Solo es lunes pero te echo de menos.

«Las peleas aumentaban a medida que me conocía. Era difícil de creer pero ni mi suave olor de frutas rojas con una pizca de azúcar, rozándolo como el encaje francés -Sí, ese tan caro- producían el efecto esponjoso del perdón. Puede, y solo es una posibilidad, que su terquedad con su sentimiento de seguridad hacia lo cotidiano lo condujera donde los versos carecían de significado, lo que es bastante irónico, ya que.. ¿Los poemas no expresaban en su mayor totalidad las leyes infranqueables del amor?«

Esa panadería tan rústica del pueblo… Su esencia se expandía por mis fosas nasales como el agua de aquella pequeña playa cubriendo toda la arena una y otra vez, a pesar de desaparecer cinco segundos, la sensación húmeda permanecía, era obligatorio.

Un muchacho de a penas trece años descansaba recostado con las piernas sobre el mostrador. La cara repleta de pecas rojizas, piel blanca y un pelo castaño rebelde.

Miré a mi alrededor, estaba segura de que el niño no me atendería si yo no daba señales de vida, por lo que coloqué mi puño derecho sobre los labios y carraspeé delicadamente la garganta.

-¡Sí Olivia, estoy despierto!- Se sobresaltó inclinándose hacia delante con unos ojos azules muy abierto. Enseguida se tranquilizó ofreciéndome las mejores de sus sonrisas. Dientes totalmente alineados, hoyuelos marcados con una linea indestructible y un notable destello de emoción en su mirada.

-Veo que no sueles tener mucha clientela… Ahora que acabas de mencionar a Olivia ¿Se encuentra ella aquí?- Mi cabeza giraba de izquierda a derecha analizando el sitio.

-Tu no eres del pueblo ¿Cierto?

¿No escuchó mi pregunta? Además, no es necesario que responda a eso, aún así, un presentimiento de que soy su primer cliente invadió mi conciencia y decidí ser amable.

-Una vez lo fui.- Asentí con calma mientras esbozaba una ligera sonrisa forzosa.

Pisadas estruendosas sonaban al otro lado del arco incrustado en la pared que guiaba a la parte trasera de la tienda, donde se horneaba el pan.

-¡José! ¿Quién ha entrado?- El hombre de barriga inmensa, alto, unas piernas fuertes y un bigote pelirrojo miraba sus manos secándolas con un trapo blanco.

-Hola Papá- Me atreví a decir.

Diez años sin volver a aquel mundo repleto de fracasos, pero la ocasión lo requería. Ser abogada es como imitar a un espía, me exijo pistas para poder defender a mi cliente, pero la tremenda casualidad es que debo investigar en mi punto de partida, donde comencé a caminar, donde nací.

Era domingo y todo se mantenía cerrado, pero el negocio de mis padres estaba engullendo una crisis inmensa por culpa de la panadería nueva justo tres calles más abajo, la que yo tengo que examinar. ¿Por qué? Habían acusado a mi cliente de trapichear con drogas allí. El lo niega rotundamente y no me queda otra que husmear por los pequeños recovecos del solitario vecindario.

-¡Pach, ven inmediatamente!- Corrió hasta un parterre mugriento.

Ni caso, este perro le urge un poco de disciplina. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo y siga como siempre.

Para poder infiltrarme de acuerdo con mis expectativas le solicité a mi padre un trabajo, con lo cual me dispuso a pasear al pequeño Pach. En realidad esta ocupación era perfecta, así evaluaría las calles, me acomodaría a mi lugar de trabajo.

-¡Oh Pach! ¿Te parece bonito? ¡Mira lo que has hecho!- Sacudí mis pantalones de diseño y recogí el regalito que había dejado mi compañero sabueso, pero de repente mi mirada se fijó en un libro aparentemente abandonado, al lado del monumento perruno.

-Veamos que tenemos aquí.- Lo zarandeaba para arrebatar la suciedad y averiguar de que se trataba, para mi sorpresa era de la facultad de medicina.

¿Cómo había llegado a la conferencia del doctor Ledger? Después de encontrarme aquel libro y saber que era de un tal Nico ledger decidí dar un viaje hasta la universidad. Una profesora me comentó que estaba de suerte, y sin quererlo me estoy tropezando con su mirada, me transmiten un tipo de calor  indescriptible, una seguridad irracional, un escalofrió ahuyentador.

***

Enamorada de un médico cuyos ojos verdes no me dejan dormir.
Suculenta y bulliciosa París, tus callejuelas repletas de pequeños adoquines malgastados, con aquella falda tan corta, acogerá mi taconeo nocturno.

