Archivo2009

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Don Juan Tenorio, disfrazado de Don Quijote
2
10 estafas en la red de las que protegerte
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Los hombres que no amaban a las mujeres
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Las mujeres de mi blog. 3ª parte y ¿the end?
5
Las mujeres de mi blog. 2ª parte.

Don Juan Tenorio, disfrazado de Don Quijote

Añoso ya y tonto de capirote, aburrido de tan largo jolgorio, una tarde pensó Don Juan Tenorio divertirse en hacer de Don Quijote. Después de siesta se rascó el cogote, se ajustó más ceñido el suspensorio, mandó a Ciutti copiar el relatorio y puso al manso Rocinante al trote. Mas al sentir la no ligera carga el pobre bruto, enjuto[…]

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10 estafas en la red de las que protegerte

¿Te sientes protegido contra las estafas? Protegernos de los estafadores en la red es más sencillo si conocemos sus métodos. Amir Orad, experto en crimen financiero, ciberseguridad, pagos, etc., comparte su experiencia. Según él, hay dos grupos diferenciados de estafas: uno (del 1 al 5), pretendiendo que la víctima les dé dinero por un problema, oferta de trabajo, etc. El[…]

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Los hombres que no amaban a las mujeres

He acabado la novela Los hombres que no amaban a las mujeres, uno de los éxitos editoriales de los últimos tiempos, la primera parte de la llamada “Trilogía Millenium”. ¿Que si me gustó? Me ha encantado. Podría nombrar tres o cuatro novelas recientes de la llamada “literatura convencional” que son bastante mediocres comparada con ésta. Me parece un éxito de[…]

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Las mujeres de mi blog. 3ª parte y ¿the end?

Preste atención, Spellman, porque esto es lo que vamos a hacer. Voy a preparar otra reunión con las locas que me raptaron. ¿Cómo que para qué? ¡Será imbécil, Spellman! Pues para grabarlo y que me dejen en paz. De una vez por todas. Mire el último vídeo. Spellman, dos cosas: primero, deje de comer con la boca; y segundo, deje[…]

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Las mujeres de mi blog. 2ª parte.

Habíamos quedado en una zona alejada del centro, muy poco transitada. De hecho, era una zona de oficinas y almacenes y prácticamente ninguna trabajaba de noche. Así que era bastante improbable encontrar nadie por allí. Llegué media hora antes. Spellman, siéntese recto y dígame, ¿cree en las casualidades? Yo tampoco. Así que me pregunto qué hacían en aquella esquina unas[…]

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