Un segundo.

Mi nombre es Jorge, y esta es mi historia, la historia de cómo toda mi vida cambió en un solo segundo.

Todo empezó el día que estaba caminando tranquilamente cerca del río Támesis, me choque con un chico, parecía que tenía prisa, pues salió corriendo sin pedir disculpas. Me di cuenta de que se le había caído el móvil y lo cogí.

No pude desbloquearlo porque tenia una contraseña, sé que debería de habérselo llevado a Carlos, él sabía hackear el teléfono, pero no quería meterle en problemas.

Al día siguiente de haber encontrado el móvil, iba caminando con  Carlos hacia la biblioteca cuando el móvil sonó. Él supo que no era el mío por la música, y tiene buen oído como para saber de donde salía el sonido.

-¿De quién es?

-No sé de que hablas.

-Venga ya, Jorge.  Lo he oído.

-Lo encontré ayer, se le cayó a un chico.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque sabía que querrías llevarlo a la policía, y yo tengo curiosidad. El chico iba prácticamente corriendo, por algo será.

-Ya estás de nuevo con tus historias.

-Por favor, ayúdame, tú sabes cómo quitar el bloqueo.

-¿Tú estás oyendo lo que estás diciendo?

-Confía en mí, siempre lo has echo, nos hemos criado juntos.

-Y me he metido en problemas.

-Si te metes en problemas, te juro que diré la verdad, que te presioné.

-Lo que se hace por los amigos.

Tardo menos de diez minutos en conseguir la contraseña. Los dos pensamos que nos íbamos a encontrar con una ex novia pesada o algo así, pero no, nos  encontramos con fotos de María, una chica de dieciséis años, que había desaparecido en Bradford hace un año. Las fotos parecían normales, pero al acercarlas vimos que estaba atada.

Pero no solo eran de ella, habían más chicas, todas vestidas igual.

-Hay que ir a la policía, el móvil debe de ser del secuestrador¡No podemos quedárnoslo!

-¿Y si las fotos se las mandó el secuestrador y es el móvil del hermano o el novio? Lo culparán por tu culpa cuando sólo quería resolverlo él mismo.

-No me mires así,conozco esa mirada. No, no vamos a investigar.

-No te puedo obligar, pero yo investigaré.

-Solo conseguirás meterte en problemas, no sabes nada sobre ordenadores ni móviles. Te ayudaré.

Y eso hizo, consiguió la dirección exacta del dueño del teléfono, así que decidimos ir, a la aventura, sabíamos que nos podíamos encontrar con cualquier cosa, pero siempre fuimos de los que se metían en problemas incluso sin quererlo. Cuando llegamos a la puerta, Carlos quería tocar el timbre.

-¿Pero qué haces? ¡Conseguirás que nos maten! ¿Y si es el secuestrador? Hay que entrar por la ventana, esta la luz apagada arriba y abajo no, así que se supone que debería de estar abajo.

-Si nos matan, te mataré.

-Eso es imposible. Vamos, entremos, por el árbol podemos subir hasta la ventana.

Y pudimos.Por poco nos caemos, pero conseguimos llegar. Estábamos a punto de entrar cuando oímos un coche, se bajo un chico, era el mismo con el que me había cruzado esta mañana.

-Si él esta fuera…¿Quién esta dentro?

-Ahora lo averiguaremos.

Entramos y resultó ser una habitación con cuerdas, paños y botes con un líquido que no sabía qué era.

-Jorge,¿Estás seguro de que deberíamos seguir? Es cloroformo, se usa para dormir a las personas.

-Sigamos, ya estamos aquí, pero por si acaso coge algunos botes y paños, quizás nos haga falta si queremos salir vivos de aquí.

Bajamos lentamente por las escaleras, intentando no hacer ruido, pero de nada sirvió, porque Carlos se tropezó y acabo rodando por las escaleras. Me quedé escondido, si bajaba acabaríamos mal los dos.  Pero era él quien tenía el cloroformo, tenía que volver a la habitación para coger un bote,  pero me equivoqué de habitación y acabe en una donde estaban las chicas, estaban todas vivas. No podía deshacer los nudos de la cuerda, fui a la otra habitación,cogí un paño y le eché cloroformo, baje poco a poco, sin hacer ruido.

Estaba el chico con un hombre, y Carlos. El chico estaba en el suelo con sangre en el labio, probablemente Carlos le había dado un golpe sin que se lo esperase.

Me acerqué poco a poco al hombre, aprovechando que estaba de rodillas con el chico y le hice señas a Carlos, él las entendió y se fue haciendo para atrás, fui corriendo al hombre y le tape la nariz con el paño.

 

Salimos corriendo de aquella casa, sabíamos que no podríamos salvar a las chicas, no sin ayuda.

-Hay que llamar a la policía, rápido, antes de que despierte o el otro consiga levantarse.

La policía tardó solo cinco minutos en llegar. Esperamos allí hasta que salieron con las chicas.

-Gracias- dijo un policía- llevábamos buscándoles desde hace muchos años. ¿Cómo conseguisteis pararles?

-Supongo que pensaron que unos jóvenes como nosotros saldríamos corriendo de allí nada más verles.

Miré a  Carlos para decirle que lo habíamos logrado, nada más girarme se cayó. Sé lo que estaría pensando en ese momento «Maldita sea, he fallado, no puedo rendirme. ¿Estoy muriendo? Probablemente el que sólo pueda pensar indica que sí. Soy un fracasado.» Así que decidí que supiera que yo no pensaba eso de él.

-Carlos, no fracasaste, las salvamos.

Él tan solo me sonrió, señal de que estaba pensando justo en eso.

Me acobardé y no baje cuando debía, por mi culpa Carlos está muerto. No quiero vivir años y años sin poder dejar de pensar en cómo murió, cómo yo hice que le mataran. Sé que quizás parezca una locura pero el Seppuku me parece el mejor final, un final de un héroe, total, él era mi única familia. Lo único que me queda es morir con dignidad, no quiero ser recordado como un cobarde, nunca seré una leyenda ni un héroe,  pero espero que este sacrificio me de algo de lo que nunca he sido y me ayude a ser eso que siempre quise ser, un héroe.

Ismael Touahier y Tara de la Cruz.

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