relato

Gracias a él todo cambió.

El ángel llegó a la Tierra. Su presencia paralizó el tiempo y aquel oscuro lugar cambió repentinamente. A su paso todo se volvía blanquecino, frágil y ligero. De no ser por él, resultaba imposible percatarse del mal que acechaba en aquella ciudad. Mentiras, daños, robos, peligros y más peligros. Sus palabras dejaban boquiabierto a cualquier ser pues eran pura sinceridad. La maldad desapareció fugazmente dejando solo paz y armonía. Gracias a él todo cambió: las personas, las actitudes, lo actos…  Todo cambió, pero a mejor.

El paraíso

Los rayos de sol ardían más que nunca e iban acompañados de una ligera brisa marina. Las olas, que formaban una blanquecina espuma, iban y venían con un ritmo paulatino y constante. Parecía el paraíso. Tumbada en la hamaca era como si se parara el tiempo. No tenía preocupación ninguna, solo quería disfrutar del momento y de la mejor playa de toda la isla en la que me encontraba. Pero alguien interrumpió mi momento de gloria posicionándose delante del ardiente sol y haciéndome sombra así. Giré la cabeza, abrí los ojos y le miré. Era un chico alto, musculoso y con unos rasgos muy curiosos. Llevaba el torso al descubierto y un simple mandil de rayas negras y blancas. En su mano derecha cargaba una bandeja con una gran copa de Martini.

–          Aquí tiene su bebida señorita.

+         Muchas gracias.

–          ¿Desea alguna otra cosa más?

+         No, gracias. La verdad es que esto parece el paraíso, se está perfectamente.

–          Tiene usted razón, el sol radia como nunca. Mi jornada empezó hace solo media hora y ya estoy rojo como un tomate.

+         Sí, la verdad es que le aconsejo que se ponga algo más de protección solar o se vaya a refrescar al mar para que no se queme más aún.

–          Si quiere cuando termine de trabajar, me puede acompañar y después de bañarnos, le invito a comer.

En ese momento no supe que responder pues no lo conocía de nada pero algo en aquel lugar me decía que no desaprovechase esa oportunidad.

Gracias a haber aceptado esa propuesta, hoy me encuentro vestida con un larguísimo vestido blanco como la nieve para contraer matrimonio con el apuesto camarero de mandil a rayas.

Amor adolescente

Él, mi primer amor. Me refiero a esa persona que con una mirada me enloquecía, con una sonrisa me mataba y con un simple beso conseguía detener el tiempo. No exagero. En los dieciséis años que llevo en este mundo nunca había sentido nada igual. Temía que las cosas cambiaran y que, en cualquier momento, él desapareciera de mi lado. Era la persona que me hacía sentir única y especial, como una princesa. Dejé de lado a muchas personas queridas por él. Lo cuento en pasado, pues no pensé que al apostar todo por alguien, en un futuro puedes quedarte sin nada.
Ahora he descubierto que no todo amor es duradero. ¿Podría decir que era mi vida? Tal vez, probablemente, ¿qué lo amaba? Por supuesto, es más, aún lo amo. Pero ahora, destrozada y con las manos vacías, es cuando me percato de que no todo son cuentos de hadas ni finales felices sino que el amor tiene dos caras y en una de ellas puedes sentirte la persona más desgraciada. Las personas se acaban cansando, sí, lo sé. Pero esa escusa solo me hace pensar que lo que he vivido junto a él ha sido un gran engaño. Todos los recuerdos juntos, sus dulces besos, esas caricias, los cálidos abrazos, todo mentira. No le culpo a él, sino a mí, por haber permitido que el amor me cegara tanto. Hay personas que dicen quererte pero hacen de todo para perderte, Ahora solo sé que no miraré atrás para no recordar un corazón que no me supo apreciar.

Bienvenido al juego.

Cuatro paredes. Cuatro paredes que me rodeaban sin puerta ninguna, ya que por la que entré había desaparecido. Encerrada y presa de una terrible ansiedad por salir, miraba a todos lados buscando algo, una ventana, un conducto del aire, una salida… ¡Nada! No tenía escapatoria, Mis lágrimas caían mientras el corazón latía cada vez más y más fuerte, debido al agobio que sentía por no poder salir de ese claustrofóbico sitio. Cuando me tranquilicé, observé la habitación con detenimiento y pude fijarme en que el suelo lo componía un juego de azulejos cuadrados azules, negros y amarillos. También descubrí estanterías con algunos libros cubiertos por una espesa capa de polvo, una silla de madera raída, unos cuantos mapas, etc. Pero lo que más llamo mi atención, fue un sobre blanco que había a mi derecha sobre una antigua mesita. Lo cogí en mis manos y leí: “Bienvenida al juego. Si deseas salir de aquí haz lo que se te pide en el interior de este sobre.”
Impaciente abrí el sobre y saqué una pequeña tarjeta que decía: <>
Miré hacia abajo. El suelo parecía un tablero de ajedrez gigante, donde los azulejos azules y negros eran mucho más abundantes que los amarillos. En realidad, eran tan numerosos que era imposible atravesar la sala sin pisar un cuadrado azul o negro. Volví a mirar la tarjeta y se me ocurrió una idea. Ya que no sabía hacer el pino, que hubiera sido una buena solución, apoyé las rodillas y las manos sobre el suelo y levanté los pies. Así, gateando y orgullosa de mi ingeniosa idea, crucé la habitación. Cuando llegué a la pared de enfrente, apareció una niña de pelo oscuro, ojos claros y tez pálida, la cual no conocía pero me dirigió las siguientes palabras:
– Enhorabuena, si has llegado hasta aquí es que has superado la prueba. ¿Cómo lo has logrado? ¿Te has dado cuenta de que los azulejos no eran cuadrados sino rectángulos y has pasado caminando como he hecho yo?
– En ese momento, cuando pensaba haber hecho el tonto ensuciándome el pantalón pudiendo haber caminado con normalidad, sonó la alarma de mi reloj, la cual me despertó.

