{"id":1088,"date":"2008-12-04T12:15:27","date_gmt":"2008-12-04T19:15:27","guid":{"rendered":"http:\/\/poesiamas.net\/blog\/?p=1088"},"modified":"2015-03-14T00:51:22","modified_gmt":"2015-03-14T00:51:22","slug":"franz-kafka-el-proceso-en-seis-puntos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/escribocreativo.com\/blog\/2008\/12\/04\/franz-kafka-el-proceso-en-seis-puntos\/","title":{"rendered":"Franz Kafka: El proceso en seis puntos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><a href=\"https:\/\/escribocreativo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/franz_kafka.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1089\" title=\"franz_kafka\" src=\"https:\/\/escribocreativo.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/franz_kafka-216x300.jpg\" alt=\"franz_kafka\" width=\"216\" height=\"300\" \/><br \/>\n<\/a><\/strong><cite>La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empe\u00f1as en hacer otros planes.<\/cite><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>John Lennon<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"right\"><!--[if gte vml 1]><![endif]--><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong><br \/>\nUno. El proceso.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La obra consta de diez cap\u00edtulos, semejantes a diez cuadros, sucedi\u00e9ndose de un modo brusco en la mayor\u00eda de las ocasiones, que acent\u00faan los estados de \u00e1nimo de Josef K., el protagonista, en forma de presentimientos de una cat\u00e1strofe que se le viene encima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Josef K., empleado de banca, es arrestado una ma\u00f1ana sin ninguna raz\u00f3n especial.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alguien deb\u00eda de haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin que hubiera hecho nada malo, una ma\u00f1ana lo arrestaron.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autor no permite que el lector tenga una idea clara del mundo en que vive el protagonista. Cuatro van a ser los elementos centrales en los que se desenvuelve la novela, inacabada -detalle muy importante-: la casa de Josef K., el banco donde trabaja, los juzgados y la casa del abogado -aunque el contacto con el sacerdote es importante, tan s\u00f3lo acude a \u00e9l una vez-. K. jam\u00e1s descubrir\u00e1 cu\u00e1l es su culpa; poco a poco se agota mentalmente, se frustra, y no puede llegar a defenderse. S\u00f3lo conoce que es culpable de un modo terrible, y que cada paso que da le lleva irremediablemente a la culpabilidad, pues en el tribunal lo que importa es lo accesorio, y no el hecho en s\u00ed del acto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de su &#8220;arresto&#8221; persigue a la se\u00f1orita B\u00fcrstner, a la que apenas conoce, disculp\u00e1ndose por los hechos acaecidos en su habitaci\u00f3n durante su arresto, que ella desconoc\u00eda. Para K., la falta de voluntad para aceptar la culpabilidad ser\u00e1 definitiva, a la vez que carece de la misma para pedir ayuda, por su orgullo. La doncella Leni le advierte que la \u00fanica forma de escapar al tribunal es reconociendo su culpa. El pintor Titorelli, que supuestamente tiene contactos con los oficiales, le dice que el tribunal nunca llega a absolver del todo a un acusado: un caso puede aplazarse temporalmente, un acusado puede ser absuelto provisional o aparentemente, pero m\u00e1s tarde vuelven a acusarlo, e incluso el juicio puede posponerse indefinidamente. Pero K. pretende lo imposible: una absoluci\u00f3n total.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nDos. El Tribunal.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tribunal es una extensa organizaci\u00f3n compuesta por jueces, magistrados y ordenanzas de todo tipo, con funciones que se pierden en cuanto a su utilidad. La burocracia aparece as\u00ed representada como una lacra social, signo de la modernidad. Por medio de su t\u00edo se pone en contacto con el abogado Huld, especializado en tales casos. La posici\u00f3n del abogado no es oficial, puesto que el tribunal no reconoce ninguna forma de defensa. Pero despu\u00e9s de su primer interrogatorio, su curiosidad  -y ansiedad- lo atraen al tribunal. En un primer momento, se sinti\u00f3 tentado de ignorar la culpabilidad: tal vez su consciencia de culpabilidad es lo que le hace interesarse tanto por su propia defensa; y, si esto es as\u00ed, entonces el tribunal tiene raz\u00f3n y el protagonista es culpable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tribunal no llega a convencerse jam\u00e1s de la inocencia de la persona acusada. Por eso, K. se siente ante la realidad de la culpabilidad existencial, asociada al miedo que obsesionaba al propio Kafka, quien ve\u00eda una probable culpabilidad en todo pensamiento y