El capurizo.

Érase una vez, un pequeño capullo, nacido de una pegazo, del cual, en otoño surgió un capurizo, lleno de upas que hacían mucho daño, los animales del bosque se alejaron de él, pero, un par de zarigüeyas se animaron a hablar con él. Con el tiempo, el capurizo y las zarigüeyas se hicieron muy amigos, se querían mucho, pero nunca podían jugar a las cogidas ni nada que implicara el contacto físico.
Con los años, el capurizo fue cambiando, y de sus antiguas púas empezaron a florecer hermosas flores, y con cada palabra de amor que le decían, más hermosas las flores nacían.

Y de esa forma, el capurizo demostró a todos los animales del bosque que le habían hecho sentir mal, que las púas que más duelen, pueden desaparecer, pero sin cariño, lo más probable es que siempre te pinches.

Por: Carlotta (ÍES la isleta)

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