¡Fuego!
Las cosas que parecen sencillas en realidad no lo son tanto. Las interpretaciones sobre las decisiones que tomamos dan dolor de cabeza, como poco. Como dice Charles Laughton en Testigo de Cargo, señorita musa, deme fuego. ¡Fuego!
Charles Laughton
Un ejemplo que no tiene nada que ver con lo anterior es el siguiente: en mi messenger uso de poner fotos de chicas tipo playboy, muy eróticas. Nada pornográficas -de momento, aunque todo se andará-. El esquema mental es el siguiente.
A) Me gustan esas chicas.
B) El juicio ajeno de las mujeres, al menos en este caso, me es indiferente
C) No pongo justificación. Cuando preguntan -y preguntan siempre-, digo: porque puedo.
D) En su mayoría, se cortarían las venas por un chico guapísimo. Amén de otras cualidades secundarias.
Ergo, tan sólo hago explícito un pensamiento común y que por políticamente incorrecto me da más pereza aún explicarlo.
Amen.
Pues así va todo. Nada de buscar detrás del messenger quién se oculta. Una vía de comunicación para gente incomunicada o encerrada en sí misma. Un agobio de programa. Una mala excusa para no salir a la calle, incluso en el caso de que no tengas muchos amigos, o ninguno, en realidad.
Y hecharse una novia tampoco es suficiente; si tenemos en cuenta que suelen estar entre 50 y 70 kilos de peso, es demasiado. Hágame caso: no se eche usted una novia a la espalda, que lo lamentará. Mejor amigas con derecho a roce. Y luego a buscar al dragón que mató a San Jorge. La leyenda la cuentan al revés. Me lo dijo Pérez.
Laughton era todo lo que se puede soñar, multiplicado por diez”, añade Wilder. “Parábamos de rodar a las seis, íbamos a mi despacho y preparábamos el rodaje del día siguiente. Laughton tenía veinte versiones distintas para interpretar cada escena, y yo decía: “¡Eso es! ¡Muy bien!”. Y al día siguiente, en el rodaje, llegaba y decía: “Se me ha ocurrido otra cosa”. Y era la versión número veintiuno. Cada vez mejor. Tenía una presencia tremenda. Una presencia tremenda y un instrumento maravilloso. Un instrumento vocal maravilloso. Cuando se dirigía al público, todos permanecían muy callados, porque lo sabían. No se limitaba a hablar. Decía algo. Y el resultado final era una gran interpretación.
Cameron Crowe, “Conversaciones con Billy Wilder”

…Y a mí que me gustan más las fotos de Laughton!
;p
jajaja! Es una gran opción, no hay película de este actor que no me guste… Y La noche del cazador, que la dirigó, si no recuerdo mal, impresionante!!
Un beso!
😉
Una cosa que distinguía a Laughton de algunos de sus colegas británicos, era que se tomaba su trabajo en el cine tan en serio cómo su trabajo en teatro, mientras que otros (de enormes reputaciones en la escena) se limitaban a hacer lo mínimo en pantalla y a cobrar por ello… A causa de ello, hoy en día a veces pasa que la gente se pregunta si fulano o mengano eran tan buenos en escena como se dice o tan mediocres cómo se les ve en pantalla: Digamos que la inclinación actoral de Charles a poner toda la carne en el asador le ha garantizado una inmortalidad que tal vez otros Sires o Lores no vayan a disfrutar (si, la misma reina que honró como caballeros a Mugabe o Ceaucescu, nunca lo hizo con Laughton)
Por cierto, Laughton era un gran amante de la literatura, y entre otras cosas, declamó a Whitman en varias ocasiones (en radio)…
A Whitman!! Interesante… 😛
Gracias por esta charla ha sido súper amena y bueno, voy a agregarte ea mis enlaces porque tu blog está genial…
Te seguiré visitando!!