Un cuento de verano: Me llamo Al
¡Amén! ¡Aleluya! El hombre iba pegado a mi espalda desde hacía veinte minutos, y a mí me recordaba a aquel tipo raro que perseguía al pobre de Zuckerman, el de Roth. Parábamos en cada semáforo en rojo, caminando a paso tranquilo, y en cuanto cambiaba a verde repetía las mismas palabras elevando sus dos brazos al cielo. ¡Amén! ¡Aleluya! Para[…]
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Pues gracias Javier, como le dije a Flordegato, si te sacó al menos una sonrisa, me doy más que satisfecho.…