El perfil público

Una de las consecuencias de este asunto de la publicación es que afecta a la privacidad. No debería sorprenderme tanto. Cuando visito el CAAM, o asisto a una actividad cultural, siento curiosidad por saber quién y cómo es al autor. Al menos, echar un vistazo a una foto reciente, como si su rostro o la ropa que llevara fueraN a explicarme las intuiciones de su obra y al verla dijera: «¡Ah, claro, ahora entiendo el collage y el azul degradado!». Este interés por conocer a «quién es el que hizo algo» me temo que es consustancial a nuestra esencia y a nuestra época, que a veces parece que es lo mismo, pero no.

Uno de mis autores favoritos, Thomas Pynchon (1937) –El arco iris de gravedad es una genialidad-, mantiene un absoluto secreto sobre su identidad. No hay imágenes suyas, al menos desde las últimas décadas; no asiste a actos públicos, ni tan siquiera a los que ha sido premiado, y todo lo que se ha conseguido de él -hasta donde he podido averiguar- son imágenes de joven, como la de su anuario o vestido con el traje de la marina de los EE.UU. Esta ausencia voluntaria del foco público suele despertar más interés y ha dado pie a todo tipo de teorías, no sólo sobre su imagen actual sino, como sucede con Shakespeare, ¡sobre quién puede ser! Esta legítima postura la comparte Pynchon, en gran medida, con otro autor también celoso de su intimidad, aunque no hasta esos extremos: J.D. Salinger –El guardián entre el centeno-, con el que mantuvo correspondencia. Como imaginan, no pocos han querido ver a Pynchon como un álter ego de Salinger.

¿Puede un autor, en este mundo de sobreinformación, hacerse a un lado y seguir publicando? Desde luego, desoyendo a todos los especialistas de márketing, que le recomendarían cuidar su imagen pública. No le hace falta; es un genio de la literatura y su legión de fans -es lo que suele llamarse un escritor de culto, aunque no sé si su fama, a estas alturas, lo sitúa en un rango tan amplio como el de cualquier autor de best-sellers– adora esta fe inquebrantable en no ceder un ápice de su privacidad.

Cuando me enteré de esta circunstancia ya me había interesado por su obra –La subasta del lote 49– y me parece un factor anecdótico. Su narrativa es compleja y no tiene nada que ver con la de otros genios como Cormac McCarthy, Paul Auster o Philip Roth. Para empezar, sus historias no son lineales -el clásico de desarrollo, nudo y desenlace-, y de ahí que me parezca, al acabar sus obras –El arco iris de gravedad es enorme, al menos mil páginas y no se crean que en letra grande-, que hay que ser muy bueno para darle sentido a todo eso, presentar una novela sólida, y esto sin contar la calidad de muchos de sus pasajes -tiene una capacidad asombrosa para crear imágenes que se te quedan grabadas en la memoria-. Y es que esta es la cuestión: que escribe como los ángeles. La verdad es que es un autor estupendo, difícil -se necesita mucha concentración pero, una vez  te acostumbras a su mezcla de imágenes, puntos de vista, saltos en el tiempo, mezcla de historias, personajes, etc. va todo sobre ruedas… hasta que te enreda de nuevo-, pero que te da la certeza de haber leído a un grandísimo narrador con un estilo muy personal.

Volviendo a un servidor de ustedes, ¿se puede seguir manteniendo un blog y publicar un libro sin imagen pública? Hasta ahora he optado, para buscar una mayor libertad en mis opiniones y mis desvaríos, mantener mi imagen fuera de las redes sociales. Porque, ¿en qué otro sitio iba a mostrar una foto: en el diario de la región? En fin: que acabo de darme cuenta de que, una vez que salga una foto mía en la solapa de un libro, no tiene ningún sentido no mostrarla en el blog. Sobre todo, por eso de que verifiquen: «ah, mira, sí, es este tío, pero con barba de cinco días».

Me pregunto si a los escritores, y a los artistas en general, les gusta ver sus fotos en la prensa, si recortan los artículos y los guardan en un álbum a prueba de ácaros y moho, si graban sus apariciones en radio y televisión y las ordenan cronológicamente, y si todo este mundo que rodea a esa palabra tan de nuestro tiempo que se pronuncia fama es posible apartarlo de un guantazo o hay que convivir con él. Porque la fama por sí misma no es mala, ya que eso solo significa que te conocen y conocen lo que escribes: es lo que trae en la alforja.

De momento no me inquieta porque:

a) Yo no voy a ser famoso porque no voy a escribir ninguna novela fantástica de dragones ni niños con varitas mágicas

b) Una gitana me dijo que me haría famoso con mi cuarto libro y me he prometido no pasar jamás del tercero. 😀

Imagen: librarything.com.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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  • Hoy en día la imagen personal forma parte de la marca. Es algo impúdico, pero es la tendencia habitual. Al menos del que quiere se supone que «es o quiere ser» algo.

    Me llama la atención que la gran mayoría de los blogs comienzan siendo totalmente anónimos, ni nombre, ni imagen, ni datos para poder soltar todo lo que a uno le apetece sin el corsé de los conocidos que vigilan tus palabras. Es una especie de grito de libertad.

    Pero conforme pasa el tiempo, aparece el nombre, datos personales, la cara y luego un dominio propio.

    Parece una evolución natural, tras el paso de crisálida anónima emerge una mariposa con colores y que es fácilmente identificable.

    Lo malo es que las mariposas o son admiradas por sus bellos colores, o pisoteadas sin querer por los que no entienden de entomología 🙂

    Creo que hoy en día hay que ser una pizca desvergonzado, y dar la cara.

    Salu2

    • Qué bueno lo de los blogs. Es verdad, al principio todos anónimos y luego dominio y foto, jaja, es la evolución natural. Bueno, yo empecé con el dominio casi desde el principio. Hay que dar la cara, no queda otra. Un abrazo. 😀

  • Qué entrada más chula. Yo creo que deberías publicar una foto en el libro y si quieres también en el blog, pero buscala bien, que te fotografíe alguien que sepa fotografiar y que te conozca, con el que te sientas tú mismo y cómodo. A mí me sacó mi jefe una foto para incluir en la ficha que me pidieron para incluir en galegos.org y salí con una cara de apapostiada de la leche, no me representa, fue curioso, escribiré sobre esa foto. El caso es que una foto dice mucho… Yo te puedo hablar de algunos pintores de por aquí a los que les he ordenado el archivo y sí, recogen todo lo que se publica o al menos todo lo que ellos saben que se publica sobre ellos. En mi trabajo tenemos el archivo de un pintor, madrilño pero que vivió aquí toda la vida y aquí lo consideramos como gallego y el tipo incluso tenía un libraco de 50 x 40 (más o menos)´encuadernado en piel y grabado con letras doradas «Libro de la Vanidad»…así que con eso te digo todo. Besos

    • El libro está en imprenta así que la foto elegida es la que es, jajajaja. Escribe sobre esa foto y ponla en el artículo para ilustrar. Lo de Libro de vanidad me ha encantado, eso es tener sentido del humor. Un besote grande guapa. 😀

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