Néstor Miranda

Un mundo inhóspito

Los humanos habíamos logrado construir una avanzada ciudad subterránea, a miles de metros por debajo de la corteza terrestre. Los mismos que, en nuestro tiempo destruimos la Tierra y la convertimos en un planeta inhóspito e inhabitable.

Nos encontramos en el año 2252, han pasado más de doscientos años desde que los gobernantes de la Tierra, ante la escasez de alimentos y de recursos naturales iniciaran la más terrible de las guerras, enfrentándose por las últimas reservas de petróleo y víveres con los que subsistir. Las consecuencias de la guerra fueron devastadoras: la Tierra se convirtió en una gran masa de rocas y tierra árida en la que no podía desarrollarse ningún tipo de vida, la población se vio reducida de nueve mil millones a unos pocos millares de habitantes: la mayor parte murió víctima del virus del tifus y otras millones de personas murió cuando el aire de la atmósfera alcanzó unos niveles de toxicidad tan altos que las nubes se volvieron negras.

El lugar en el que yo vivo es frío, oscuro y lúgubre. Me gustaría haber conocido los lugares maravillosos y de los que tantas historias se cuentan por aquí abajo. Quiero poder sentir la brisa del viento en mi cara, sentir el mar mojando mi piel,  sentir el cosquilleo de la hierba bajo mis pies y poder mirar a un cielo azul e iluminado y me gustaría poder sentarme a contemplar una puesta de sol. No entiendo como un mundo tan maravilloso pudo haber acabado de una forma tan trágica. Mientras me me voy perdiendo en mis pensamientos, la vena de mi cuello se va hinchando más ymás. Odio. Eso es lo que siento hacia mis antepasados, hacia las personas que un día acabaron con el mundo en el que vivo y que tanto aprecio.

Camino lentamente hasta el cuarto de baño, miro mi reflejo en el espejo y del bolsillo de mi traje saco una pastilla amarilla. Contemplo durante un instante las profundas ojeras de mi cansada cara, me trago la pastilla y cierro los ojos… Para siempre.

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