El peaje del genio

¿Puede el hijo de un comerciante de lana, carnicerio y arrendatario; un hombre de estudios limitados que escribía para pagar sus deudas y que nunca viajó, ser un genio literario?

No hablamos de la teoría contemporánea que cita la conocida trama: una persona de talento, oculto a los ojos de todos y de sí mismo, sufre una catarsis, y a partir de ahí lanza su genio al mundo. Imparable, como una roca majestuosa que se desliza por la ladera de una montaña olímpica, rueda hasta hacernos enmudecer de asombro.

Entiéndase que en la pregunta existe una pequeña salvedad: nuestro desconocido autor sí que había leído a grandes escritores de la antigüedad y contemporáneos de renombre: desde Platón a las tragedias de Sófocles, de Dante a Cervantes.

Fue tal su impacto en la literatura universal que trascendió la venta masiva de sus libros. Permeó a todos los escritores posteriores que lo leyeron. En las catedrales victorianas y en los páramos de ciudades innombrables donde estos escritores quisieron plantar su bandera, él ya había estado antes; lo había explorado casi todo, dejando apenas nada para los demás; y el camino que había trazado lo había hecho de forma magistral, de tal forma que la sombra de su trabajo planeaba siempre sobre todos los que le sucedieron y, aún peor, sobre los que le sucederán a estos.

La vastedad de su conciencia, que encierra la nuestra propia, hizo que otros tantos se preguntaran acerca de la originalidad de sus obras. ¿Fue él acaso el autor de estas tragedias y comedias? ¿Puede un hombre solo alcanzar tan vasta inteligencia y conocimiento del ser humano? ¿Existió Shakespeare?

De todas las teorías que intentan demostrar que no existió o que la identidad de este  analfabeto que no viajó nunca -¿y Kant?- bien es otra, bien se funde en otras, una de las más apasionantes es la de Freud. Para el creador del psicoanálisis, un hombre de la posición social de Shakespeare no podía conocer la vida de los grandes hombres con esa precisión: de ahí que para él fuera una válvula de escape pensar en que fue el conde de Oxford el autor de sus obras trágicas.

Cabe señalar aquí que el autor de esta teoría, de 1920, fue del profesor T.J. Looney, que tal vez estaba afectado en su juicio por consecuencias impredecibles de leer su apellido en sus clases: loon significa «loco, chiflado».

Freud necesitaba, además, que cada obra de su autor fuera escrita por su mismo protagonista, a modo de autobiografía, ya que no concebía que una sola persona pudiera escribir esa variedad de registros con tanta precisión: que Otelo hubiera escrito Otelo, que Hamlet, Hamlet, que El mercader de Venecia, Shylock. Y, mucho menos, que describiera literariamente lo que él describió científicamente con tantos siglos de desventaja: la locura, los celos, las altas y bajas pasiones, en definitiva…

Es como si el genio se convirtiera en un peligro capaz de voltearlo todo; de subsumir no se sabe bien qué, de alterar el orden establecido, de dejar enterrados fatuos intentos de vencer a la muerte: este y no otro es el deseo de muchos escritores. Y ante esa sombra que se cierne regia y que produce asombro y que luego se transforma en un rayo que atraviesa la médula de parte a parte, sólo caben dos opciones. Una: negar su existencia, como quien no le va bien determinada circunstancia y masculla: ¡están maduras! E intentar por todos los medios que otro ocupe su lugar, para que el espíritu abandone ese estado de congoja y aturdimiento ante la odisea que supone trascenderlo y ocupar su lugar eminente.

Y la segunda: releerlo.

Este es el peaje que tuvo/tiene que pagar por habernos dejado todo lo que nos dejó: Hamlet, Macbeth, El rey Lear, Sonetos, Cuentos de una noche de verano, Coriolano, Romeo y Julieta, Julio César, La tempestad, Otelo, El mercader de Venecia…; y dejarnos una legión de personajes casi insuperables y míticos, que pueblan nuestro imaginario colectivo -tan poderosa es su presencia-: Otelo, Yago, Hamlet, Lear, Coriolano, Romeo, Julieta, Falstaff…

¿Se imaginan un autor contemporáneo luchando no por que se reconozca la autoría de sus obras, sino por demostrar su propia existencia?

Querido Shakespeare: no sé si Hamlet tenía complejo de Edipo, pero desde luego que Freud tenía complejo de Shakespeare (Harold Bloom dixit).

😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

12 Comentarios

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  • Pues es muy probable que freud tuviera complejo de el por que la verdad es que su obra ademas de extensa es altamente recomendable..y freud yo creo que era un pervertido sexual fijate..magnifico el post..un abrazo…

    • @Alijodos: ¡Hola! Lo que sé de Freud es que era misógino, lo de pervertido no lo había oído pero tampoco me extrañaría. El psicoanálisis está superado, dicen, pero desde luego como mitómano Freud era tremendo: inventaba mitos por todas partes y muchos de ellos son parte de la cultura popular. Si eso no es ser un genio también… ¡Un abrazo!

