Lo que nos une
Me hace gracia esa incidencia machacona en lo diferente que somos unos de otros; en la búsqueda eterna de esa sustancia que nos hace únicos e irrepetibles.
Más gracia me hace que todavía no nos hayan marcado, uno a uno, con un código de barras, de tal forma que uno pueda demostrar que, sin saber exactamente lo que es -una ilusión, un ideal platónico, una certeza-, uno lo posee.
Sin embargo, tengo la convicción de que, más que buscar las diferencias, habría que buscar las semejanzas. “Dívidelos y vencerás”, se dijo el capitalismo al encontrar el planeta lleno de potenciales trabajadores. El sentido de lo único, la personalidad, la búsqueda de las características del propio “yo” que nos hace diferentes, sólo es un modo más de potenciar la competitividad entre nosotros.
Somos una especie peculiar. Es probable que si un científico analizara una comuna de perdices en una granja experimental, acabaría dándole nombres a cada una y destacando particularidades inviduales. Pero no dejaría de ser una percepción del observador; lo que sería interesante es analizar su comportamiento social, la existencia o no de un líder, los rituales de apareamiento, los recursos defensivos ante los depredadores, etc.
Así, encuentro que nosotros, los hombres y mujeres de este planeta, aproximadamente:
1) nos emocionamos ante las mismas tragedias
2) disfrutamos del sexo
3) nos reímos en las mismas situaciones
4) tenemos un sentido del planeta y de su conservación (aunque sea éste un rasgo posmodernista, pero también vale)
y he puesto los primeros que me han venido así, a vuelapluma. Ser padres, perder a alguien querido, etc. etc., esas emociones, los deseos, etc. nos hacen tan semejantes que por eso mismo podríamos decir que una persona nacida en La Aldea (Gran Canaria) tiene muchas más cosas en común con una nacida en San Petersburgo que diferencias, porque las diferencias son culturales, de eduación, etc., es decir, determinadas por el contexto, pero no por lo que nos une como personas, en esencia.
Así que menos potenciar eso de “el ser interior” y sentirse uno especial porque “lo siente”, y más empatía. Si nos pinchan con una aguja, duele, y de común, sale sangre.
Y así me lo han contado.
Giovanni Guareschi, Don Camilo.
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