Sexting, parejas, affaires
Nuevas formas de relacionarnos, nuevos códigos. A los seres humanos, en tanto que especie, nos encanta mostrarnos. Qué especie no se muestra como es, desnuda, diríamos, en su hábitat. Las que vemos menos suelen ser por motivos como la supervivencia, su forma de sustento -la cazería- o ambas. Y un largo etcétera de posibilidades que un biólogo podría añadir.
Nada más normal, entonces, que el sexting, donde, en una sociedad anclada en la moralidad de siglos pasados, el ser puede liberarse. En serio: cada hallazgo posee su contrario, lo contraproducente, sus riesgos. Pero, además, sumado a la vida marital, de pareja, de affaires, lo sitúo dentro de aquello tan global que cabe en el ancho saco de la “normalidad”.
Se asustan los de siempre.
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