Monthly Archives: abril 2016

¿Soy un héroe?

¿Hay dragones que vencer? Si, los hay.
¿Hay algún tesoro? Si, lo hay.
¿Hay una damisela en apuros? Si, la hay.

¿Cuál es el dragón? El cáncer.
¿Cuál es el tesoro? La vida.
¿Cuál es la damisela? La persona que más quiero.

Ahora solo me pregunto: ¿Después de años de lucha, lagrimas derramadas, noches sin dormir y largas horas con la espada de Damocles sobre su cabeza; se ha cerrado el ciclo?

¿Me he convertido en un verdadero héroe?

La voz

    Esa tarde como todas las tardes, salí a jugar con Alexandra y con Laura. Entre varios juegos, Laura decidió que sería una buena idea ir al campo de fútbol. Allí mientras jugábamos con la pelota, sin querer la lancé muy fuerte y Alexandra fue a buscarla. La pelota llegó justo a la entrada de una vieja casa abandonada rodeada por altos matorrales y montañas de ramas secas. La entrada no era muy agradable a la vista, e hizo que un escalofrío recorriera mi espina dorsal.
    Laura que era muy atrevida nos propuso entrar dentro a echar un pequeño vistazo, yo no quería. Había oído a mi madre hablar con mi padre de que esa casa era peligrosa.
    
-No seas cobarde, Carlos -murmuró Laura con una sonrisa torcida-. ¿O es que acaso te da miedo invocar a un fantasma?
    Alexandra empezó a reírse y Laura se unió a su risa.
    
-Vale, vamos, pero esto es una tontería -y dicho esto los tres nos pusimos en marcha.
    Al entrar tuve que tragar saliva por el nudo que se me había formado en la garganta, otro escalofrío volvió a recorrer mi cuerpo.
    
-Carlos… -una insignificante voz me llamó desde detrás de una columna en la entrada de la casa.
-¿Ha…habeis oído eso? -el miedo empezó a hacerse dueño de mi cuerpo.
-¿Oír el qué? -cuestionó Alexandra con insolencia.
-Nada, nada 
     Ni una palabra más fue dicha, y los tres empezamos a caminar sin rumbo alguno. Unos minutos después, Laura y Alexandra se alejaron, y yo quedé en completa oscuridad. Con torpeza, comencé a caminar por donde creía que habían pasado, tratando de encontrarlas a ellas y a la linterna.
-Carlos… Carlos… -rápidamente me giré, pero a mis espaldas no había nadie.
    Otra vez la misma voz. Esto era aterrador y quería salir de allí inmediatamente pero al intentar buscar la entrada todo parecía haber cambiado de sitio, no era capaz de averiguar por donde había llegado hasta aquí.
    
– ¡Carlos! -volví a escuchar, aunque ésta vez era una voz femenina y mucho más fuerte; Laura-. ¿Se puede saber dónde estás?
    
    Con prisas y con mis piernas temblando corrí hasta donde supuse que estaba Laura pero algo se interpuso en mi camino.
    
-¡Carlos, para! -de nuevo la misma voz.
    Los gritos surgieron de mi garganta, las lágrimas se amontonaron en mis ojos. Me tiré al piso y me tapé los oídos con intención de no oír más esa aterradora voz.
    
-Carlos, ¿por qué estás llorando? -Laura apoyó su mano en mi hombro y me ayudó a levantarme- ¿Qué te pasa?
-¡Quiero irme! ¡Quiero irme! -mis pies se movieron solos, corrieron y di con la salida. 
    El aire de fuera llenó mis pulmones. Laura venía detrás de mí, pero y ¿Alexandra?
    
