Por culpa de Jennifer López

La único que puedes hacer es escribir lo mejor que puedas; no sirve da nada obligar a alguien a leer lo que escribes. Del libro que hice hace unas semanas, La ciudad de un billón de sueños, he vendido unos 30 -y 10 eBooks-, lo que no está nada mal, teniendo en cuenta que muchos que habían prometido comprarlo no lo hicieron -aunque no descarto que lo hagan cualquier día-.

Estoy escribiendo esto en una cafetería que tiene Wi-Fi gratuita para los clientes -yo lo pido muy caliente; así me lo tomo despacio y estoy más tiempo-, y pensando en que yo montaría un negocio con librería gratuita, aparte de los cafés. Es más, remodelaría esta misma cafetería, que tiene unas dimensiones adecuadas: no es muy grande, ni demasiado pequeña, y la decoración es agradable y moderna. En todo caso, le cambiaría el nombre por algo con más gancho, como Caffé Lounge. Pondría acid-jazz, blues, rock y pop contemporáneo de ese que llaman indie tipo Wilco o P.J. Harvey (pero nada de éxitos comerciales de cadenas como Los 40 Principales) y ochentero, claro, de Nick Cave o Pink Floyd a St. Germain y Eurythmics; nada de esos hilos musicales soporíferos; en la zona de lectura sería casi imperceptible y solo instrumental, ya que si no distrae la lectura.

Lo cierto es que esta es la única cafetería que conozco de la zona de Triana que tenga Wi-Fi abierto a su clientela (no tiene terraza y no hay forma de aparcar en toda la acera, así que no hay miedo a los «gorrones»). Me imagino una ciudad como Nueva York, en la que debe haber acceso a Internet hasta debajo de las alcantarillas. Pues a lo que iba: me imagino mi libro autoeditado en la librería, y a los clientes tomando café, té o refrescos, con una zona de sándwichs dulces y salados, tartas, etc. etc. La idea, en mi ideal romántico, tiene éxito y además me permitiría cumplir una fantasía que, me temo, en esta ciudad cosmopolita pero tintada de pueblerina jamás ocurrirá: ligarme a una chica en una escena de cafetería.

La secuencia es la siguiente: sentado leyendo el periódico, veo que una chica, con una taza en la mano, se acerca a la zona de lectura de la cafetería, situada en la parte posterior y separada del resto por una entrada en forma de arco y un diseño en tonos verde mate, a buscar entre los libros -la mayoría en formato de bolsillo-: novelas, poemarios, manuales de autoayuda, viajes, etc… Presto atención a lo fundamental: ¿es demasiado alta o baja? ¿Tiene un buen culo? ¿Es mona de cara? ¿Tiene un cuerpo proporcionado? ¿Viste con elegancia? ¿Es un look casual y juvenil, o viste como si tuviera 10 años más? Mientras pasa sus dedos unos segundos por el lomo de Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, contengo la respiración mientas me digo a mí mismo «¡no, no, no me jodas que vas a coger ese!», para suspirar al fin, aliviado, mientras elige una novela. Justo cuando se da la vuelta, devuelvo la mirada a mi libro. Ella, por supuesto, se ha dado cuenta de que la miraba disimuladamente desde que entró -estaba yo solo en la zona de lectura-, así que se sienta como si tal cosa en el extremo del sofá, cruzando las piernas, a unos pocos metros de mí, dejando su taza sobre la mesilla auxiliar con su lámpara tubular de Ikea. Aguantaría mi lectura hasta que ella acabara su bebida y, cuando fuera a devolver el libro a su lugar, me levantaría con una sonrisa Lacer (no uso Profidén) y le preguntaría: «¿es bueno?». Y tras su respuesta: «me gustaría que un día leyeras este, a ver qué tal te parece, son artículos y relatos del blog de un amigo», señalando el mío. Y la historia, claro, acaba consiguiendo su número de teléfono.

Pero esto no me va a pasar en Las Palmas de Gran Canaria, lamentablemente. Solo me pasan situaciones interesantes en los asaderos, como el de este sábado. Habían dejado en el porche, junto a la gran mesa del convite, mientras ayudábamos a recoger la mesa para quitarla y preparar la zona de baile -teníamos hasta un DJ contratado-, un ejemplar de la revista Glamour, donde salía Jennifer López. Una de las chicas de la fiesta, con la que no había intercambiado ni media palabra hasta que llegó este momento -y llevábamos unas cuantas horas ya de fiesta- estaba pasando una servilleta cerca de mí sobre la mesa, ya retirado todo, y le digo:

-¡Hola! ¿Has visto esa foto? La vi antes, cuando llegué, y me llamó la atención la foto. Me parece una «pasada», ¿no?

-Sale guapísima -me responde, sonriente, mientras continua con su tarea de limpieza.

-Sí, pero no me refiero a que sea guapa… ¿tú no le ves algo desproporcionado?

-¿Las tetas? Normalmente no va tan escotada. Yo diría que las tiene más grandes de lo normal, a lo mejor se operó, todas se operan al final.

-Bueno, si solo fuera eso. Esas tetas no son de ella, desde luego, ya le gustaría. No, me refiero a que me parece que se han pasado con el Photoshop. Una cosa es que parezca una treintañera, pero tiene la cara de cuando tenía 19. Guapísima, pero irreal.

-Jaja, sí, bueno, será para parecerse a su novio. Está con un bailarín jovencito.

-¡Hala, otra! ¿No fue Madonna la que inauguró la moda? De todas formas eso tiene poco futuro. Mira Demi Moore, a quién se le ocurre liarse con uno de 30 que, encima, el tío es un sex symbol.

-¡Si la vieras! Salió en una foto con la hija y parece la hermana.

-Siempre he pensado que se los buscan guapos porque tienen también una imagen que dar: son estrellas, famosas, guapas, y no van a buscarse un tío feo, que queda mal la foto… -argumenté sonriendo-.

-¡Jajaja! Puede ser, pero las mujeres nos fijamos también en otras cosas, no solo en eso.

-Bueno, Marc Anthony, el que estuvo con Jennifer López… Las tías dicen que está bueno, las que conozco yo al menos.

-¡Qué va, el tío es muy feo! Lo que canta bien.

-Se parece a un matao de La Isleta.

-¡Jajaja! Es verdad, podría serlo… Pues mira, te pongo un ejemplo: yo tengo un amigo que es feo, pero feo feo. Pero tiene una voz… cuando se pone a hablar, me parece un hombre muy interesante. Así que siempre que pienso en él, el hecho de que sea feo pasa a un segundo lugar, y lo recuerdo como un tío atractivo, aunque físicamente reconozco que es muy feo.

-Vaya, bien de cosas estoy aprendiendo hoy… Voy a pedirle a alguien una libreta para anotar estos consejos, a ver si cambio la racha…

-¡Jajaja! Claro, claro -concluye, mirándome a los ojos con una sonrisa irónica, y yéndose hacia la cocina-, se te nota que te va fatal…

Imagen: .whosdatedwho.com.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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