Mi princeso rojo.

Miro mis relucientes uñas recién pintadas de rojo brillante, llevo todo el día encerrada en mi cuarto, aunque para ser más exactos llevo aquí toda mi vida. Sola. Encerrada. Bueno o quizás no tan sola… tengo una mascota, una estúpida rana. El único ser vivo que tengo a mi alrededor es está asquerosa ranita, que bien. Anochecerá dentro de poco y tendré que irme a dormir. Entonces pienso en todos esos cuentos que me leían de pequeña ¿Serían reales? Me miro en el espejo y veo un rostro conocido, ojos inyectados en sangre y mi melena pelirroja alborotada…de no saber que era yo, hubiese pensado que era una psicópata cualquiera. Lo más emocionante que me pasa en este lugar en medio de la nada, es dormir, poder pensar que soy capaz de ser quien sea y hacer lo que quiera. Ser libre, aunque no sea real.

En ese momento pasa una estrella fugaz que interrumpe por completo todos mis pensamientos. Se me vienen imágenes de esas historietas ¿Podrían ocurrir? No lo sé, pero aún así lo intento. Cierro los ojos y le pido un deseo a mi estrella.

-Deseo…deseo… ¿Cómo se dice?…Ah! ya sé… Deseo enamorarme de un princeso rojo!

Le doy un beso a mi ranita, tan viscosa como siempre y me duermo. Abro los ojos a la mañana siguiente y veo mi reflejo de éstos en otros. Tardo un poco en reaccionar. Cuando me doy cuenta, me alejó tan rápidamente como puedo. Observo la escena. Yo en mi cama. Un extraño chico enfrente de mi. Extrañamente hermoso, quiero decir. Ni un solo rastro de lo que era mi rana.  Nada de nada. Intento fijarme más en lo que está ocurriendo y veo que tiene una rosa roja en su mano. Rojo como el color de mis mejillas en ese momento. Algo en mi, una especie de susurro en mi mente parece decirme dos palabras que me cuestan creer. Deseo cumplido.

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