acci\u00f3n. Es posible que su actitud sea una reacci\u00f3n arrogante ante los problemas de la existencia, pero en vez de admitir esta posibilidad acusa al tribunal de ejercer mal sus funciones o argumenta que nadie puede ser culpable, puesto que todos los hombres son iguales, lo cual deja de tener sentido en el momento en que se admite lo contrario: que todos los hombres son culpables. En la novela, el mundo parece inspirar culpabilidad. Y el tribunal posee ciertos paralelismos con la relaci\u00f3n que manten\u00eda Kafka con su padre: aunque tiene la autoridad absoluta, es imperfecto, y mantiene una relaci\u00f3n de necesidad de aceptaci\u00f3n sin la que se siente desgraciado, y le incita a acudir una y otra vez a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nTres. La imagen de K.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para ser un hombre supuestamente inocente, se preocupa en exceso de su imagen p\u00fablica. A medida que avanza el tiempo, comienza a sospechar y poco a poco se da cuenta de que m\u00e1s gente sabe que es culpable; incluso que sepa m\u00e1s del caso que \u00e9l mismo. Sus reacciones son las de un hombre consciente de su culpabilidad, temeroso de que su secreto llegue a ser de dominio p\u00fablico. La atm\u00f3sfera de la novela, en la que parece un sue\u00f1o, podr\u00eda dar a entender que todo sucede en la mente del protagonista, como si de una terrible pesadilla se tratase.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es posible que K. sea la v\u00edctima de una organizaci\u00f3n injusta, pero tambi\u00e9n cabe que tanto el tribunal como K. est\u00e9n equivocados. Todos le advierten que asuma su circunstancia: tal vez K. busque un ideal en un sistema imperfecto. Es evidente que el retrato que hace del tribunal es un elemento de cr\u00edtica social, no s\u00f3lo hacia la burocracia, como dijimos anteriormente, sino como sistema que aliena al hombre y lo mantiene en un estado de constante perplejidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que se refiere al abogado, al pintor y al sacerdote -pues en las mujeres busca una relaci\u00f3n sensual-, busca sus consejos para luego rechazar sus ayudas. Esto refleja lo desilusionado que se encuentra K. respecto a la ley. Tanto Titorelli como Huld son personajes dudosos y estrafalarios, sobre todo el pintor, que parece m\u00e1s dispuesto a ayudarlo. El sacerdote muestra su superioridad moral y espiritual en todo momento: la religi\u00f3n parece tener la respuesta a los problemas de la existencia. Cuando le dice que nadie puede ayudarlo, es cuando K. comienza a confiar en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este cap\u00edtulo es muy importante, pues es cuando le cuenta la leyenda del hombre ante el guardi\u00e1n, que comentaremos en el siguiente cap\u00edtulo, pues si <em>El Proceso<\/em> representa el mundo de un hombre dividido interiormente, inseguro de estar en la realidad, resulta l\u00f3gica la inclusi\u00f3n de un elemento religioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al final de la novela, acepta su destino. Dos hombres vienen a buscarlo, sin avisar, con un prop\u00f3sito definido: K. ni siquiera se plantea una huida. Tan s\u00f3lo una m\u00ednima resistencia. Sabe que va a morir, pero no hace nada. La ley vence: \u00e9l es un sujeto sin voluntad. Es acuchillado, y sus \u00faltimas palabras, como un perro, resuenan en toda la novela. Muere en un estallido de amargura y rabia. Pero nunca furia: muere como ha vivido su culpa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nCuatro. La Ley.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El verdadero <em>leitmotiv<\/em> que marca el rumbo de <em>El Proceso<\/em> fue la relaci\u00f3n de su autor con Felice Bauer. Los paralelismos existentes, entre la novela y el noviazgo, son muy claros, tal y como lo ha puesto de manifiesto El\u00edas Canetti. Hay hasta una cierta identidad de los nombres de los personajes con la realidad: la se\u00f1orita <strong>B<\/strong>auer ser\u00eda la se\u00f1orita <strong>B<\/strong>urstner y la amiga de \u00e9sta, la se\u00f1orita Montag, encarna, a su vez, la figura de Grete Bloch (amiga de Felice y madre del \u00fanico hijo que tuvo Kafka); por su parte, el nombre de Josef tiene tantas letras como el de Franz, y <strong>K<\/strong>. es obviamente la inicial del apellido <strong>K<\/strong>afka. Pero si \u00e9ste fue el marco, en \u00e9l Kafka desarroll\u00f3 una historia repleta de senderos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Kafka, como Kierkegaard o Unamuno, fue existencialista, pues su vida fue una constante pregunta acerca del sentido de la misma. Pero Kafka no hall\u00f3 soluciones, al menos aparentemente: se qued\u00f3 en la paradoja y el aforismo.  