A drop in the ocean suena como un torbellino esta mañana en la radio, apetitosa y dolorosa, solo se disculpó diciendo que me quiso como a una niña pequeña.

¿Está usted loco? ¿Dormir? ¿Comer? Le susurraré un consejo: ¿Para qué comer, cuando mis dedos ansiosos pasan la página áspera? ¿Para qué dormir, cuando mis ojos leen maravillas y mi cerebro gira en torno a ellas?- Recostada en mi cama con su mirada clavada en el pequeño menú del restaurante chino, leía lo que había escrito en mi mano esta mañana.

-¿Estás enamorada?- Acariciaba mi pelo entrelazándolo con sus dedos suavemente.

Asentí con la cabeza acurrucándome en sus piernas, pero abrió el menú y empezó a leer.

-Bueno, y quizá (seguramente) escribir esto a estas alturas del año no tenga sentido, sin embargo me pareció bien que al menos te lo tomaras como una muestra de aprecio. En fin, aquí voy: Mira empiezo advirtiéndote de que yo nunca voy a escribir como tu, ojala, pero bueno algo es algo ¿Cierto o no? Hablando de eso ya que ha salido el tema, quería recalcar todas las cosas que me encantan de ti, como por ejemplo esa forma en la que escribes que me deja con la boca abierta, y me deja pues con ganas de mas cada vez que leo. Me encanta cuando inventas historias conmigo aunque yo te diga exagerada y aunque te diga que lo idealizas todo, justo cuando te digo eso es cuando mas estoy sonriendo. Juls, hay cosas en esta vida que no se aprenden hasta pasado un tiempo, tu has aprendido algunas gracias a mi y yo he aprendido a mi edad demasiadas gracias a ti. Por supuesto, todo esto no podría pasar por alto sin pedirte perdón por las veces en las que no te tuve en cuenta, por todas las que han pasado y las que, a pesar de todo, espero que no pasen. Yo se que te he fallado en múltiples ocasiones, pero el simple hecho de pensar en escuchar esos débiles gallos de tu voz al reirte, al hablar o lo que sea me hacen querer volver a hablar contigo, que me encantan tus historias, de eso no cabe duda, que eres la única chica que sabe enfadarme de una forma tan increíblemente rápida, que tu y solamente tu sabes sacarme de quicio y lograr que te llame por tu nombre cuando no aceptas mis ideas, y que a pesar de todo te guste que te diga ‘por dios Juls mujer’, que solamente tu hayas sabido ponerme tantos apodos que, en lo que a mi respecta, se me hacen muy grandes pero que para ti están hechos a mi justa medida. Bueno, esas cosas y muchas más, tu forma de innovar, tu forma de ser incluso cuando te comportas como una niña pequeña, ¿Recuerdas? Porque simplemente tus berrinches son únicos, sera el hecho de que te quiera tanto el que haya conseguido que aminorice mis enfados contigo, que al ser tan distintos me consigues avivar como calmar a la misma vez tan rápido, que cuando peleamos y estamos tiempo sin hablar en el fondo me muero por dentro, porque siento que debatir contigo y esperar tus ideas es tan emocionante que no quepo del asombro… Porque sí, estas hecha una muy buena caja de sorpresas mi pequeña, que sí, que me vuelven loco tus locuras, tus mismas locuras hacen que yo me vuelva majareta porque consigues arrastrarme a cualquier abismo pero que a pesar de todo me gustaría descubrir contigo, locuras como esa de que te gustaría haber estado en el Titanic. Bueno, ¿Sabes que es lo que me gustaría a mi de verdad? No perderte en la vida, sabes que te quiero demasiado, ¿cierto? te adoro. como ya dije, siento no haberte llenado de satisfacción tantas veces.

Posdata: gracias por llevarme de la mano otras tantas veces a descubrir cosas nuevas y a atreverme a hacer cosas que en la vida hubiera imaginado que podría hacer. Eres increíble.

Lo abracé sin importarme que tuviera novia.

***

Al saber que la panadería vecina era de la mafia y no tenía ningún tipo de vinculación con mi cliente, abandoné el pueblo, pero… ¿Era solo eso lo que me convenció de que mi futuro no estaba destinado a ser allí?

¿Una mujer debe soportar que en su propia cara le admitan que malinterpretó el amor que se le ofrecía?

Cada lunes empiezo mi rutina en la ciudad, gano los casos que se me presentan, tengo un piso acogedor y conservo el contacto con mi familia, pero anhelo tu boca en mi cuello para arrancar con fuerza los principios de semana.

 

 

 

 

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