Consentimiento sin consentimiento: adoctrinamiento

En los comienzos de la doctrina neoliberal en el siglo XIX, con David Ricardo, Malthus y otros, se construyeron una serie de ideas que compararon con la exactitud de las leyes de  Newton.

Según estos planteamientos, sólo perjudicaríamos a los pobres si pretendiéramos ayudarlos. El mejor regalo que podríamos hacer a las masas es librarlas de la ilusión de que tienen derecho a vivir.

En la década de 1830 estas doctrinas habían triunfado en Inglaterra. Con la victoria del pensamiento derechista al servicio de los intereses manufactureros y financieros británicos, los ingleses se vieron forzados «a entrar en la senda del experimento utópico» –La gran transformación, Karl Polanyi– y «sesgó innumerables vidas».

Pero las estúpidas masas empezaron a sacar la conclusión de que si no tenían ningún derecho a vivir, ellos no lo tenían a mandar. El ejército británico hizo frente a desórdenes, y pronto fue una amenaza mayor cuando los trabajadores comenzaron a organizarse, exigiendo normativas laborales y legislación social que los protegiesen del experimento neoliberal.

Más entrado el siglo XIX, muchos concluyeron que el orden había vuelto a instaurarse. En Estados Unidos, en los años veinte se asumía que la clase trabajadora había sido aplastada y que se había logrado la utopía de los señores. Pocos años después, también en EE.UU., el mejor ejemplo de sociedad dirigida por las finanzas, fueron obligados por la lucha popular a conceder derechos que se habían ganado mucho antes en sociedades más autocráticas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el capital lanzó una ofensiva propagandística para recuperar el terreno perdido. A finales de los cincuenta se daba por hecho que habían conseguido sus objetivos: era el «fin de las ideologías» en el mundo industrial, escribió el sociólogo Daniel Bell. Años antes, en la prestigiosa revista Fortune, se había informado de las «desconcertantes» campañas de la patronal destinadas a eliminar las actitudes socialdemócratas tras la posguerra.

Otra celebración prematura. En los setenta, La Comisión Trilateral, fundada por Rockefeller en 1973, dedicó su primer gran estudio a la «crisis de la democracia».  La Comisión representa los sectores internacionalistas más progresistas del poder y la vida intelectual en EE.UU., Europa y Japón. Sobre ella, además, se han creado famosas teorías conspirativas sobre el nuevo orden mundial.

De hecho, la Comisión entendió que había un «exceso de democracia» y ansiaba recuperar el modelo del presidente estadounidense Truman: gobernar con un pequeño número de banqueros y abogados de Wall Street. La Comisión propuso medidas para restaurar la disciplina y restablecer en la pasividad y obediencia en la gran masa de la población, y acusó de negligencia a la religión, las escuelas y las universidades.

Tras los setenta, los cambios en la economía internacional daban nuevas armas que permitía a los señores desmenuzar el odiado contrato social que se había ganado en la lucha popular. Décadas después, tras la llegada de Bill Clinton al poder, la prensa neoliberal se congratulaba de que las decisiones de Clinton estuvieran muy a menudo del lado del empresariado norteamericano.

En Argentina, según el politólogo y sociólogo argentino Atilio Boron, los procedimientos democráticos se instauraron al tiempo que las reformas neoliberales, lo que ha sido un desastre para la mayoría de la población. La introducción de programas similares en el país más rico del mundo ha tenido efectos similares.

La prensa económica deja constancia del «claro subyugamiento de la mano de obra por el capital durante los últimos años», lo que ha reportado a éste numerosas victorias. Pero la lucha de los trabajadores, con «agresivas campañas», puede que no permita ese ansiado «final de la historia», la «perfección», la «irrevocabilidad» de los señores.

Las luchas populares pueden partir de un plano superior a la de , por ejemplo, los «Locos años veinte» estadounidenses; y la solidaridad internacional podrá adoptar formas nuevas y más constructivas conforme la gran mayoría de los habitantes del mundo llegue a comprender que sus intereses son aproximadamente los mismos y que son defendibles si se actúa conjuntamente.

