-Cierra los ojos-le dijo con voz suave- tengo que contarte un secreto.
Asi lo hizo la chica de cabellos ondulados, expectante a lo que pasaba a su alrededor. 
   -Lucho cada día contra la envidia del mundo. La envidia porque yo soy la que puede susurrarte versos al oído y no el viento. La envidia porque contigo tengo la flor más bella que existe y no la madre naturaleza. Claro que todas las rosas tienen espinas, ¿sabes qué? me da igual, no me importan tus espinas.
Y esque prefiero tenerte a ti, tal cual eres, con tu olor a melocotón -dijo ella suspirando al notar el aroma- que a cualquier clavel perfecto que pueda encontrar por ahí.
Me confieso amante de la noche porque así puedo contemplar los pecados anónimos que se esconden en la cama. Me confieso amante de tu cama porque ahí es disfrute de dos-continuó acariciandole suavemente el brazo- Y aquí estoy.
Navegando por el destino y perdida en el mar de tus ojos, mi delirio¿Has sentido alguna vez esa chispa eléctrica? -esperó unos segundos y poniéndose más cerca de ella siguió en voz baja- esa chispa que te innunda por dentro y activa tu sangre. La que te levanta a mirar por la ventana y desear cometer locuras frente a la luna
Y esto es mi confesión de medianoche, una garantía para empezar con sinceridad un nuevo día. Comenzaré con una última aclaración, deseo ser contigo cómplice del amanecer.

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