En la barca del pseudoerudito está el rey Lear
Una tesis sobre El rey Lear -a diferencia de la obra, bastante ambiciosa, del mismo nombre- puede llevarnos a alguna parte. Puede abrirnos las puertas de la Junta de Gobierno Local. Pero el pseudoerudito no suele confesárselo abiertamente a sí mismo; no anda diciendo: “Eso es lo bueno de saber las cosas: te ayuda a progresar”. A menudo, el apremio económico es algo subconsciente, y el aspirante acude a su examen pensando sólo que un estudio sobre El rey Lear constituye una experiencia tempestuosa y terrible, pero intensamente real. Sea un cínico o un ingenuo, no se le puede culpar. Mientras que obtener conocimientos esté relacionado con obtener dinero, mientras que ciertos trabajos puedan conseguirse sólo mediante oposiciones, tendremos que tomarnos en serio el sistema de exámenes. Si se ideara otra fórmula de acceso al empleo, buena parte de la llamada educación desaparecería, y nadie sería por ello más estúpido.
Sin embargo, en la crítica literaria -mi empleo actual- es donde el pseudoerudito pueder resultar más pernicioso, porque imita los métodos de un verdadero erudito sin estar pertrechado para ello. Clasifica los libros antes de haberlos comprendido o leído; ese es su primer delito. Los clasifica cronológicamente: libros escritos antes de 1847, libros escritos después de 1847, libros escritos antes o después de 1848. La novela en el reinado de la reina Ana, la “prenovela”, la novela en Ur, la novela del futuro. La clasificación temática es aún más absurda: literatura de posadas, empezando con Tom Jones; literatura feminista, inaugurada por Shirley; literatura de islas desiertas, desde Robinson Crusoe hasta The blue lagoon; literatura de pícaros -la más aburrida de todas, aunque la de carretera le sigue muy de cerca-; la literatura de Sussex (tal vez el condado más querido); libros indecorosos (esfera de la investigación seria, aunque abominable, y sólo apta para pseudoeruditos entrados en años); novelas relacionadas con el industrialismo, la aviación, la quiropodia, los elementos… Cito esto último en honor al tratado más asombroso que he leído sobre la novela en muchos años. Llegó a mis manos desde el otro lado del Atlántico y creo que nunca lo olvidaré. El manual en cuestión se titulaba Materials and methods of fiction, pero nos parece preferible silenciar el nombre del autor. Es un ejemplo de pseudoerudición de primera categoría.
Aspectos de la novela, E.M. Forster
He encontrado en The Project Gutenberg eBook el tratado Matherials and methods of fiction en formato de libre acceso. El autor, si no me he equivocado y existe otra obra con el mismo título de otro autor, fue un reputado crítico estadounidense llamado Clayton Hamilton. Para los curiosos como yo que querían saberlo.
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