No estamos sometidos por leyes sociales misteriosas y desconocidas: son las simples decisiones que se adoptan en instituciones sometidas a la voluntad humana; instituciones humanas que tienen que hacer frente a la prueba de legitimidad y que, si no la satisfacen, son sustituibles por otras que sean más libres y justas, como ha ocurrido tantas veces en el pasado.

Everybody wants to rule the world

Bienvenido a tu vida

No hay vuelta atrás

Incluso cuando dormimos

Te encontraremos actuando de la mejor manera

Le darás la espalda a la Madre Naturaleza

Todos quieren dominar el mundo

 

*Extraído, parafraseado y reestructurado de El beneficio es lo que cuenta, Neoliberalismo y orden global, Noam Chomsky, editorial Crítica, Barcelona, 2001. Recomiendo encarecidamente leer el original  en español.

Imagen: Flickr.com.

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

17 Comentarios

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  • Me quedo con tu reflexión en cuanto a las ovejitas. Y seguimos, es el devenir de la cosas. La teoría de Nietzsche me sigue gustando. Y repito, buen artículo. 😀

  • Brillante de nuevo, amigo Julio, nuevamente me haces pensar en estos días de verano en los que una solamente quiere una disfrutar del clima y de la felicidad 😉
    La verdad es que estoy completamente de acuerdo con todo. Los amigos de Peter es una película genial, una comedia -y drama- que, como caracteriza a este tipo de cine británico, esconde pequeños mensajitos que, sutilmente, nos permiten ver una crítica, un modo de ver del autor, un «poco a poco, sin mucho ruido». El hecho de que haya escritores, artistas, pensadores me ayuda a tener algo de fe en eso que llamamos el ser humano, quiero creer que tipos como Saramago, Sábato, Chomsky… son los que van a ayudar a que esto cambie, quizá no ahora, ni a medio plazo, pero necesito pensar que mi hijo y sus hijos escaparán a esta barbarie gracias a nuestros sabios, a los sabios con los que nos ha tocado vivir…No sé qué soluciones hemos de tomar a modo personal, yo intento no verme arrastrada por determinados ticks sociales que imperan pero, evidentemente, como ya te he confesado otras veces, mi chip burgués salta en más de una ocasión. 🙁

    • @Moonlight: Uy, eso del chip burgués me suena, lo que es interesante es cómo han vaciado el espacio hasta que uno piense que la solución es a nivel individual y desfallezca pensando que no tiene vínculos con los que nos rodean. Interesante cuestión. Brannagh tiene alguna película interesante y alguna cosa fallida, como Hamlet, pero se le medio perdona porque es una obra compleja. 😀

      • Sí, es verdad, esa nada espacial provocada me invade a mí ahora(¿Debería leer de nuevo La Historia Interminable?)…supongo que tengo vínculos con los que me rodean pero…no sé, quizá creo que sí se pueden hacer cosas de manera colectiva pero ¿no te ha pasado nunca estar formando parte de algo que comienza a ser importante y de repente ver cómo se fastidia todo, como la diversidad de opiniones hace que los objetivos se dispersen y que la unidad se divida en partes cada vez más alejadas las unas de las otras? No sé Julio, no lo sé…hoy tengo un día algo pesimista. :S

  • Chomsky tan directo y acertado como siempre. Me ha encantado esta reflexión Julián, y sobre ella haré la mía (espero no aburrir demasiado a nadie). Allá voy.

    A menudo se nos olvida que la teoría económica clásica y el liberalismo están fundados en una serie de prejuicios y creaciones históricas tan evidentes a nuestros ojos que, a menudo, son como los árboles que no dejan ver el bosque.
    Primera premisa errónea: el desarrollo de la economía desempeña un papel fundamental en el bienestar de una sociedad. Ya sé que a muchos esta idea les puede parecer tan obvia que apenas pueda llegar a intuir que puede ser falsa, y les parezca imposible concebir que el bienestar de una sociedad no dependa fundamentalmente de la economía. Pero así es, y me atrevo a decir, sin lugar a dudas, puesto que se trata de una creación histórica, cultural, y por tanto relativa, puesto que no siempre ni en todo lugar esto ha sido así.
    Segunda premisa errónea: la institución básica de la economía es el mercado, basado en una propensión natural o tendencia del ser humano a intercambiar, negociar, etc. con la intención del mayor beneficio o ganancia posible. En este punto podemos encontrar mil ejemplos que desmonten el argumento, empezando por uno mismo.