-¿Dónde está Alexandra? -mi pregunta pareció sorprender a Laura.
– ¿Cómo que Alexandra? ¿De qué hablas? -murmuró mi compañera con un tono sombrío.
-Alexandra venía con nosotros, se habrá perdido dentro, ¡tenemos que ir  a buscarla! -me puse en camino a la casa de nuevo pero Laura me detuvo.
-Carlos para, por favor. No tiene gracia -pidió suplicante a la vez que severa-. Ambos sabemos que Alexandra no está ni ha estado aquí desde hace mucho tiempo.
-¿Mucho tiempo? Hace 10 minutos estaba con nosotros, aquí y en el campo jugando y ahora ¿no? 
-Los dos somos conscientes de que Alexandra falleció hace tres años.
Valentina Sepúlveda, Sofía Núñez

¿tal vez consiga llegar?

Tal vez solo sea mi imaginación, ¿debo entrar?, ¿o no?, la oscuridad es solo la otra cara de la luz, tal vez vea la luz, tal vez consiga llegar, llegaré, podré seguir, continua saliendo, los chillidos de mamá retumban en mis oídos, ¿que estoy haciendo mal?, ya lo veo, la luz puedo llegar, siento el aire, pero me cuesta respirar, me duele todo, y me cuesta, pero debo seguir, ya queda menos, mamá suspira, estoy, fuera… el médico me entrega a mamá. Y entre sus brazos sudados me susurra:
-Bienvenido a la vida cariño…

El fósil

Me llamo Erik y tengo 13 años. Soy un amante de la literatura y colecciono objetos curiosos. Cuando era pequeño, mi abuelo me regaló un libro sobre fósiles. Él sabía que me encantaba y enseguida quedé fascinado. Me lo leía cada noche hasta quedarme dormido. Desde entonces, mi sueño es encontrar un fósil.

En el periódico de las mañanas, hubo un título que captó mi atención. En él, se hablaba de un posible fósil en lo profundo de un bosque que estaba a solo un kilómetro de mi casa. No me lo pensé dos veces y preparé mi mochila de explorador. Media hora después, ya podía divisar el bosque. Se le veía tranquilo, pero para ser mediodía daba escalofríos. Suerte que yo tenía un mapa y recursos en mi mochila. Mi abuelo me enseñó mucho sobre la naturaleza. Pasaron horas y seguía sin pistas. Se me ocurrió que quizás lo encontraría en cuevas o sitios más escondidos. Después de buscar desesperadamente y de que se me acabase la comida, decidí volver a casa. Pero justo cuando iba a salir de la cueva, me caí. El hoyo no era muy profundo, pero era reciente ya que seguía húmedo. Pude notar un bulto con forma casi ovalada y bastante duro debajo de mí. Por suerte, tenía pilas en la linterna, así que alumbré enseguida. Era él, el fósil que llevaba buscando en mi sueño tanto tiempo. En su interior tenía calcada la forma de un caracol, demasiado grande para ser de esta época. Era aún más bonito que en el libro. Estaba tan cerca que podía tocarlo, y no dudé en hacerlo. Pero justo cuando pude notar el frío de la piedra, mi sueño se desvaneció ante mis ojos. Mi despertador había sonado.

Nayara, Ayla Esteban y Marina

El misterio de la biblioteca secreta.

En una sórdida noche de verano Jake decidió ir a cazar luciérnagas en un alejado valle, donde divisó un abandonado castillo gótico a lo lejos del lugar. Por curiosidad decidió acercarse a investigar que se encontraba en su interior. A través de la puerta levadiza se adentro en las tinieblas de una gran biblioteca. Al entrar encontró grandes estanterías repletas de libros en un estado antiguo y en lenguas extrañas. Al sacar uno de los libros, una nube de polvo se levantó haciendo que se abriera una misteriosa compuerta que daba paso a una lugubre mina de la cual un brillo lo atrajo. Mirando más a fondo vislumbró preciosas piedras las cuales sin ningún motivo aparente permanecían allí. Incontables pasadizos se extendían como extremidades hasta donde abarca la vista. Un pequeño ser que brillaba de una forma extraña apareció de la oscuridad, al asustarse decidió huir dirigiendose a la penumbra. Al salir a la luz de la luna sin ningún miramiento opto por sepultar aquella entrada a su posible muerte.

Adrián Padrón, Daniel Arocha y David Hdez.

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