Palabras grises y mágicas

Una noche donde yacía una bruma húmeda y gris, sonaba la campana de las 12 de la noche en ese campanario, bajaba las escaleras tan rápido que se tropezó, dejando mitad de sus vestimenta casi añicos, tan destrozada estaba el vestido que se le veía cierta ropa íntima, ¿Ruborizarse?, su cara se volvió casi gris tirando a negro de vergüenza, así que,  rápidamente corrió hacia su carroza, dejando atrás su tacón de cristal y salió de ese pequeño pueblo lo antes que pudo.

 

A la mañana siguiente llaman a la puerta por orden del rey, Grisecienta se dispone abrir la puerta y se encuentra a un hombre que por como lo recordaba no era así por la noche, ¿la hada madrina habrá utilizado el mismo hechizo con él? Y es que aquel hombre era muy ancho tenía una grandísima arruga en la punta de la nariz y una gran cantidad de pelo donde se necesitaría un cortacésped para poder quitar esas canas de las gigantes cejas.

-Vengo a probarte este zapato de cristal, si te entra perfectamente serás mi esposa y seremos felices y comeremos perdices.

¿QUÉ? ¿Pero que dice el tipo este de las cejas canosas? Él no es el príncipe estoy segura, él no es con quien baile aquel vals en palacio, pero… ¿Quién se ha creído que es?

-Señorita ¿quiere probarse el zapato de cristal?

Pues mire usted señor, me acaba de poner todo gris en mis pensamientos, no quiero probarme por que soy yo, Grisecienta, aquella chica la que se le cayó este zapatito a las 12 de la noche.

-Claro, señor pero va a perder el tiempo, solo soy una sirvienta de esta casa llena de polvo.-dije

Y cuando me lo pruebe y me queden como un guante ¿Qué? ¿Qué hago?

Mis pensamientos se amontonaron, uno tras otro, mientras me lo probaba.

Hasta que se oye:

 

Bibidi Babidi Bú

¿Esas palabras? Me acaban de salvar, pues mi pie de repente se volvió demasiado grande para ese pequeño y diminuto zapato de cristal.

Le quité toda la ilusión al gran príncipe y justo cuando se fue aparece la hada madrina, le di las gracias por hacer este pequeño hechizo, pero…¿por qué se volvió todo gris, cuando todo era perfecto? Ella no recuerda que el príncipe fuese un hombre con una pedazo arruga ni con demasiado pelos en la frente.

A lo que ella contestó:

Esto es para que aprendas Grisecienta, no te enamores de la noche a la mañana pues por la noche puede ser todo de color de rosa pero cuando amanece te encuentras con la realidad. Así que enamórate estando ciega, no pitando tú a un hombre perfecto.

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