  • Shakespeare…

    Unas sencillas preguntas, con la mejor de las intenciones:
    ¿Y si viviésemos un momento histórico de creatividad generalizada y abundante?
    Algo así como una expansión del arte y del conocimiento.
    ¿Y si todos fuésemos genios a partir de una cultura generalizada y extendida que está llegando, pero no llega?
    ¿Y si nos gustase conocer por amor al conocimiento de una vez por todas?
    ¿Y si estuviéramos equivocados al obsesionarnos el dominio de la opinión pública en una sociedad de consumo, que parece la única alternativa viable a la que adaptarse?
    ….
    Querido Julio.
    ¿Por qué no puede transcender todo el mundo?
    ¿Habría transcendencia sin transcendencia?
    ¿Por qué no pude SER todo el mundo?
    ¿Por qué?
    Es tan fácil en teoría… y tan difícil en la práctica…

    Sé Julio. Sé.

    Un saludo.

    • @Alberto: Pues creo que cada momento histórico es creativo y abundante, pero unos más y otros menos. No sé si nos pasamos la vida intentando SER, como dices tú, cuando YA somos. En fin, muchas preguntas interesantes y complejas de responder para mí. Me gustaría oirle la respuesta a Punset a todas ellas. ¡Un abrazo!

  • ¡Hola! XD
    ¡No taba muerta!

    Creo que Shakespeare, si supiera hasta donde ha llegado su literatura, quizá no hubiera escrito. O peor, si naciera en nuestros días, tendría en enfrentarse consigo mismo, y creo que no ganaría. Tal ha sido la fama que ha alcanzado, que muchos han mitificado su obra, y criticarían al mismísimo autor si lo tuvieran delante de sus narices.

    Con respecto a si Shakespeare era o no de origen humilde etc, etc, siempre he creído que se puede hablar de lo que se conoce desde lejos tan bien como el que se encuentra en su salsa. No tiene que ver, pero es lógico que muchos piensen «Oish, por dios, ése no podía haber sido un muertucho de hambre… El autor de Romeo y Julieta!!! Seguro que era un noble con un alter ego, sí, seguro que era así»
    Puaj, qué poca fé en la raza humana…

    P.D. Cuando la niña se ponga buena..¡quiero mi birra!

    • @Kiram: ¡No estaba muerta, estaba de parrandaaaaaaa! No se libraría de los críticos que buscarían errores en sus obras hasta quedarse satisfechos: porque para algunos críticos, sólo son buenos los que ellos dicen que son, y nadie más.

      p.d.: ¿qué niña se puso mala, Farándula? yo le dije después de Semana Santa que estaba liado, pero ¿no fueron a tomarla el miércoles? Mira que hay días, para la semana que viene podríamos programarloooooooooooooo… ¡besoooooooooooo! 😀

  • Julio querido, que estupendo post nos has regalado. La verdad es que no soy una erudita ni en Shakespeare ni en Freud, pero algo se de ellos. Lo suficiente para reconocerlos como mentes brillantísimas e influyentes hasta nuestros días, Shakespeare en su línea; pero Freud en casi todas las ciencias y disciplinas.
    Besazos!

    • @Tania: ¡Gracias! Me alegro que te gustara. Yo tampoco soy experto ni en Freud ni en Shakespeare, sólo he leído parte de sus obras y trabajos críticos sobre ellos porque lo que me cae en las manos lo devoro, y me interesa todo, o casi, pero ni por asomo me meto en teorías demasiado enrevesadas porque, simplemente, no poseo ese grado de conocimiento sobre ambos. La política internacional también me atrae -la política en sus vertientes, desde siempre-, y ese libro que comentastes acerca del ascenso de un obrero o unos cuantos a líderes proletarios me parece interesante que no veas. ¡Otro beso para ti! 😀

  • laosti, Julio, me parece un post cojonudo. Te pongo un diez.
    En cada arte sale a veces un tipo así, como Mozart en música y etc, que parece que por ósmosis, por adivinación o por remembranzas de otras vidas les sea dado un conocimiento al que ellos no tuvieron acceso. Es el misterio del genio. Por otro lado dices por aquí que la mente científica necesita el complemento de la imaginación. Estoy de acuerdo y no se suelo escuchar. Yo creo de hecho que la imaginación es una fuente colosal de conocimiento, imprescindible para humanizar la inteligencia.

    Me voy a cenar. Un abrazo.

    • ¿Te ha gustao? Genial, este texto me quedó chulo entonces, jaja. Yo creo que los científicos que son muy buenos, tipo Hawking, Newton, Descartes, Pascal, Eintsein, etc. etc. tuvieron/tienen mucha imaginación, si no, imposible. 😀

  • Tuvieron-tienen porque con los grandes genios ocurre como con la Duquesa de Alba que, por un lado como persona individual es una señora mayor, libre de hacer lo que le venga en gana y, por otro, es una Duquesa esclava de su título, obligada a no ‘cagarla’.

    Así pues los grandes genios son mortales, finitos e incluso dicen que podía llegar a olerles el sobaco en tanto individuos, pero inmortales como los dioses en tanto en cuanto que hacedores insustituibles de nuestra civilización y sus logros culturales.

    PD: ¿has visto como flipo? Y ni me drogo ni nada jajajaja

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