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Posts by: Ayla

Heroína

Helena era una chica normal, que asistía a un instituto ordinario y con amigos igual de normales. Aún así, la gente la veía como un bicho raro. ¿Por qué? Ella nunca se ha enamorado, ni le ha gustado en lo más mínimo una persona. Todos los chicos que había conocido no tenían nada que le atrajera.

Pero todo acabó, cuando un día cualquiera llegó a clase y se encontró a una nueva persona. Era una chica alta, de pelo rubio ondulado y ojos verde esmeralda. Le cortó la respiración con su belleza. ¿Qué le estaba pasando? Quería hablarle pero tenía miedo, ¿y si causaba una mala impresión? Nunca había estado tan nerviosa en su vida. Con su corazón latiendo a mil por hora, se acercó a ella y, tartamudeando, dijo hola. O bueno, eso pensó Helena. Porque en realidad, solo se había desmayado antes de pronunciar palabra, y la chica misteriosa había desaparecido. Pero ya lo tenía claro, encontraría a esa chica que le demostró al fin que tenía la capacidad de enamorarse, su heroína.

Ayla Esteban

Otoño

Llega octubre y el tiempo otoñal con él. Esta estación siempre me trae buenos sentimientos y sensaciones. Quizás sea por todos los buenos recuerdos que tengo en esta época. Como mi viaje a Canadá donde, sin explicación lógica, las copas de los árboles seguían verdes. O esas semanas en las que me pongo mala y paso el día calentita en mi cama. O puede ser también porque me gusta ese tiempo que no es ni frío ni calor, los cielos grises y las hojas cayendo hacia el suelo y cambiando a muchísimos colores: amarillo, rojo, marrón… Paseos por el parque, donde ancianos se encuentran sentados en los bancos, solo observando la belleza del lugar. Todo esto siempre me ha traído mucha felicidad, al contrario que el verano, con ese calor que parece que ni la lava de un volcán podría alcanzar. Quizás solo soy rara.

Ayla Esteban

El fósil

Me llamo Erik y tengo 13 años. Soy un amante de la literatura y colecciono objetos curiosos. Cuando era pequeño, mi abuelo me regaló un libro sobre fósiles. Él sabía que me encantaba y enseguida quedé fascinado. Me lo leía cada noche hasta quedarme dormido. Desde entonces, mi sueño es encontrar un fósil.

En el periódico de las mañanas, hubo un título que captó mi atención. En él, se hablaba de un posible fósil en lo profundo de un bosque que estaba a solo un kilómetro de mi casa. No me lo pensé dos veces y preparé mi mochila de explorador. Media hora después, ya podía divisar el bosque. Se le veía tranquilo, pero para ser mediodía daba escalofríos. Suerte que yo tenía un mapa y recursos en mi mochila. Mi abuelo me enseñó mucho sobre la naturaleza. Pasaron horas y seguía sin pistas. Se me ocurrió que quizás lo encontraría en cuevas o sitios más escondidos. Después de buscar desesperadamente y de que se me acabase la comida, decidí volver a casa. Pero justo cuando iba a salir de la cueva, me caí. El hoyo no era muy profundo, pero era reciente ya que seguía húmedo. Pude notar un bulto con forma casi ovalada y bastante duro debajo de mí. Por suerte, tenía pilas en la linterna, así que alumbré enseguida. Era él, el fósil que llevaba buscando en mi sueño tanto tiempo. En su interior tenía calcada la forma de un caracol, demasiado grande para ser de esta época. Era aún más bonito que en el libro. Estaba tan cerca que podía tocarlo, y no dudé en hacerlo. Pero justo cuando pude notar el frío de la piedra, mi sueño se desvaneció ante mis ojos. Mi despertador había sonado.

Nayara, Ayla Esteban y Marina

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