Aquí te amo

Ahí se acercaba ella, con su vestido que no le quedaba más largo de las rodillas, y yo aquí esperando, como una hoja mecida por el más ligero viento, temblando.
Ella era, es, el amor de mi vida, la persona que nunca podre sustituir, y en ese parque, con no muchos arbustos, con árboles con escasas hojas por la llegada del otoño, ella destacaba, con más dulzura en su pequeña figura, a pesar de sus altos pómulos y sus carnosos labios, llevaba las mejillas sonrojadas por la carrera, con sus trenzas medio despeinadas por el apuro y por el viento, pegada a su pequeña carita de castaños cabellos, que hacia contraste con sus ojos azules como el mar. Aunque tuviera los pómulos y ángulos de madurez marcados, sus pecas y su carácter la hacían más niña.
Nunca tuve la esperanza de llegarle al corazón, yo era demasiado larguirucho, y no tenía ningún aspecto especial, que me diferenciara o destacara de nadie, tenía el pelo negro y ojos marrones, labios gruesos pero pálidos y sin algún detalle en especial. Por eso me quede de piedra cuando vi su nombre en la pantalla de mi móvil.
Pero todo empezó meses atrás, cuando la vi entrar a mi casa.
-Perdón, ¿quién eres?
-Lo…lo siento. Estaba buscando a la señora de esta casa, la vi afuera, pero dijo que entrara y la esperara, que ya venía.
-Ah, claro, siéntate- Le dije mientras la conducía al salón, luego me quede contemplando tal belleza, hasta que se me ocurrió preguntar- ¿Quieres algo de beber…?
-Ana.
-Ana- saboreaba su nombre entre mis labios mientras lo pronunciaba- ¿quieres?
-No, muchas gracias…
-Dylan
-Dylan…-que bien sonaba mi nombre pronunciado por su dulce voz-
Y en eso empezó todo, empezamos una conversación, hablando de nuestra vida de adolescentes, nos hicimos amigos durante mucho tiempo. Me enteré de que ella vino de viaje, durante un largo tiempo, cuatro años. Nos llevábamos muy bien, congeniábamos en todo, pero un día se separo, y no me hablo, me evitaba y poco a poco, se fue alejando.
Y aquí me encuentro, en este parque; ella se acercaba a paso lento y cauto.
Cuando llego a mi lado no pude hacer más que recordar la conversación.
-Hola
-Hola- le dije y se produjo un largo silencio, hasta que ella suspiro y me atreví a preguntar-¿Por qué llamaste?
-¡Oh! sí, claro, tengo que decirte algo muy importante.
-Claro, dime.
-No, aquí no, en persona.
-¡Ah! Claro, ¿en dónde?
-Emm… ¿podemos quedar dentro de… media hora? ¿En el parque?
-Oh, claro. Te espero.
-Adiós
-Adiós
Esa fue nuestra pequeña conversación, tenía la voz apagada y débil… triste.
Cuando llegó se produjo un incomodo silencio, a lo que yo carraspeé, haciendo que ella empezara a hablar.
-Hola, necesito decirte algo, pero quiero que te sientes.
-Vale
En un desesperante silencio nos acercamos al banco más cercano, donde nada más sentarnos nos miramos intensamente. Sus ojos se cristalizaron, aguaron.
Las gotas que amenazaban con salir de sus ojos no llegaron a salir, no antes que me dijera esa frase. Esa que no quería que saliera de sus labios, esa que tanto me atormentaba porque era un hecho, iba a ocurrir, claro que no tan pronto.
-Me voy, vuelvo a mi país-Y empezó a llorar.
No sentía nada, no oía nada, no pensaba en nada.
Lo único que se repetía una y otra vez era esa frase, lo único que sentía era esa daga que se clavaba dentro de mí, y que se hundía, y se hundía, y retorcía.
Solo tome una decisión, debería haberlo hecho antes. Le toque el hombro mientras mi cabeza repetía <<valor, valor, valor>> Ella se dio la vuelta <<valor, valor=»»>>.
-¿Qué pasa?- <<valor, valor, valor>>- Lo siento.
Y eso fue lo último que dijo mientras me acercaba a ella, justo antes de unir sus labios con los míos, justo antes de esa palabra se repitiera en mi cabeza, <<valor>>.
No me sorprendió haberlo hecho, momentos desesperados requieren medidas desesperadas. No me sorprendió que ella pusiera una expresión interrogante mientras me acercaba a ella. Lo que si me sorprendió fue que ella siguiera con esta nueva sensación, me sorprendió que le gustara.
Este era un momento dulce, increíble, nuevo para mí. Pero todo lo bueno acaba, así que cuando nos separamos se me escapa de los labios:
-Aquí te amo.
Ella no hizo más que llorar y volver a besarme.

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