¿Perfecto? Solo tú.

Perfecto, así era mi mundo cuando a tu lado estaba.

El tiempo pasa y, sin percatarnos, ciertas personas se van de su mano. Tú fuiste la persona que amé y volvería a amar. Me hacías sentir única y especial, como nadie había logrado jamás. Eras todo lo que pedía, lo que hacía falta en mi vida. Solo tenías que fijarte en el brillo de mis ojos para saber lo mucho que te amaba y te necesitaba. Te pido disculpas por si alguna vez te fallé y no te aprecié como realmente merecías. Tu amor me cegaba de tal manera que en ocasiones no sabía ni lo que hacía.

Perfecto, así eras tú de la cabeza a los pies.

Pero la felicidad no siempre es duradera. A veces nos arrebatan sin razón lo más preciado que poseemos. Es injusto: de la persona que más amaba solo conservo las cenizas empapadas por las dolorosas lágrimas que vierten mis ojos. Esos ojos ya sin brillo, sin corazón, sin vida. Te fuiste. Ya no me quedan fuerzas ni para disimular el profundo vacío que has dejado en mí. Tu ausencia me estorba, tus recuerdos me hacen daño y esos besos que tanto añoro, se esfumaron.

Perfecto, así fue el tiempo que pasé contigo.

Solo pido que no te olvides de lo que tuvimos, tenemos y tendremos, pues la química la perdimos pero jamás la historia perderemos. Todo lo bueno dura lo suficiente como para convertirse en inolvidable. Y lo nuestro es algo que, por más que el tiempo pase, nunca se aferrará a él, sino que perdurará en mi ser. En esta carta que te escribo, de no más de un minuto, no creas que digo todo lo que siento por ti, pues es imposible que tantos sentimientos quepan aquí. Te necesito tanto que dudo poder sobrevivir sin tu amor, espérame, por favor. Me cuesta demasiado entender que se acabó. Que este amor ya terminó.

¿Perfecto? Solo tú.

Un cambio radical.

23 de Febrero de 2121. Todo ha cambiado: las ciudades, los edificios e incluso las personas. La vida de antes es completamente diferente a la del presente. Se han producido tantos avances que se me hace casi imposible pensar en como podían sobrevivir anteriormente. No me esperaba que el mundo en sí iba a dar tal cambio radical. Nunca me hubiera imaginado que sin moverte podrías llegar a hacer tantas maravillas. La mente lo controla todo. La Tierra cada vez está más robotizada al igual que algunos planetas cercanos. Utilizamos maquinas, para transportarnos, para alimentarnos, para todo.
Pero, en mi punto de vista, no todo es para bien. También hay una parte negativa. Las personas cada vez realizan una menor actividad física, son más sedentarias que antes. Además, ya no hay tanto contacto físico, tanto amor. Las caricias, los besos, los abrazos, se quedaron atrás. Las personas son sociables pero vía satélite. Esto no es sano para el ser humano.

El amor de un detective improvisado

Un día iba caminando por la calle cuando algo cae a centímetros de mí. Cuando me doy cuenta, saco la cámara y tomo una foto. ¡Era un cadáver!
Pienso que debo investigar un poco y subo por el edificio por el que había caído el cuerpo, cuando de repente veo una puerta abierta con un hombre con la camisa manchada de sangre. Saco una foto como prueba y entonces el hombre manchado de sangre sale corriendo gritando:

-¡Corten! ¡Corten!

Me doy cuenta de que era una película. Pido disculpas y me obligan a borrar las fotos para que no sean difundidas antes del estreno. Salgo del edificio y me tropiezo al salir y me caigo. Tuve una rara sensación al levantarme. Me di la vuelta para ver con que me había tropezado y… ¡No estaba el edificio!
Una señora que estaba al lado mío muy preocupada me dijo que me había caído hacía 10 minutos y que me acababa de levantar.
Llegó la ambulancia y les conté lo que me había ocurrido, pero no me creyeron, simplemente me dijeron que sería un desvarío debido al golpe en la cabeza, pero no tenía dicho golpe. Desde ese momento supe que esa ciudad escondía algo.

-Pero, papá.
-¿Sí?
-¿Que tiene que ver esto con cómo conociste a mamá?
-Pues, hijo, la señora aquella hoy en día es tu madre.

 

 Scroll to top