Enemigos

Mis enemigos -a los que mantengo bien cerca- insisten en llevarme a un monte, donde han levantado una enorme cruz, para no sé qué extraño juego sobre clavos y martillos. Casi me uno a la fiesta, pero nunca me gustó ser el centro de atención por imposición, sino hacerme notar por carácter y personalidad. Entonces sí que me salgo; les dije: mas les vale dejarme los clavos y el martillo como por casualidad, que ya me nacerá algo. En medio del monte desnudo de troncos, de verde follaje y flores amarillas y blancas, les taladré los cuellos y colgué en cada uno un cuadro art decó, en otro un impresionista, en aquel un cubista, y en aquel de más allá una postal con motivos navideños. Vigilo así la nuca del enemigo que me antecede y procuro disfrutar como nunca cuando se alejan.
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