana edad o más mayores, indican, porque están habituados a manejar estas nuevas formas de comunicación. Atender cada correo o contestar cada llamada no les supone tanto estrés porque en su vida social diaria ya lo hacen como algo habitual, y además no recuerdan, porque no lo han vivido, cuando el trabajo se centraba exclusivamente en la oficina.

En definitiva: quién subvenciona estos estudios y gasta el dinero de los contribuyentes en estas obviedades. Si solo hace falta escuchar, por ejemplo, Once in a lifetime para entenderlo todo, o revisarse la película de Douglas. Si los inversores o filántropos escucharan más música, vieran más cine y leyeran más literatura, probablemente no subvencionarían este tipo de investigaciones y yo no perdería el tiempo leyendo un artículo que podría haber leído en la Muy Interesante, con todos mis respetos. Letting the days go by, my friend.

Imagen: http://blogs.abc.net.au.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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