Capítulo V. Espías y Mafalda

Estaba ansiosa por regresar a casa, y la profe se entretenía hablando del complemento directo, que ahora se llama adyacente, o algo así. ¿Por qué le cambian los nombres a las cosas? Y lo que ya no entiendo es: ¿porqué nos obligan a a aprendernos el que ya no se usa? ¡Aish!

Al acabar las clases, estuve esperando la guagua muy desesperada, porque encima iba con retraso. Para colmo, se nos había presentado un día robado de otoño, porque para ser primavera el cielo estaba muy oscuro, y la luz se filtraba lo suficiente como para que me pusiera mis molonas gafas de sol. El mundo tiene derecho a disfrutarlas.

Con el tran tran de la guagua, que cogía todos los baches habidos y por haber, estuve perdida y atontada, mandando mensajes al Twitter desde mi I-Phone, pensando en qué diría el dichoso documento y si mi padre me habría hecho caso. Mi padre es muy especial, y cuando le da por pasar de mí… ya puedo irle con un brazo amputado que no hay quien le cambie de idea. No se deja chantajear con mis llantos, el muy canalla.

Llegué a casa y casi sin aliento grité ¡hola!, pero nadie me respondió, mientras iba como flotando a la cocina en busca del documento. No estaba. Mi padre había dejado una nota en su lugar que ponía: caliéntate la comida, está en el microondas. ¡El microondas! Mira que le he dicho que ese aparato genera un campo electromagnético perjudicial para el organismo, ¡y no hace caso! Mi papá es el hombre-microondas. Pero también por cómodo: se ahorra fregar luego cacerolas y demás cacharros. Hay que valorarle el esfuerzo de la cocina, todo por reconquistar a mi mamá -eso creo-.

Así que dejé las cosas en mi habitación, me cambié, me puse un chándal y mis zapatillas de Pumuky de andar por casa -Pumuky es una serie antigua, vale, pero soy una friki de todo lo antiguo- y me fui al microondas. Cuando lo abrí, vi el suculento plato que me había preparado mi papi. Bueno, los he visto más asquerosos, pensé. Era pasta con trozos de salchicha, tomate, orégano, huevo revuelto, champiñones y una fritura que parecía cebolla y pimiento rojo y verde, y todo con mucho atún. Cogí una cuchara para coger los macarrones y revolver bien la salsa. Estaban pegados; fueron cayendo de la cuchara como una plasta de heno y barro. Qué rico, papá.

Comí, me fui al Mac a contar las nuevas noticias que no había contado ya vía Twitter, y me encuentro a mi novio en el Adium.

-Qué rollo es ese de tu padre y el echelon y el vudú, cari. -me dijo

-Pues un email que me mandó @nardi con un documento, ¡cari! -respondí

-¿Y tu padre qué dice? ¿Hay tema o no hay tema?

-No está, pero cuando vuelva le hago un tercer grado en toda regla, como buena hija que soy.

-¿Vamos mañana al cine? Es día de la pareja, son dos euros, y vemos la de Terminator.

-Me gusta cuando te pones romántico. Bueno, tontín, una pregunta.

-Sí, molas.

-^_^ . ¡Beso!

Y justo escuché la puerta de mi casa cerrándose. ¡Era papá! Fui corriendo al salón y allí estaba, con otro señor al que no había visto nunca. Iba muy bien vestido, parecía un ejecutivo de esos, si no fuera porque tenía los rasgos muy duros, con las cejas espesas y mucha papada. Era más bajo que mi padre, con poco pelo, moreno de piel y un bigote -sólo he visto esos bigotes en fotos antiguas-.

-¡Papá! Te estaba esperando por lo de esta mañana. Buenas tardes -dije mirando al bigotes-.

-A ver, nena, este señor es mi jefe en el trabajo. Se llama Vicente Rios.

-Encantada -dije poniéndome roja, pensando en porqué no había escapado al cuarto a cambiarme las zapatillas de Pumuky.

-Nena -dijo mi papá muy serio, pero muy tranquilo también-, este señor viene a hablar del documento que me distes esta mañana. Lo que quiero es que nos cuentes los detalles de cómo lo conseguistes, quién te lo dió, si hay más gente que lo sabe, esas cosas, porque es un documento demasiado importante como para que circule por ahí. Tranquila porque no has hecho nada malo ni va a pasar nada, pero un documento como ese nos da mucha curiosidad. Anda, ven aquí, siéntate conmigo.

