Laud

Cuando amanece, huyes de mis sueños, y parto a encontrarte plácido recuerdo que quiero, que deseo que un día al abrir  los ojos de mi sueño, se convierta en verdad.

Sólo al pasear por los caminos de la verde hierba, y los cánticos de los enterrados árboles me inciten a perseguirte, y creí haber visto a una dama de traje blanco, corriendo descalza y acallando el estruendo producido por las ramas de piedra que prendían tu risa.

-¿Soñaría que eras tú otra vez?-

Pero aquella figura era tan real, y aquella risa tan hipnotizante, que después de desencadenarme de mis zapatos, corrí trás aquella fantasía.

No quería dejar de correr, que esta vida o sueño no acabara, que nunca termine, y que este paseo sea eterno.

Puedo ver tus rizos de cuervo ondear con las frescas hojas, y con los ruiseñores posados en sus ramas cubiertas por un veneno de dolor apasionado. Puedo seguir oyendo tu risa, y ya siento cómo se destruyen las esqueléticas fronteras que nos separaban, tocar los sangrantes robles donde posaste tu mano sanada ya de heridas, y ver cómo se cosían con la arácnida tela de tu vestido.

Cuando al final llegue a sentir tanto tu presencia, que al darme cuenta, estés alegre y risueña delante mía.

Antes de que me despierte en nuestros labios crearemos un gran fuego que nos seque las lágrimas y nos purifique la mirada en una, pues este beso perdurará, y será eterno durante unos segundos.

Daría mi vida por dártela a tí bella fantasía, daría mi alma por ver la tuya danzar bajo las lluvias de llorosos amantes separados.

Que nunca acabe, que nunca termine mi amor al verte.

Los cuentos de la inocencia III

III.

Aquí llevo caminando ya muchos meses, y las piernas no me duelen, porque las he dejado en el camino, los oídos no me escuchan, pues me los han robado un mirlo, no se me es roja la sangre, hace años que mi corazón se olvido de latir. Ya no tengo ojos, ya o tengo corazón, ya no tengo aire ni inspiración, ya no tengo alma ni furor, ya no tengo rey, ya no tengo ojos azules mirándome, ya no hay aire ni pleitesía, ya no hay orbes de rabia comprimida.

¡Que me quemen las lagrimas!, Que me vomiten los miedos y me degollen las palabras, pues el camino aun no ha acabado, y desconozco cómo podrá terminar.

Los cuentos de la inocencia II

II.

Y mi cabello palpita en este océano perdido, esperando que en algún momento los portales submarinos desprendan la llamada luz purpura que se puede ver en las noches más oscuras irrumpir fuera de las aguas y dominar territorios aéreos.

Me sumerjo lentamente en el gélido mar, siento el frío, frío que se convierte en nubes acosadoras de calor. Mi cabeza bajo la marisma borra todo signo de recuerdos malvados, mi cuerpo prendado se desnuda y no tiemblo de  frío ni me causa dolor el calor, era sentir la nada volar alrededor mío, y tener la sencilla sensación de que yo era el que rodeaba a toda aquella materia que no llegaba a tocar.

La presión me degrada a lo más profundo, y llego al portal, decorado con ramas de árboles de piedra limpia, con un suelo de baldosas con laterales rotos y crecientes musgos verdes y amarillos que hacían el tacto de mis pisadas como el caminar por almohadas de plumas de negras gaviotas, cuando me acuerdo, de que no puedo respirar.

Tiempo que parece desvanecerse

Y que contra toda certeza, puedes llegar hasta  aquí y acabar donde todo lo que llegaste a pensar se hizo posible.

Mira el cielo, las nubes y describe con claridad el sentimiento de felicidad y tristeza que puebla tu cuerpo y tu mente. Ya nada tiene sentido y solo flotan en el aire sentimientos sencillos que conocimos nada más llegar a este mundo. Y una imagen puebla tu ventana y mas allá tus ojos, cuando al darte cuenta ya todo se ha desvanecido.