    Pero estos dos rasgos específicos de la economía de mercado, (el papel determinante de la economía de mercado cuyo impulso es la búsqueda del mayor beneficio, y la reducción de la sociedad a la economía, considerando al individuo como mero sujeto económico), aunque falsos, han pasado a considerarse universales y connaturales al ser humano. Ambos prejuicios, no sólo no se cuestionan sino que, se encuentran en la base teórica del liberalismo. Recordemos por ejemplo, que para Adam Smith, contrariamente a lo que demuestran los estudios antropológicos al respecto, es en la naturaleza humana donde cabe encontrar el fundamento último de la economía, defendiendo la existencia de una línea de continuidad entre las formas más primitivas y las formas más complejas de la sociedad. Otro prejuicio más, ya que esta idea evolucionista de la historia social y económica del ser humano no puede estar más alejada de la realidad. Los diferentes sistemas económicos que se han dado a lo largo del tiempo no son, como se pretende, escalones, grados dentro de una única escala de progreso que tiene en lo más alto al capitalismo. Y de ello se extrae, por supuesto de manera errónea, que la economía de mercado es la más “evolucionada” de todas las que han existido. Ahí es ná!

    Afortunadamente hubieron entes superiores como Polany que desmontaron uno a uno estos falsos presupuestos, con estudios y datos sobre otras economías y otras épocas, donde es imposible encontrar estos rasgos que justifican la economía de mercado que se intentan vender como universales. Basta advertir, por ejemplo, algo tan obvio como que el incremento de la producción no va siempre unido a una mejora de las condiciones de vida de la sociedad. ¿Alguien todavía cree que el crecimiento económico es correlativo al incremento del bienestar social?
    Existieron y existen (en oposición a nuestra economía de mercado) sociedades construidas en función de lo social, en las que lo político se encuentra separado de lo económico. De entre ellas, pasadas y presentes, Polany retrata tres. Aquellos sistemas basados en el principio de reciprocidad (característico de las sociedades organizadas conforme al principio de la simetría), aquellos basados en el principio de redistribución (propio de sociedades muy jerarquizadas), y por último los sistemas basados en el principio de administración doméstica, de autoabastecimiento (sobre todo en sociedades muy reducidas, próximas a la autarquía). Así es como se desmorona el dogma evolucionista del liberalismo que considera a la economía de mercado como el sistema económico más desarrollado. Existen otros bienes sociales que no son los económicos, más prioritarios que aquellos, que permanecen marginados, veremos por cuánto tiempo y hasta dónde, por esa separación que padecemos actualmente de lo económico respecto de lo político y lo social, y que convierte a la economía de mercado en un sistema cerrado sobre sí mismo con los riesgos que ello conlleva y que hemos podido experimentar recientemente a escala mundial. Y así es como acaba por instrumentalizarse la acción política, hecho que podemos observar en cualquier noticiero de turno, y así es también como el papel de los parlamentos y del ciudadano en la toma de decisiones políticas (no hablemos de las económicas) se va reduciendo día a día.

    Y si lo expuesto hasta aquí no parece suficiente, siempre nos quedará la baza idealista. Aún en el caso de que aceptemos que los acontecimientos se hayan sucedido hasta hoy como predica el liberalismo económico, ello no implica que deba de continuarse por ese camino. Encontrándonos así frente a la famosa falacia naturalista que identifica “ser” con “deber ser”, pues existe un abismo, una distancia lógicamente insalvable entre los hechos y los valores. De que algo sea nunca puede inferirse que deba serlo en sentido moral. Es por ello que quiero terminar con tu último párrafo, como faro que ilumine el camino: “No estamos sometidos por leyes sociales misteriosas y desconocidas: son las simples decisiones que se adoptan en instituciones sometidas a la voluntad humana; instituciones humanas que tienen que hacer frente a la prueba de legitimidad y que, si no la satisfacen, son sustituibles por otras que sean más libres y justas, como ha ocurrido tantas veces en el pasado.”

