El cuerpo atrapado en el alma

dostoievskiTeniendo en cuenta lo común que es la enfermedad, lo tremendo del cambio espiritual que conlleva, lo que asombran, cuando se atenúan las luces de la salud, los países no descubiertos que se muestran entonces, los yermos y desiertos del espíritu que da a luz un ligero ataque de gripe, los precipicios y prados rociados de flores brillantes que revela un pequeño aumento de la temperatura, los antiquísimos y perseverantes robles que se arrancan en nuestro interior en el acto de la enfermedad, cómo descendemos al pozo de la muerte y sentimos las aguas de la aniquilación justo encima de nuestras cabezas y nos despertamos pensando que nos vamos a hallar en presencia de ángeles y arpistas cuando nos sacan una muela, y salimos a la superficie en el sillón del dentista y confundimos su «enjuáguese, enjuáguese» con el saludo de una Deidad inclinándose del Cielo al suelo para darnos la bienvenida… cuando pensamos en esto y en muchísimas otras cosas, como tan frecuentemente nos vemos obligados u obligadas a pensar, resulta muy muy raro que la enfermedad no haya ocupado su lugar al lado del amor, la batalla y los celos entre los temas primordiales de la literatura.

Se pensaría que se habrían dedicado novelas a la gripe; poemas épicos al tifus; odas a la pulmonía; canciones al dolor de muelas. Pero no; con escasas excepciones […] la literatura hace todo lo que puede para sostener que lo que le preocupa es la mente; que el cuerpo es una lámina transparente de cristal por la que el alma mira directa y claramente; y, excepto por una o dos pasiones como el deseo y la avaricia, es una nada, descartable e inexistente.

En cambio, la verdad es precisamente lo contrario. Todo el día, toda la noche, el cuerpo interviene; se achata o se afila, toma o pierde color, se vuelve cera en pleno junio, se endurece como el sebo en la penumbra de febrero. La criatura que está dentro no puede hacer mas que observar por el postigo: confuso o rosado; no se puede separar del cuerpo como la vaina de un cuchillo o la piel de un guisante ni por un solo instante; tiene que atravesar entera la procesión inacabable de cambios, calor y frío, comodidad e incomodidad, hambre y saciedad, salud y enfermedad, hasta que llega la catástrofe inevitable: el cuerpo se estrella hasta hacerse añicos y el alma (se dice) se escapa. Pero de todo este drama diario del cuerpo no hay memoria escrita.

On Being Ill, Virginia Woolf.

Postdata: ¿Has reparado en el primer párrafo? Sin puntos, extensísimo (197 palabras), es un ejemplo de comprensión, elegancia, ingenio e inteligencia. El talento de Woolf no es la longitud: es lo claro  que resulta el párrafo a pesar de su extensión.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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  • Es curioso pero La enfermedad como Leitmotiv, puede que este en algunas grandes obras de la literatura.

    El lobo estepario de Herman Hesse, el libro se basa en una crisis psicológica del autor cercana a lo patológico. El protagonista de la novela esta bastante peor …

    La montaña mágica de Thomas Man se desarrolla en un sanarorio, y su Muerte en venecia (inmrotalizada en el cine creo que por Visconti) es la decadencia y muerte de un enfermo o tísico y su busqueda de la belleza.

    Y cito también a un queridísimo amigo: Memorias de Adriano de Marguerite Youcenar, donde el emperador nos relata en el principio del libro sus achaques, enfermedades y tristezas. Su primer capítulo Animula Vagula Blandula comienza: «Querido Marco: He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes…»

    Y para terminar otro que no recomiendo leer con la moral baja. Molloy de Samuel Becket. Es un descenso a los infiernos absoluto a traves de la enfermedad y la decadencia de una persona, de lo mejor del «absurdo».

    Podria citar alguno más, como funes el memorioso de Borges, donde el protagonista está postrado en la cama, termina el cuento con la frase «Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.» …

    Lo que si es verdad es que no recuerdo un poema dedicado a la enfermedad. ¿alguien conoce alguno?
    .-= Último artículo del blog de Javier Castañón… Cesó todo y dejeme, dejando mis cuidados entre azucenas olvidados. Fray Luis de León =-.

    • Como tu dices, en El lobo estepario -¡qué novela!- y en La Montaña Mágica se hablan de enfermedades mentales, aunque en el sanatorio van a recuperarse también por necesidad de «cambios de aire», no necesariamente por estrés o algún tipo de neurosis, etc., si no recuerdo mal.

      Pero me da la impresión de que Woolf se refería a las del cuerpo, las reales y sentidas, como cuerpo central de la obra. Por ejemplo, podríamos hablar de los padecimientos de Raskolnikov en Crimen y castigo, pero estos son, a mi juicio, un reflejo de sus remordimientos. Crimen y castigo no es una novela cuyo argumento sea sus estados febriles, evidentemente. Claro que si después de ella se crearon obras donde eran recogidas, la pobre no podía saberlo, como esa que indicas de Yourcenar que no he leído -sólo sus Cuentos orientales-. La enfermedad de Woolf también era mental.

      No conozco -y entonces me citarás diez 😀 – ninguna novela o relato que narre, como dice Woolf, la decadencia física de un cuerpo como tema central de su obra. Y lo extraño es que nosotros, que convivimos con la enfermedad, no hayamos incluído en nuestra literatura ese tema: los sentimientos -amor, odio, venganza-, la muerte, la guerra, el sexo, son temas muy trabajados.

      Dicho lo cual, has estado rápido. A mí ni se me pasaron por la cabeza, la verdad. De poesía debe haber porque la tradición popular de poesía satírica es amplísima y no sólo en España. A ver si algún lector nos deleita con alguno.

      ¡Un abrazo! 😀

  • Los clásicos, nada hay nuevo bajo el sol (Nihil novum sub sole). Parece que estos versos de Publius Aelius Hadrianus (76-138) trata de la enfermedad, sin nombrarla, se refiere a ella como esos lugraes lívidos, severos y desnudos, donde mora el alma, es decir mora en un cuerpo enfermo.

    Animula vagula, blandula
    hospes comesque corporis,
    quae nunc abibis in loca
    pallidula, rigida, nudula,
    nec, ut soles, dabis iocos

    Alma, vagabunda y cariñosa, huésped y compañera del cuerpo, ¿dónde vivirás? En lugares lívidos, severos y desnudos y jamás volverás a animarme como antes

    Referencia: http://camaradelasmaravillas.blogspot.com/2006/07/animula-vagula-blandula.html

    Estos versos, creo o se refieren a la pérdida de la vitalidad por la enfermedad soportada o por la vejez y sus consiguientes achaques.

    Y claro, Yourcenar titula su 1er capñitulo de Memorias de Adriano con el primer verso. Ya que el emperador empieza hablando de sus desdichas y enfermedades.

    Si encuentro otro para la colección de «Una antologia poética de la enfermedad» aviso 🙂
    .-= Último artículo del blog de Javier Castañón… Cesó todo y dejeme, dejando mis cuidados entre azucenas olvidados. Fray Luis de León =-.

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