Precisamente de sus aforismos (incluidos en el volumen <em>Meditaciones<\/em> bajo el t\u00edtulo <em>Consideraciones sobre el pecado, el sufrimiento, la esperanza y el camino verdadero<\/em>), podemos extraer las l\u00edneas fundamentales del pensamiento de Kafka: la verdad, tal y como nos la muestra el mundo, no es susceptible de ser conocida; la salvaci\u00f3n s\u00f3lo pasa por creer en un dios personal (algo que permanezca siempre indestructible) tomando como instrumento para alcanzarlo la paciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos cr\u00edticos como Harold Bloom han querido relacionar este esquema de pensamiento con la idiosincrasia hebrea: como dijo el propio Bloom, Kafka no era un escritor religioso sino un escritor que hizo de la literatura una religi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un ejemplo vendr\u00eda a ser la par\u00e1bola <em>Ante la ley<\/em> que, en el cap\u00edtulo llamado <em>Visita a la catedral<\/em>, relata el sacerdote a Josef K. El sacerdote compara a K. con el hombre del campo que llega ante la ley. Este hombre, al llegar a las puertas de la ley, se topa con un portero que le proh\u00edbe la entrada en ese momento, pero que no excluye la posibilidad de que un d\u00eda pueda hacerlo. El error principal del hombre es creer al portero y considerar lo que dice como &#8220;verdadero&#8221;. Tras esperar toda una vida, el hombre sabe que esa puerta estaba ah\u00ed para \u00e9l y que podr\u00eda haber entrado en el momento que hubiera querido. Aunque la postura del hombre pueda ser tachada de indolente por su pasividad, en realidad no lo es: tanto el hombre de la par\u00e1bola como Kafka mismo hacen todo lo que pueden para entrar en la Ley. Una Ley que es visualizada como una fuerte luz que emana detr\u00e1s de las puertas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La leyenda relata que el hombre viene desde lejos para entrar dentro. Es la historia de una b\u00fasqueda, la b\u00fasqueda de quien ha recorrido un camino demasiado largo para llegar a una puerta, punto de encuentro entre lo de dentro (la Ley, la Luz, Dios) y lo de fuera (el mundo, la realidad tal cual es percibida por los sentidos), entre lo abierto y lo cerrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque las interpretaciones, tal y como afirma Kafka por boca del sacerdote, son m\u00faltiples, podr\u00edamos decir que estamos ante la eterna b\u00fasqueda de la felicidad (tanto del personaje como la del creador). Pero para lograrlo es necesario el conocimiento de la Verdad y para que el hombre pueda vivir &#8220;en la verdad y no ante la verdad&#8221;, es necesario no creer al hombre (pues \u00e9ste la desconoce). Los paralelismos entre la Ley Divina y la Ley Humana son evidentes: tanto los sacerdotes como los jueces se equivocan al aplicar la Ley porque desconocen la Verdad que ella encarna. La \u00fanica salvaci\u00f3n para Kafka es buscarla dentro de uno mismo, encontrar lo indestructible y crearse un dios personal. El veh\u00edculo para conseguirlo es la paciencia (que puede ser confundida con la indolencia que muestra K. en <em>El Proceso<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed las cosas, podr\u00edamos afirmar que la Ley que regula tanto la vida como la obra de Kafka no es otra que la confianza en lo indestructible que hay en nosotros y que por largo que resulte  el camino hay que recorrerlo (se ha sabido gracias a Max Brod, albacea y amigo personal de Kafka, que <em>El Proceso<\/em> es una novela inacabada quiz\u00e1 porque el proceso de K. en s\u00ed es inacabable).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estoy de acuerdo con Harold Bloom cuando afirma  que Kafka &#8220;no tiene esperanza, ni para \u00e9l mismo ni para nosotros&#8221;. S\u00f3lo podemos atisbar lo que Kafka pensaba de s\u00ed mismo en sus Diarios: pero Kafka era un escritor que nunca dejaba de serlo, por lo que no carecen de su sutil iron\u00eda. \u00bfDebemos creerlos a pies juntillas? \u00bfSon los pensamientos secretos verdaderos? Kafka es un escritor herm\u00e9tico; sus textos se r\u00eden de las interpretaciones de los cr\u00edticos, y dudo que fuera un hombre que escribiera exclusivamente como terapia: amaba la literatura por s\u00ed misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nCinco. Fenomenolog\u00eda de la muerte.