Confesión

Aquella mañana el sol brillaba más que nunca, podía sentir como el mar me llamaba, me atraía. Esa mañana, solo era otra de las quince mañanas que me esperaban sin ti. Una mañana que se convertía en un día, que para mí solo eran horas que se burlaban de mí como si fuera una niña. Me amargaba por no tenerte cerca pero ¿Qué podía hacer? Tú, mi compañero, te habías aventurado sin mí, me abandonaste, me hiciste sufrir y ahora que te espero la tristeza abarca en lo más profundo de mi corazón por cada segundo que no estoy junto a ti.

Conforme van pasando los minutos, parece que han pasado días o quizás largas semanas. Recuerdo que la última vez que te fuiste, había ido al cine. Lo pase genial, sobretodo porque no paraba de mirar el reloj esperando a que pasaran los minutos, ya que al día siguiente estaríamos juntos. Increíble que haya pasado tanto tiempo y ahora me vuelves a dejar sola.

Intentar hacer una vida sin ti es algo difícil. Aunque siempre nos veamos por “facetime” no puedo dejar ni una sola noche de llorar y pensarte. Se me parte el alma y cuando me cuentas que te diviertes, pienso que no te hago falta y me da rabia. Luego te digo cosas que hacen daño y me arrepiento de ello, tú solo intentas hacer lo mismo que yo… hacer que pasen los días intentando divertirte, pero sabes que lo haces porque no hay otra opción, lo entiendo pero la fuerza con la que te amo es superior a cualquier otra.

Ahora mismo veo tu foto, sonrío y siento que te amo más. No importa el tiempo que estemos separados siempre te esperaré, aunque mi verdadero temor es el tiempo que estemos juntos, pues ese tiempo hará que sufra más.

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