¿Eres un escritor postmoderno?

Como todo artista, en algún momento los escritores que emergen de las profundidades de su ensimismamiento creador se plantean a qué corriente literaria pertenecen. Si creen no pertenecer a ninguna, probablemente sean postmodernistas y todavía no se hayan dado cuenta. Y no solo es una pregunta lícita desde la curiosidad y honestidad creadora -aunque a algunos les sepa a tontería-, sino desde la visión externa: es la mirada ajena la que sitúa una obra, generalmente la misión del crítico.

Así que, si perteneces a una región -como me sucede a mí con las Canarias- puede que asomes un día la cabecita y te digas: ¿qué producción literaria se hace? ¿Qué escritores de mi generación publican? ¿Qué temáticas y qué formas usan para crear y recrear su mundo? Estas cuestiones me recuerdan un poco a los conceptos de generaciones literarias, con los que estoy en desacuerdo por una cuestión: aunar una serie de autores por pertenecer a unos años de nacimiento cercanos, temáticas o la suma de estas y otras particularidades solo genera un conjunto sesgado. Porque, de alguna manera, es excluyente. Tal vez la intención sea la de facilitar la acción investigadora, pero: ¿por qué no está Josefina de la Torre como un miembro de hecho de la Generación del 27 -su primera obra poética es precisamente de 1927-, sino más bien como que «pasaba por allí»? Decir que un autor como Valle-Inclán, tan diferencial y genuinio, pertenece a la Generación del 98, y mirar al resto de los que se asocian en esa generación, me deja perplejo -aún coincidiendo en esos lugares comunes que son la preocupación por España, etc. etc.- lo primero. Es decir: tanto por exclusión como por inclusión, vas a estar en un paradigma.

Volviendo al ombliguismo, echando un breve vistazo a la literatura que se hace en Canarias he observado que, en la narrativa, hay una predilección por la novela negra y la literatura fantástica. Hay autores, por supuesto, que se saltan estas tendencias y tienen una narrativa particular, según dicen las pocas reseñas críticas que he encontrado. Pues como en todas partes, verdad: cada autor escribe de lo que quiere y le apetece y eso, qué quieren que les diga, es como debe ser.

¿Y, en comparación con esa creación canaria, en qué lugar me encuentro? Separo la visibilidad de mi breve, aún, material literario, porque es un tema que tiene que ver con otros factores no solo relacionados con la calidad literaria sino también con márketing, premios, reconocimientos, etc. y lamentablemente uno no puede sino escribir lo mejor que puede, con honestidad, y no distraerse con esas tonterías reconfortantes. Sin embargo, no sabría todavía decir si me veo en esos lugares comunes que presenta la escritura de otros narradores -sobre todo porque no conozco bien sus obras; a la gran mayoría no los he leído, absorto en esas tantas lecturas que me faltan por releer y leer-. Sí, tenemos las Canteras, el Teide, y toda una literatura universal a nuestros pies. Pero no es la misma playa ni la misma montaña, y a algunos autores lo mismo carecen de Canteras y Teide. Esto, por sí mismo, no es ni bueno ni malo, sino una opción.

Como me he criado primero con la poesía canaria -Saulo, Morales, y luego un salto a un rango anterior y posterior a la generación de lo que se llamó Poesía Canaria Última: los hermanos Padorno, Pino Ojeda, Jorge Justo Padrón, Agustín Millares, Pedro Perdomo Acedo, Agustín Espinosa, Saulo Torón, Alonso Quesada, Domingo Rivero, etc. etc. (de varios de estos autores soy capaz de recitar algunos poemas de memoria; una estrofa de un poema de Saulo Torón aparece en el relato que ganó el premio de relato breve de la ULPGC), pues mi narrativa se contagia de ese conocimiento de la literatura canaria a través de la lectura poética -cosa extraña, incluso para mí mismo, aunque una vez me comentó Eugenio Padorno que la poesía siempre vuelve- y, sin querer, es lo que he «mamado». Desconozco si, de alguna forma, se plasman en mis narraciones. Si me preguntaran, diría que en absoluto y, al mismo tiempo, que por supuesto. Y me quedo tan ancho.

Al contrario de lo que una vez escuché a un famoso narrador canario en una conferencia en la que daba consejos a jóvenes autores -la disertación giraba sobre el error mayúsculo que era hablar de Nueva York o Múnich en vez de ceñirse al marco que dominan-, no creo que escribir sobre una pareja paseando por Londres o un asesinato en el Tíbet sea un error mayúsculo. Lo que es un error mayúsculo es escribir mal. Sobre qué y el cómo es una cuestión del artista sobre la que nadie debería establecer preceptivas -aunque sean consejos para jóvenes escritores, y menos aún en esos casos, a mi juicio-: nada hay más aburrido que escribir sobre lo que ya conocemos porque, cuando narramos y recreamos un nuevo mundo, el que ya conocemos -salvo amputación con nocturnidad y alevosía- suele asomar por alguna parte.

Imagen: http://mal46.wordpress.com/2011/04/01/who-i-am/.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

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  • Me gustan mucho los artículos del blog, en especial este, más que nada porque me resulta inspirador para la mayoría de nosostros que solo quiere escribir un párrafo sin darle mayor importancia.

    • Hombre, pues gracias, yo sigo aprendiendo todos los días. No lo tomes como la biblia, solo son opiniones, a vuelapluma, ya sabes que el blog tiene mucho de escritura automática. Un abrazo. 😀

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