Siempre cometemos el mismo error, que no nos damos cuenta de lo frágil que es perder la vida, que al darnos cuenta ya la podríamos haber perdido.

El amor está en otro país

Pues yo no conoceré jamás la mágia creada al rozar los labios, no sentiré el satisfactorio apuñalamiento en el corazón cuando todo lo demás falle, cuando todo aquello, todo lo que he sentido termine. Con dulces palpitaciones de color rojo todo se separó, pero al desaparecer toda magia, regresaron aquellos sentimientos, recuerdos y demás palabrería sin importancia ahora ni antes. Pero aun sentía, en mis labios, aquel sentimiento indestructible.

Quien siembra vientos

El violín raspea la podrida y acolchada madera, mientras entre susurros una suave voz describe las praderas de los cielos de antaño. La pobre criatura ve pasar los días y las noches desde la caverna en la que se asoman los zorros y se posan los mirlos en las raíces de los florecientes fresnos ya caídos en la sepultada tierra, las amapolas siguen el canto del viento y los dientes de león expían sus crías al aire, mientras que éstas descansan arropadas en los árboles desplomados, en las milenarias piedras, y besan los parajes donde crecen y cantan los niños.

El viajero y el comerciante transitan por esos bosques sin dueño, y admiran solo el camino, sin percatarse de que hadas caprichosas les observan, risueñas y burlonas, desde las hojas amarillentas y verdosas. El viajero se descuida y se sale del camino, y traza uno imaginario,pero el comerciante arrogante sigue su falso camino pues solo le importa su brillante oro. Hipnotizado por el murmullo de la gama dormida y por las suaves palmadas de la hierba húmeda, y con todo esto el viajero ahora se reposa en un árbol tallado con historias ciertas e irreales, cierra los ojos, abre los pulmones al aire perfumado que le sabe a trigo sin tostar y a rosa sin esclavizar para perfume, destapona sus oídos de palabras malsonantes y entrega con plena libertad segura al prado encantado, y duerme sin perturbación.

Más tarde emprende su construido camino sin señalar el final, y termina dando con un lugar hermoso y sin maldad, encuentra dentro de este un círculo formado por árboles relajados y danzantes, y en el suelo se hayan recostadas inmóviles flores pintadas de violeta y con verdes pequeñas hojas. Al alzar la vista, se detiene ante él una enorme e inmensa cueva, cuya estructura sobresale por encima de todas las copas de los árboles, la entrada era tan abierta que apenas atisbo de luz conseguía desplomar a aquella oscuridad desmesurada. El viajero se acerca a la entrada de la caverna y va desapareciendo en la oscuridad lentamente, y al transitar por aquella irrealidad cavernosa, él escucha con claridad las palabras de la hermosa criatura que relata este paraíso.

Cuando todo eran sensaciones

Al acabar el día, el cielo se oscurece y las nubes limpias se dispersan de la vista alcanzable. Mas mejor luz clara y bella refleja el azul cielo ahora, y los enamorados en una clara colina se besan, los niños en el columpio juegan, y los ancianos en su porche de madera recuerdan sus historias e contemplan la destrucción del día.

Las golondrinas se acuestan, y despiertan los cuervos, y tú los dibujaste en el cielo con sonrisa, mientras yo contemplo la acabada pintura que refleja la llorosa añoranza del tiempo que ya nunca más volverá. Y de espaldas a mi te veo, y siento como tus lagrimas te van consumiendo y agrietando tu piel suave, y transformando tu palidez en rojos infiernos, no sientes nada, no hay mas sentimientos que dar o robar, ya no hay ninguna posesión de valor que refleje el antiguo tiempo de recuerdos no devueltos a tu memoria, verte sufrir aunque sea a espaldas hace que me sienta mil degollamientos repelentes de sangre humana, es como si te quemaran el corazón, cada segundo, de cada día, de toda una eternidad.

Acaba el sufrimiento, y susurrándole al oído digo: no llores más, pues el ocaso volverá mañana.

