Déjà vu en Carnavales: el túnel del terror

carnavallaspalmasDéjà vu número uno

Estás en la parada de taxis, vestido con el disfraz de cura, con una peluca de un traje de adolescente traviesa y maquillado. La idea era buscar eso que tanto nos gusta a muchos hombres en Carnavales y es la de provocar cambiando nuestro comportamiento. La noche era estupendo, por más que hacía unos días que había bajado la temperatura, y entonces te dice un tío, de unos 30 años, que estaba con un grupo, muy amablemente:

-Para Carnavales la parada la han pasado allí. Si quieres cogerlo, tienes que ir al otro lado -dijo, indicándome unos pocos metros más atrás.

A mí me sonaba su cara y no sabía de qué. Lo que detecté casi al instante es que él y sus amigos eran homosexuales y que iban a la misma zona a la que había quedado yo. Me dijo algo más; yo me sonrío, les doy las gracias y voy a la parada. En ese momento pasa un taxi y me dice:

-Vamos para allá, ¿quieres venirte con nosotros?

-Vale, además yo pongo mi parte.

Es que soy un valiente.

Pues ya en el taxi, como era de esperar, él y los amigos:

a) Padre, usted le da a todo verdad, porque es Carnaval… ¿No? Qué mala está la Iglesia hoy en día…
b) Uy, no le digas eso al padre que lo asustas… Bueno, bueno, seguro que este padre sabe latín….
Pero fue muy divertido. Llegamos a la zona de las terrazas. Me dirijo a la cola y entonces mi cerebro ubica al chico que se había dirigido a mí. Ese chico me había hablado el año pasado cerca de unos chiringuitos que se han pasado a llamar Chiringays, ya adivinan ustedes por qué motivo. Me había parado, con el mismo traje de cura -reconozco que todos los años me lo pongo, me parece muy divertido- a preguntarme tonterías, muy amablemente, tengo que decir. Los déjà vu carnavaleros tienen esto, que son un lugar de encuentro y desencuentro, pensaba yo, mientras me dirigía a la larga cola que serpenteaba a la entrada de las terrazas.

Déjà vu número dos

Había llegado a la cola y entablé conversación con una pareja muy divertida que iba con esos trajes versallescos, con sus enormes pelucas, las chaquetas, el corsé ceñido, las medias, los zapatos de Dick Turpin, etc. Pues cuál fue mi sorpresa cuando, tras más de media hora en la cola -una hora estuve para poder entrar- me giro y justo detrás, y cuando digo justo detrás es justo, estaba una chica con la que estuve saliendo un tiempo y que conocí en la fiesta de carnavales de un club, hace también un año. La maldición del año pasado se cernía sobre mí. Ella, por supuesto, aguantó estoicamente hablando con la amiga, pero como los carnavales son de esas fechas en las que el destino se vuelve burlesque, la amiga acabó hablando conmigo y mis nuevos amigos mientras ella disimulaba a un lado. Llegada la hora de la cola, a poco de entrar, ya se había situado detrás mío y hablaba en voz alta, no sé si con la esperanza de que le dijera algo. Pero ninguno salió de la trinchera. Reconozco que debí haberla llamado -se interesó por mí cuando tuve el accidente de tráfico y nunca más supo, hasta que pasó un mes y medio y entonces, claro, me contó un chiste muy divertido-. Es por eso que no dejo que se puedan dejar mensajes en mi muro, para evitar tentaciones desde cualquier punto. También reconozco que no éramos compatibles e igual yo lo intuí antes. Ya se sabe, te das un golpe en un accidente, te vas a rehabilitación y todo ese trajón te reequilibra los chakras y ves las cosas diferente. Tampoco es que fuéramos novios; y aunque tiene todo lo que, punteando el estereotipo, me puede gustar (rubia, alta, ojos verdes, una figura sinuosa), lo cierto es que el encanto se fue diluyendo según los ecos del carnaval se iban apagando. La soltería se cierne sobre mí pero resistiremos ahora y siempre al invasor, hasta que la oxidación celular lo permita.

¿Y el resto de la noche? Bien, gracias; con dos déjà vu ya tuve suficiente.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

3 Comentarios

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  • [Ay ay, la Watling… que malo es idealizar y qué buena está.]

    Cierto es que debes ponerte el disfraz de cura todos los años, me pareció leerlo en alguna parte, o me he vuelto adivino, ¡pues me como un chumi…!

    Es como el colega del barrio con el que uno sale media vida; mientras leía me parecía estar disfrutando de aquel ambiente carnavaleño. Todo un gusto.

    • La Watling es un mito erótico. Vente un año a los carñavales, siguen sentadas esperando al siguiente febrero. Qué guapas las canarias. Un abrazo, don.

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