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Grey love.

Rapunzel estaba encerrada en una torre desde hacía ya 1870 años. La torre, que antes era de un color llamativo, ahora era gris. Todo el color se había desvanecido al mismo tiempo que su juventud, su felicidad y su cordura. Todos se tornaron grises. Hasta el bosque que rodeaba la torre por todas partes. El cielo ahora siempre estaba nublado, no había rastro del sol por ninguna parte y llovía. Llovía casi sin cesar. Ya no había animales, al menos no se veían desde allá arriba. Solo se escuchaba el sonido del viento al desplazarse de un lado a otro. Un viento que cuando llegaba a ese lugar, dejaba de ser puro. Por alguna razón los átomos de oxígeno se juntaban con uno de carbono al llegar allí, convirtiéndose casi en humo. Por alguna razón todo estaba contaminado de tristeza.

Ella, es decir Rapunzel, que ya no era igual de joven ahora había perdido toda su belleza, su pelo ya no era rubio, sus ojos ya no eran azules, su piel ya no era lisa. Ansiaba por encima de todo volver a ser bella. Bueno, quizás no de todo… Si no fuera porque su amor, el hombre de su vida, estaba muerto, ella no se preocuparía por nada más que no fuera Él. Si no fuera porque Él no estaba vivo, ella no podría pensar en su belleza perdida. No podría pensar ni en comer, ni en el tiempo que transcurría. No podría pensar en nada más que en Él. Cuánto se arrepiente de haberse comido aquella magdalena que le proporcionó la inmortalidad, ahora, sinónimo de perdición y desdicha. Cuánto desearía estar muerta, estar junto a su amado en el cielo. Viviendo otra vida juntos. Ahora solo le quedaban los sueños. Sueños en los que él aparecía y en los que por un momento se olvidaba de todo lo demás. Sueños que no quería diferenciar de la realidad. Pero no eran suficiente. Ya que cada vez que se despertaba él se volvía a ir.

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