El final de las historias

Y como si fuera ayer, el sol se pone de nuevo, cuando el cielo se despide y aparece la nada, con sus brillantes pecas de color blanco como recuerdos de una lejana nube transformada en gotas llorosas de tiempo trastornado.

Ha venido poseída, la que le cierra la puerta a la luz. Ella postra su manto de escamas a la tundra tenue que es la luz de la noche, y reclama su trono de marfil tallado a la sombra de la claridad que se extiende bajo su puerta. Temerosa ella escribe estas palabras en una hoja arrancada de un libro inacabado por un desconocido sagaz traidor. Mientras, la llama de la vela prende el tiempo del pasado y consume el del presente, solo cabe esperar que termine con el del futuro próximo.

Este es el relato de quien denegó su poder a la sombra en su dominio, y a la luz en su auxilio.

Cuando el monzón había acabado y yo corría feliz como verde era la hierba, al atardecer le acompañaba yo con una sonrisa por cautivarle a que no se fuera, pues mi propuesta me denegó, despidiéndose y devolviéndome la sonrisa piadosa.

Soltando de su mano el ramo de claveles olorosos violeta corrió a la casa, la sombra de la luz se expandía `por el prado de los andares perdidos. Consumida en la patética cama, ella teme que la llama de la vela consuma su tiempo de seguridad, el tiempo que después descuartizara los tenebrosos momentos sentidos.

La vela se apaga, ya el dolor es muy intenso, ya los ojos no le expulsan lágrimas mecánicas de clamor, ya sus labios no murmuran palabras sordas, su piel ya está muy pálida del frío de la razón. Ya no queda nada, una mota de polvo, aquí yace sin recuerdo, la que burlaba la búsqueda de la luz entre el rayo de oscuridad. Mientras que la vela ya consumió su hora de vida, pero el tiempo sigue viviendo en su eterna maldición y arrogancia, la oscuridad le acompaña como fiel ocultista de la muerte y la declaración de amores inciertos.

Y como si fuera ayer, el sol derroca a la maldad, y da la libertad al alma dormida, que ahora vuelve a recoger claveles polvorientos en el mojado suelo, y todo vuelve a empezar.

Puertas cerrándose a portazos

Que sorpresa en una noche desagradable cuelga de árbol de mi villa un cuerpo moribundo. Lleno de pecado, sus pies no volverán a tocar el suelo, sus labios se despidieron con el beso a la muerte, y el saco de resplandeciente oro que brutalmente tiene encallado en la garganta, servirá por las molestias de aquel vasto estropicio.

Solo al acabar la noche, junto a aquel árbol colgado me recuesto mirando el oscuro cielo que ya no es azul para mis ojos ni para los de la noche, mirando las estrellas que forman los dibujos de un loco perturbado e imaginativo cuerdo.

¡¡¡Acaba!!!, y obtén tus ultimas monedas, al descolgarme y venderme al carnicero, por exhibirme como carne de cerdo

Sonrisas de media luna

Con unas mejillas escarpadas por el frío, y cabellos adormecidos por el mal tembloroso, camina sobre la blanca nieve  sin vida.

Ella huye descalza de la melancolía, arropada por sus sueños. El camino se pierde, el camino ya no existe pues la nieve lo tapa. Mientras el viento aúlla, a sus espaldas, siente el calor de la visión de alguien, reconocer tal satisfacción de placer, mutilaba sus sentidos y los hacía más puros.  Pues al cansar la vista, ella en un último aire congelado prefiere despedirse de lo que la hubiera acompañado en este abrumador y helado paseo.

Lentamente, sosteniendo el aire en un puño para no perderlo, ella gira hacia el aclamado calor, un placer inigualable es sentir como el calor avanza sin prisa sobre el lateral del costado ya escarchado y ver como el hielo se derrite. Cuando al final, manteniendo aun los ojos cerrados, decide acabar con el misterio deseando ser desvelado.

Despidiéndose, con una sonrisa de labios grises y agrietados, ella duerme descalza bajo y sobre y nieve, y llevada por la luz en la tormenta, ella duerme eternamente en la colina del clamor y la locura.