Raperos, cultura y Wall Street

Cartel del movimiento Ocupa Wall Street

Cartel del movimiento Ocupa Wall Street

El director artístico de la Royal Shakespeare Company, Michael Boyd, dijo: “Lo más cercano a Shakespeare en la época contemporánea son los raperos». Y después de decirlo no tuvo que salir a pedir perdón. A fin de cuentas, solo está haciendo una analogía tras echar un vistazo en el paradigma de la música actual. Claro que, por ejemplo, algún crítico literario o experto en Shakespeare tendría algo que decir. Y alguno otro en literatura y teatro contemporáneos.

A nosotros, pobres mortales, nada nos asusta leer en esta contemporaneidad y, siguiendo la línea del señor Boyd, hemos leído a algunos de los raperos y cantantes más famosos del país del señor «Yes we can». Se sienten el epicentro del arte. Son el arte. Una vanguardia eterna, que jamás será absorbida por la tradición. Dice el rapero Jay-Z:

There is no difference. Shakespeare was a man who wrote poetry. I’m a man who writes poetry. Why not compare yourself to the best? I’m supposed to be here to be second best? I’m not doing this for that.

Fuente: http://ohnotheydidnt.livejournal.com/79934945.html

Porque el gran icono de la literatura es Shakespeare, pero imaginemos que hubiera sido Qristoff Zausliky -no lo busques, me lo acabo de inventar- y hubiera dicho exactamente lo mismo; en sus palabras denota que no lo ha leído. Olvidémonos de la magnificencia de Hamlet, Othelo, El mercader de Venecia o de los sonetos del bardo inglés: él, por supuesto, también escribe poesía. Y, por si quedaban dudas, otro cantante estadounidense, Kayne West, afirma de su cuenta corriente y su autopercepción:

Seré el líder de una empresa que terminará valiendo billones de dólares, porque yo tengo respuestas. Yo entiendo la cultura. Yo soy el núcleo”, sentenció en una entrevista en el diario The New York Times

Fuente: El Pais.com.

¿Los estadounidenses, y el resto de la humanidad -supongo que en menor escala- compran la cultura y los valores que venden estos «similares a Shakespeare»? Todo arte posee su distinción -la música lo es-, pero habrá que establecer algunos límites. Esa afirmación de West:»Yo soy el núcleo», no sé si se refiere a que él es el bosón de Higgs o se debe a que se dio un golpe en la cabeza -espero que ya esté recuperado-.

¿Y esta gente de qué barrio son? Cada vez que un adolescente escucha a alguno las declaraciones de estos adalides del ego me dan ganas de darles unaclase sobre contaminación cultural: beneficios y perjuicios. ¿Son los nuevos líderes sociales, los cantantes, como lo fueron muchos en los setenta? Diría que hace tiempo que lo son. Pero estos parecen marionetas dirigidas por agencias de publicidad. En un mundo donde suceden cosas tan serias -y soy un melómano ecléctico, ojo- señores como Boyd, con cargos tan representativos, deberían matizar muy bien sus palabras. Porque el señor Boyd tiene una responsabilidad, aparte del derecho a expresar su opinión.

El problema de algunos cantantes estadounidenses es que creen que todos vivimos en el mundo que recrean sus melodías. O quieren hacer del barrio su mundo. Estamos tan acostumbrados al bombardeo cultural a través de los iconos de la cultura estadounidense, así como sus marcas, su cine, su visión del mundo y de lo justo y lo injusto -«los aliados»-, que esa imposición la aceptamos por resignación y por repetitiva.

Cada vez que alguien compra un disco de estos señores pasan dos cosas: una, que disfrutan de lo que les gusta, perfecto, y dos, que siguen apoyando un modelo cultural que, a mi juicio, nada tiene que aportar para mejorar el mundo -aunque esto sea irremediable si te gusta su música-. Solo hay que leerlos bien: están tan interesados en ganar dinero que ni siquiera lo disimulan en sus declaraciones -el culto al ego lleva a estos desmanes, que probablemente apoyan milimétricas campañas de publicidad de sus asesores-, en su creación personal del mundo. En resumen: lo que antes se llamaba «una persona de bien» -en el sentido de la rancia derecha católica y apostólica española- debe aspirar a sentirse -y decir- que es el mejor, en el sentido absoluto. Ellos van a ganar billones porque escriben como Shakespeare y son el núcleo. Estos cantantes deben tener el ego del tamaño de Central Park. La frase del núcleo, como diría el personaje de McHale en el episodio de la serie The Newsroom, no va a pasar a la historia de las metáforas.

No se engañen: este tipo de cantantes forman una corporación tan peligrosa como la Standard Fruit Company patrocinando repúblicas bananeras. Quizás más: porque imponen un modelo de vida y unos valores que no queremos para nuestros jóvenes. Prefiero una juventud con juicio crítico y madura para disfrutar del rap y el hip hop, por ejemplo, y que sepan exactamente lo que están consumiendo. Y que no les quepa duda que todos esos caminos llevan a donde siempre. A Wall Street.

Imagen: http://www.openculture.com/2011/11/posters_from_occupy_wall_street.html

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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