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong>La obra de Kafka se ha definido con frecuencia como una fenomenolog\u00eda de la muerte, como una &#8220;tanatolog\u00eda&#8221;. Y, ciertamente, en la mayor\u00eda de sus relatos y novelas aparece el tema de la muerte con un protagonismo obsesivo, ya sea como tel\u00f3n de fondo o como el final inexorable al que tienden los personajes. En Kafka encontramos, por esta raz\u00f3n, una de las m\u00e1s ricas imaginer\u00edas de la muerte en la historia de la literatura. Su acercamiento a este problema se realiza de un modo simb\u00f3lico: la muerte, aunque se produce frecuentemente con una vulgaridad y banalidad terribles, supone un tr\u00e1nsito que conduce a la liberaci\u00f3n. As\u00ed, la muerte va a mantener cierta trascendencia m\u00edstica. Para Josef K., en <em>El proceso<\/em>, la muerte supone el final de una existencia angustiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su obra, la muerte no ofrece ninguna respuesta al hombre, su significado es un &#8220;dejar-de-estar-vivo&#8221;. Por esta raz\u00f3n, Wiebrecht Ries la opone acertadamente a la muerte de Ivan Ilich, en la obra hom\u00f3nima de Tolstoi, en la cual la agon\u00eda forma un proceso continuo con el acto de morir y con la transformaci\u00f3n de la muerte en luz. As\u00ed pues, la muerte en la obra de Kafka ofrece una imagen ambivalente, fruto de las mismas convicciones del escritor. En sus <em>Diarios<\/em> y en su correspondencia leemos que para Kafka la muerte no supon\u00eda un trauma, m\u00e1s bien era un fin anhelado. Su miedo no ten\u00eda por objeto la muerte, sino el morir, sobre todo el dolor que acompa\u00f1a al morir. En una carta escrita a Milena: &#8220;\u00bfTe asusta pensar en la muerte? Yo s\u00f3lo tengo un miedo horrible al dolor&#8230; Por lo dem\u00e1s, uno se puede aventurar a la muerte&#8221;. Sin embargo, este deseo de morir desencadenaba a su vez un p\u00e1nico generado por la conciencia de esa voluntad autodestructiva, lo que le impulsaba a plasmar en sus escritos sus anhelos de muerte, algunas veces envueltos en una atm\u00f3sfera on\u00edrica, en el que las fronteras entre la muerte, el sue\u00f1o y la vigilia quedan indefinidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nSeis. Final.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Auden llam\u00f3 a Kafka el Dante del siglo XX. Era un escritor que escrib\u00eda continuamente y con dedicaci\u00f3n, pero en sus historias y novelas no sucede nada explicable y estas, aunque terminadas, podr\u00edan ser consideradas perfectamente fragmentos. Los diccionarios adoptaron el t\u00e9rmino &#8220;kafkiano&#8221;: el DRAE lo define como &#8220;Dicho de una situaci\u00f3n: absurda, angustiosa&#8221;, y algunos consideran sus historias surrealistas. Pero no hay nada de surrealista en Kafka, pues sus descripciones son &#8220;naturales&#8221; y &#8220;normales&#8221;. Lo dem\u00e1s, la angustia, el peligro inminente, est\u00e1 siempre ah\u00ed.      Sus historias, adem\u00e1s, est\u00e1n repletas de humor, gracias al manejo extraordinario de la iron\u00eda. \u00bfAcaso no es la historia de K., vista desde una perspectiva m\u00e1s alejada, una comedia? Mientras en <em>La metamorfosis<\/em> es su familia el centro de su cr\u00edtica y desaz\u00f3n, en esta es el aplazamiento de su boda con Felice Bauer, y es un ejemplo de c\u00f3mo la vida y la literatura se cruzaban en Kafka. A medida que iban sucedi\u00e9ndose los acontecimientos en su vida, los iba plasmando en la novela, que incluso sin terminar tiene un orden l\u00f3gico y no carece de cierta unidad. Quisiera concluir con uno de sus aforismos, en los que era todo un maestro:<\/p>\n<blockquote style=\"text-align: justify;\"><p>Los cuervos afirman que un solo cuervo podr\u00eda destruir los cielos.<\/p>\n<p>Incuestionable es la cosa, pero no prueba nada contra el cielo, porque el cielo significa precisamente la imposibilidad de los cuervos<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><br \/>\nBIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u00a7         BLOOM, H.: <em>El canon occidental<\/em>. Barcelona, Anagrama, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u00a7         CANETTI, E.: <em>El otro proceso de Kafka: sobre las cartas a Felice<\/em>, Madrid, Alianza, 1983.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u00a7         HERN\u00c1NDEZ, I.: estudio preliminar a <em>El Proceso<\/em> de Franz Kafka, Madrid, C\u00e1tedra, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u00a7         KAFKA, Franz: <em>El proceso<\/em>, Barcelona, Lumen, 1975.<\/p>\n<p><a rel=\"license\" href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-sa\/3.0\/es\/\">(C) Julio Caballero. <img decoding=\"async\" style=\"border-width:0\" src=\"http:\/\/creativecommons.org\/images\/public\/somerights20.png\" alt=\"Creative Commons License\" \/><\/a><br \/>\nEsta <span>obra<\/span> est\u00e1 bajo una <a rel=\"license\" href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-sa\/3.0\/es\/\">licencia de Creative Commons<\/a>.<\/p>\n<p><!--adsense--><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">[email_link]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empe\u00f1as en hacer otros planes. 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