Quemar después de leer: fracaso de los Cohen

Si alguien me pregunta si Quemar después de leer, la última comedia de los hermanos Cohen, es divertida, le diré que no. Y luego razonaré porqué: porque cuando dentro del hueso no hay tuétano, el hueso, por más brillante que sea, no sabe a nada.

Los Cohen, astutos maestros del desconcierto y de mezclar el surrealismo con la vida ordinaria como si nos retrataran en esa psicosis paranoide que es a menudo vivir, toman sus viejos clichés, sus planos, sus enredos, sus diálogos ingeniosos para ocultar una película que carece de todo. Es más una elección para una sobremesa de fin de semana.

Si bien la trama está cogida por los pelos y apenas algún gag se cuela en nuestra boca para formar un atisbo de risa, los actores están peor que nunca. Clooney, de nuevo, en un registro que se empeña (y más se empeñan los Cohen en contratarlo) en destrozar: salvo O’Brother, está de nuevo histriónico, exagerado, en definitiva, es un personaje dentro de su personaje.

Brad Pitt, veamos: lo de Pitt es un fracaso evolutivo. Desde 12 Monos, aquella maravillosa película de Terry Gilliam, perpetua el personaje del “loco” ecologista en cada comedia. En la saga de Ocean’s no tocaba, por fortuna para los productores. Los gestos con las manos, la mirada, como masca el chicle, todo hace pensar que Pitt es un melancólico y que adoraría hacer 12 Monos II, III y IV.

MacDormand es un pedazo de actriz y está soberbia: un personaje difícil de hacer creíble, pero aunque logra creerse ella misma el papel, lo cierto es que, en la cinta, los Cohen han dibujado un personaje de cómic.

Me pregunto porqué los secundarios en las películas de los Cohen brillan más que los principales: será que articulan los principales en entornos que parecen fundirse y desmaterializarse, dejando que todo lo demás (contexto, secundarios, subtramas) luzca mucho mejor.

En éste sentido, John Malkovich (que debería correr al menos veinte minutos diarios) dibuja un personaje maravilloso, dando la talla del pedazo de actor que es. Con mucho, lo mejor de la cinta.

El final es aburrido, tedioso, marca de la casa, buscando un gag tras otro (dicen los críticos que la forma correcta de crear un gag son hacer tres seguidos: risa garantizada), pero que deja la película en una parodia de sí misma.

En definitiva, esperemos que aborden proyectos más serios de unos de mis directores (los Cohen) favoritos de todos los tiempos. No pierdan el tiempo con Quemar después de leer: Quemar despúes de leer… ¿qué?

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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