    • @Xiqueta: ¡Hola! Menudo comentario, lo he leído con paciencia y tengo la impresión de que eres socióloga o te encanta leer sobre este tipo de lecturas, porque veo una opinión muy formada y que no es nada superficial. La verdad que, para no extenderme, te diré que comparto gran parte de tu exposición, pero si me permites, aunque al final rematas con el último párrafo de Chomsky, ¿no sientes que tanto mi artículo como tu comentario tienen un espíritu negativo? La solución no es nada sencilla porque estamos en el lado débil, digamos. De hecho, sobre eso que comentas de Polany del crecimiento, tengo un artículo por alguna parte de la bitácora en el que hablo que precisamente la solución es el decrecimiento económico, y ya me fastidia no acordarme de quién es el autor de la idea porque creo, y hablo de memoria, que fue el creador o investigador sobre el asunto, y lo defiende con muy buenos argumentos. Para él, la sostenibilidad tiene que ver con el decrecimiento: hay un punto a partir del cual el crecimiento económico, como bien comentas, va en nuestro perjuicio. Creo que el asunto, o uno de sus pilares, es los Lords, es decir, los que tenían poder, dinero o influencias, han buscado protegerse frente a la democracia, que la han visto como una amenaza, y han buscado establecer pautas, reglas, leyes, etc. a todos los niveles, desde el jurídico hasta el ético o moral -para eso, la religión les viene de perlas- y que perpetua, enmascarado, el sistema de clases de toda la vida, desde antes de la Revolución Industrial. ¡Un beso! 😀

      • Gracias Julio, pero el título de socióloga me queda bastante grande. Bueno, a decir verdad, ese y cualquier otro, me considero más bien una aprendiz de todo y maestra de nada.
        Y sí, tanto tu artículo como mi comentario acaban apelando a la esperanza, que al final es lo último que se pierde. Eso ya dice mucho del tono de ambos.
        A mi en concreto me pasa que a menudo me siento David, pero sin honda, aunque no por ello voy a renunciar a seguir cuestionando todo aquello que me parezca ilegítimo o injusto.
        Saludos.

  • Adorado, leí el post anterior y aquí te dejo mi comentario a ambos.

    Obviamente todos nos identificamos con la minoría aborregada que es manipulada y dominada por el Estado, sin embargo no arremeteré contra las debilidades que nuestra imperfecta democracia padece. La democracia modena es elitista desde sus origenes, ya que desde el momento en que empezó a ser representativa dejó de escuchar los intereses de todos y eso, hasta cierto punto es entendible.

    Desde mi posición como estudiosa de la sociedad politica veo que nos encontramos con que el Estado tiene el reto de conciliar la pluralidad de intereses de los diferentes grupos que conforman una comunidad política que no está unificada por la nacionalidad o las fronteras estatales. La tradición liberal que privilegia el bien colectivo sobre el bien particular no ofrece la neutralidad necesaria para garantizar la igualdad de individuos étnica, cultural o sexualmente diferentes.

    Por ello, los teóricos, a través de propuestas y análisis, y los individuos en el marco de organizaciones sociales buscan que la ciudadanía desde su concepción universal sea efectiva o que, de lo contrario sean introducidos derechos que igualen a las minorías o sean planteadas políticas diferenciadas. Es justo este último punto el que representa un reto y lo que como sociedad civil debemos intentar alcanzar, empezar a actuar como un todo más racional y menos aborregado.

    Un beso, adorado, disculpa el debraye.

