Un pequeño sueño

      Era sábado y sus padres habían decidido ir de excursión. ¿Tal vez era un picnic? A Kevin no le hacía gracia, a veces era aburrido salir con ellos pero a fin de cuentas eran sus padres.

      Iba caminando por el filo de la carretera, a unos pocos pasos de un mirador mientras sus padres arreglaban el coche, de alguna forma se había averiado pero no sabían con exactitud la causa. Cuando llegó, miró lo que a su parecer las vistas eran hermosas, se veía el verde de los árboles, el color de las rosas y entre pequeñas llanuras los pueblos que se juntaban por pequeñas hileras de carretera, era maravilloso. La verdad que le gustaba estar ahí, le había encantado ese pequeño lugar. Cerró los ojos y respiró hondo aquel aroma, pero se vio interrumpido por su padre. Ya estaban listos para marcharse.

      Estaba muy a gusto ahí pero era hora de volver. Una vez más cerró los ojos pero esta vez sintió un picor. Una mariposa se le había posado en la nariz, era extraño, en su vida había visto algo semejante. Esta pequeña tenía unas alas casi transparentes de color blanco con rayas rojas, se sorprendió al verla pero se quedo un segundo bastante largo quieto contemplando cada detalle. Dando un pequeño salto del susto, volvió a escuchar a su madre avisando para que volviera al coche, la mariposa alzó el vuelo y este observó como se iba poco a poco.

      Cuando al fin llegaron en donde parecía que iban a hacer el picnic, se dispusieron a comer. Kevin aun seguía pensando en aquella mariposa, y a su suerte mirando al cielo volvió a verla. Estaba pasando delante de sus ojos volando alrededor de un pequeño gato, que jugaba a cazarla, era tan lindo. Parecía un tigre con colores de ojos, heterocromios, así se llamaba, el derecho color azul y el izquierdo algo grisáceo con una franja azul en una esquina.

      No pudo evitar sonreír y acercarse un poco, cuando lo tuvo en sus manos este ronroneaba sin parar, al parecer gustaba de su compañía. Se percató de la mariposa e intentó acercarse pero esta se alejó, sin saber por qué, la siguió y la vio pasar entre dos árboles que parecían estar casi pegados el uno con el otro pero en su lugar lo que apareció fue una chica, con un vestido largo de color blanco que resaltaba sobre sus ojos grandes color avellana. ¿Y la mariposa? ¿dónde se había metido? Miró a la chica que lo estaba observando en silencio, sus ojos estaban observando al gato y sin darse cuenta se acercó a ella con el gato en mano, se lo entregó sin perder la vista de aquellos ojos que lo hipnotizaban, una caricia le rozó la mejilla y ella en un susurro le dijo «Un sueño, tú eliges«. Tras aquella palabra, paso por detrás del árbol donde se fijó que ya no había nadie pero si vio a dos mariposas posarse sobre él.

      Ya de noche, Kevin  no pudo conciliar el sueño. No era capaz de sacárselas de la cabeza, la mariposa al igual que la chica. Sin darse cuenta se quedó profundamente dormido y en mitad de la noche escuchó a un gato. Miró pero nadie había. Volvió a cerrar los ojos pero aun seguía despierto. Al momento, sintió unas caricias y cuando miró a la mariposa ¿qué hacía ahí? Parpadeo una sola vez y apareció la chica delante de sus ojos que lo miraba. Poco a poco se fue acercando a él y junto sus labios con los suyos formando un beso y le susurró «Mi príncipe de ojos oscuros, duerme» 

     Se quedó profundamente dormido, pero en sus sueños volvió a aparecer, con un precioso vestido de color blanco y su pequeño gato en el regazo sentada en un árbol, con el cielo azul y un campo lleno de flores, él la miraba y caminaba hacia ella, pero el camino no llegaba a su fin, se asustó y empezó a correr, cuando se dio por vencido la miró, contempló esos ojos que lo cautivaban tanto, se estaba acercando lo más posible y habló «Búscame, no me dejes ir«. 

      Pasado el día salió a despejarse a un parque, admirando un lago. Sintiendo la brisa del aire fresco penetrando su piel, cayó rendido sobre el pasto. Corría hacía él pero nunca llegaba, gritaba sin parar pero de su voz no salía ningún sonido y con impotencia intentó correr hacia ella pero no había forma, poco a poco se fue desvaneciendo y en su lugar apareció el pequeño gato, rasgándole la pierna muy agitado. «Despierta, ayúdala por favor» y despertó disparado hacia delante mirando a su alrededor. Una chica estaba en el lago, muy agitada intentado sacar la cabeza, parecía que se ahogaba y sin pensar él se tiró al agua, cuando la dejó en el suelo ésta estaba estornudando sin parar con la respiración acelerada, en cuanto la observó detenidamente se dio cuenta de que era aquella chica y sin pensarlo la besó, pero esta vez ese beso fue más largo, más duradero, más profundo y dulce. Cuando se separó un poco le susurro al oído «Ahora estaré aquí, no te dejare ir«.

 

Carolina Meruvia Prado, IES Alonso Quesada.

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