El mundo en una Caddy

Casi todo bípedo (incluimos los canguros) es de campo o playa, o ambas; pero ella es de Caddy California, y yo, me dice guasona, soy el maromo delgado como un tallarín que me encaja a su lado (recuerden: se duerme con los pies mirando los asientos delanteros), para practicar esa tendencia a robarme mi trocito de edredón.

Fue esa, y no otra, la razón por la que apoyé que comprara uno mayor en nuestras escapadas por la isla: que estoy en permanente riesgo de catarro. Y entonces medité: siendo de económicas, de esas que suman 2+2,2=4,2 si el dinero es para mí, y me pide un redondeo si es para ella, seguro que midió económicamente mi alto y ancho, mi peso con y sin fluidos, ponderó mi encaje por metro cuadrado, mi sueldo como docente y la prima de riesgo, si necesita no descapitalizarse en un futuro próximo, y luego vete a saber qué otros factores misteriosos sumaron su decisión, porque no se confundan: si estamos juntos es por un cálculo meticuloso. Me siento como un valor en bolsa fluctuante (es bueno el misterio) mientras engullo sus deliciosos queques de zanahoria.

No es que me minusvalore,  no lo entiendan mal, soy un partidazo, me quiero: el asunto es que no me reflejo en el índice Nikkei y me cuesta entender el objeto más complejo del universo: el cerebro femenino sumado a los haces neuronales de una economista. No me aplaudan por el análisis, es un lugar común.

Así que lanzado en un maremágnum emocional de subidas y bajadas, como mandan los cánones, tras años de desentreno, me encuentro aquí en esta encrucijada sorprendente e inesperada. Cupido tiene estas cosas. Te gusta quien te gusta. No es una elección, aunque ella me dijo, acostumbrada a ponderar: podría dejarte como a una stock option en cualquier momento. Es de las negociadoras duras. “No me vuelvas a hacer llamadas de esas”. Mi aries interior: “te llamaré cuando me salga de los para hablar de lo que me salga de los”. 

Y la locura infinita es que nos vamos a Lisboa. En 4 meses. No sé lo que voy a comer mañana, y me voy a Lisboa. Tengo la sensación de que voy a llegar con ella a Lisboa, pero no sé qué pasará después. Porque creo que en 3 meses dicen los psicólogos que es el periodo de ruptura tradicional. Pero, ¿podemos un escritor y una economista pensar en términos tradicionales? Hagamos como todas las parejas que escuchan cosas como: las relaciones a distancia no funcionan, pero con nosotros sí (para luego irse cada uno por su lado).

¿Y el sexo? Un tema complejo. Estoy en una fase de reeducación erótica, y tengo que compartir un espacio de mi vida de nuevo con otra persona y entonces te das cuenta que has cambiado. Están las expectativas sociales, las de mi otro yo, el anterior, y esta versión 3.0 evolucionada en la edad madura. Estoy en permanente diálogo con mi eros. Tengo mi lado cerdo enjaulado y rompiendo barrotes para salir afuera desesperadamente.

¿Y ella? No se me permite ahondar, por pura cortesía de escritor, en estas circunstancias eróticas ajenas, pero creo que también puede estar en ese diálogo. En mi intuición, solo puede ir a mejor. 

También es cierto que poco a poco va alumbrando la personalidad de cada uno, como escapando de ese disfraz carnavalero con que te cubre el deseo y el descubrimiento. Te haces preguntas extrañas que antes no necesitabas: me sigue gustando, le sigo gustando, hacemos esto, le gustará lo otro, qué quiero hacer yo… El tiempo lo irá atemperando todo y dándole un barniz de normalidad a esta montaña rusa pasional en la que me acelero. Y descubrí, en este work in progress, entre medias luces, algunas cosas en común: lo zen, el deporte, las risas, el sentido común…

Si ponemos todo en una balanza, por pura vaguedad, en un lado de la balanza piensas si no estarías mejor solo (por cierto: ella es muy impaciente, cosa nada buena en una economista), y en la otra pesa está la Caddy California, la compañía, los sentimientos y esas noches de insomnio de sexo oral y manual.

En la incertidumbre del día a día por el que te pasa la vida, la miro a los ojos, y la cuerda interior se me estremece y vibra, y entonces desaparece la balanza, y las dudas, y todo el mundo gira exacto y preciso con una nueva responsabilidad en mi vida. Ahí es cuando la agarro instintivamente por la cintura.

Le compré, por puro deseo incontrolable, una flor en una decoración asilvestrada, un poco como ella.

Somos una combinación filoeconómica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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