    • @Tania: Lúcido análisis. No sé yo si hasta cierto punto es entendible; en todo caso, leí una vez: que éste, la democracia, sea el mejor sistema que conocemos no significa que sea el mejor posible. Eso que cuentas de a los teóricos es cierto: pero queda reducido a sus libros y a los estudiosos de las ciencias humanas, porque la realidad es que, como decía Chomsky, el mundo está gobernado por las finanzas, o al menos comparto su idea. ¿Se introducen derechos para las minorías? Si es que se cercenan para las mayorías… Me encantan los debrayes. Mis artículos son debrayes -¿un debraye es como «una ida de coco», «un rollo» o algo así no? ¡Beso! 😀

      • Lo que pasa es que (aunque parezca mentira) los gobernantes y la forma de proceder está basada en ideas que han sido acuñadas a los largo del tiempo, discursos y formas de gobernar que se van consolidando. Con esto quiero decir que las cosas pueden cambiar, pero eso no será ahora, de inmediato (a menos que se diera una revolución). Sino en un proceso largo en el que otras ideas (esperemos que más justas e incluyentes) se coloquen en la cima. Por eso no es baladí el trabajo de los filósofos y científicos en general.

        Y sí, eso merito es un debraye, mi Hermoso.

        Un beso, Julio adorado

  • ¿Sólo puede ser Chomsky o capitalismo, no podemos tener algo intermedio, lo mejor de ambos mundos? Cuanto más lo leo menos lo entiendo, menos me gusta y más lo rechazo. Galeano, Paz, entre otros, mucho darle a la almendra y nada al pepino. Permítaseme.

    Me gusta la teoría de las ventanas rotas. Me gusta aquella frase que leí en cierto blog: «lo mejor del capitalismo es que puedes elegir lo que no quieres comprar». No me gustan las ideologías, ya no, acaban siendo insípidas y con fecha de caducidad. Me dice más aquella letra de Dylan sobre la libertad y los pájaros.

    Compleja y evolucionada sociedad, no creo que sea tan sencillo como romper y empezar con una nueva biblia bajo el brazo.

    ¿Por qué no simplemente dejarse llevar por lo que funciona?

    ‘Los bosquimanos también quieren una vida moderna como la nuestra’
    http://www.elmundo.es/ciencia/2014/03/12/531f6b6122601d6a4c8b458a.html

    • Es un asco la ideología. Te lo compro. Un documental de Slavoj Zizek que voy a poner ahora aprovechando tu inspiranción sobre las ideologías. Es maravilloso. ¡Me voy a leer lo de los bosquimanos!

    • ¡Hola! Estoy reconfigurado el blog, eliminando cosas y cuando veo un artículo que escribí que me gusta, lo pongo otra vez. Soy friki. Por ejemplo, estoy eliminando todo lo que escribí de política. Voy a darle un giro al blog. Gracias por estar siempre ahí, ¡señor DANI!. =)

      • ¿La política ha pasado a ser un mal arte?, ¿puede que la perspectiva de nuestro país lo haya hecho así?, ¿hay algún país que esté orgulloso de sus políticos?, ¿cuándo lo público, lo de todos, nuestro Estado, nuestras tierras y el bienestar de sus ciudadanos han pasado a ser menos que el cine, los libros, la cultura o la ciencia en general?

        Si todo es lo mismo, esto va de tiempo o de dinero. De economía.

        Que sí, últimamente está todo muy politizado. Quizá en pequeñas dosis. Tampoco nos vamos a poner ahora otra piedra más. Bienvenida la purga de esto y cualquier otra cosa si es en lo personal. Hay que dejar paso a lo nuevo. 🙂

        Luego veo el documental.

        • Jaja, gracias. La política no tiene nada de malo, pero creo que más que hablar de mis tendencias políticas podría, en todo caso, hacer análisis de la política, que me parece más entretenido y formativo y alimenta el debate, más allá de decir que si Rajoy es un no se qué y el otro un no sé cuantos.
          Soy de los que cree que NO todo lo que escribimos hay que dejarlo. Si encuentro artículos que releo y pienso: qué mal, no aporta nada, ni siquiera me sonrío o lo escribí para provocar, que es mi línea editorial, ¿para qué dejarlo?
          FUERA.
          Y en ese proceso encuentro algo que escribí y que creo que sigue vigente y pienso: vamos a darle un empujón.
          Pero estoy en fase de reescribir cosas diferentes y el blog lo tengo:
          a) Abandonado
          b) Disperso
          Y ahora que tengo más tiempo para el blog, voy a intentar cambiarlo poco a poco.
          Abrazos digitales.

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