Así que me senté en el sillón grande con mi papá, que me abrazó y me dió un beso enorme, y el señor se sentó en una silla enfrente nuestra, con una sonrisa que me pareció más falsa que la de Judas Iscariote.

-Tu padre -continuó el tal Vicente, que hablaba como si fuera el jefe de los tres- nos ha enseñado el documento y hemos decidido reuniros a hablar sobre él. Y luego, con la aprobación de tu padre, hemos estado pensando que era buena idea hablar contigo sobre quién te lo dió y algunos detalles más. Sólo por saber cómo pasaron las cosas. No has hecho nada malo ni va a pasar nada. ¿Quién te lo dió?

Conté todos los detalles, desde cuándo había muerto @nardi, la pata de gallo ensangrentada en la boca, el email que me envió y más o menos lo que decía.

-¿Tienes el email todavía, cielo? -dijo mi papá-. Nos gustaría verlo. ¿Por qué no traes tu portátil?

Casi salto para decirle que no era un portátil, era un Mac, pero ya se lo diría en otro momento. Fui corriendo al cuarto, y traje el Mac, súper excitada por formar parte de una historia de espías tan alucinante. Puse el Mac sobre la mesa de caoba del salón, sin paño debajo -si me ve mi mamá, me mata-, y tras unos segundos señalé el correo.

-¡Es éste!

El jefe me desplazó con su barrigón y estuvo trasteando, mirando hora y fecha de llegada, y hablando con mi padre de que debía llevarlo Sastre y su gente. Luego mi padre preguntó:

-Nena, ¿quién más sabe lo del documento? ¿A quién se lo has contado?

-Básicamente, papá, a mi novio y al Twitter, porque estaba en la guagua muy agobiada con todo este lío.

-¿Quién es Twitter? ¿Un amigo de tu novio, quizás? -preguntó el jefe.

-Twitter es una red donde un montón de gente de todo el mundo cuenta cosas en menos de ciento cuarenta palabras.

-¿Cuánta gente hay en esa red?

-No sé, ¿siete millones? -respondí haciendo un esfuerzo de memoria sobre un recuento que leí hacía unos meses.

-¿Tienes los mensajes que has puesto en el Twitter? -preguntó mi papá.

-¡Pues claro! ¿Te los pongo?

-Patri -dijo mi papá mirándome con una sonrisita que ocultaba algo que me iba a molestar-, necesitamos llevarnos tu Mac.

-¿MI MAC? -dije, a punto de estallar en una rabieta, me daba igual que estuviera el señor delante-. ¡UNA GEEK JAMÁS ABANDONA A SU MAC! ¡DONDE VA MI MAC, VOY YO!

Y bueno, estallé. Hay ciertas cosas que una adolescente no puede permitir.

El jefe se revolvió los cuatro pelos de la cabeza y concluyó.

-Que se venga con nosotros a La Casa. Y así empezamos desde el principio. Ah, ¿tienes la dirección de correo de tu novio, verdad, Patricia?

-No me llamo Patricia, me llamo Patri, o Patri-San. Y sí, claro, y no soy mema, me sé hasta su teléfono y dónde vive.

-Patri -dijo mi papá-, ve a vestirte corriendo y ya llamo yo a mamá y le explico.

Me cambié a toda velocidad, cogí mi I-Phone por si más tarde me fuera de utilidad y bajamos en silencio. Abajo, frente a mi portal, esperaba un Mercedes de color azul oscuro, ¡con chófer! Yo me senté atrás con mi papá.

¿Qué era La Casa?

¡Ah, sí, lo de Mafalda! Se me olvidaba: mi padre, de primero, había dejado un cazo con sopa. ¡Y odio la sopa!

Besos,

Patri-San.

Resumen de otras cosas importantes:

Previsión de lectores de este capítulo: 5 (mi novio no, porque ya no estamos enfadados, @luzzzmila, mi papá, dos desconocidos)

Nivel actual de energía Shinigami: 5 de 10 (sigo enfadada porque querían alejarme de MI Mac X( ).

Último tweet: Me voy a la ducha, a ver si el agua se me lleva las penas.

[email_link]

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Copyright ©  La ciudad creativa