El poder de la crítica/el establishment (I)

pendulo_foucaultSolía pensar que Estados Unidos era un caso muy especial, pero ocurrió que me encontraba en Italia cuando publicaron El péndulo de Foucault, de Umberto Eco, y la descarada promoción bajo la guisa de crítica literaria habría avergonzado a Nueva York. El éxito fabricado de este libro imposible de leer combina las malas influencias del dinero y de la insolencia académica, que han engañado a la gente crédula para que crea que la literatura es lo que pueden hacer los profesores: mencionar hechos poco conocidos, citar oscuros fragmentos, divagar sobre todo y nada, mezclar frases incomprensibles con lugares comunes. El péndulo de Foucault fue aclamado por los medios de comunicación italianos cual si fuera el Segundo Advenimiento de Cristo. Los diarios publicaron críticas aduladoras firmadas por importantes autores italianos en primera plana, todos los suplementos de color incluyeron largas noticias-reportajes en cubierta sobre la novela, y Eco aparecía en televisión día y noche. Por aquel entonces entré en una librería de Viareggio y me quedé allí atónito ante un espectáculo como jamás había visto. Cajas llenas de la novela de Eco acababan de llegar a la librería y los empleados apenas tenían tiempo de desembalarlos. Cientos de personas sitiaron este almacén literario a la orilla del mar y, como ovejas que milagrosamente habían aprendido a decir cuatro palabras, pedían todos El péndulo de Foucault. ¿Y quién podía culparles? Era “El Libro” que cada estación de radio y televisión, cada periódico y revista, había concedido frenético homenaje. ¡Aquella pobre gente, muchos de ellos llegados de pueblos en la montaña, nunca se habían dado cuenta de que un simple libro pudiera ser tan importante!

En particular me llamó la atención una pareja de jóvenes que parecían no haber entrado nunca en una librería. Mientras esperaban a que se desembalara una nueva caja del libro, comencé a hablar con ellos y les invité a que miraran otros libros; era una tienda bien surtida, con la mayoría de los tesoros de la literatura italiana y mundial en sus estantes. No habían leído ninguna de aquellas obras, según pude discernir, e intenté interesarles en el Decamerón, en Las florecillas de San Francisco(cuentos estupendos), en las Crónicas italianas de Stendhal, en los Cuentos libertinos de Balzac, en los cuentos o novelas cortas de Cervantes, Maupassant, Mark Twain e Italo Svevo, en el Viaje sentimental de Sterne, en El sombrero de tres picos de Alarcón, en los Cuentos romanos de Alberto Moravia, en Confesiones del estafador Félix Krull de Thomas Mann -libros que incluso alguien que no hubiera leído nunca un libro podía disfrutar. Conseguí tener fascinada durante diez minutos a la joven pareja con mi mal italiano, enseñándoles todos esos libros, y luego les dejé para que tomaran su decisión. Los ví más tarde salir de la tienda llevando un ejemplar de El péndulo de Foucault.

Estoy seguro de que los críticos, periodistas, editores y productores que crearon tan monumental bullicio a propósito de una novela imposible de leer nunca han reflexionado sobre su abyecta traición a la causa de alfabetismo. A menudo suelo pensar en aquella joven pareja. Después de cincuenta páginas, cuanto más, debieron decidir que realmente los libros no eran para ellos y habrán vuelto a contemplar la televisión durante el resto de sus días.

Stephen Vizinczey, ABC Literario, 14 de julio de 1990

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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  • Pues fíjate tú, a mí El Péndulo de Focault (del que todos me habían advertido “es un peñazo”) me pareció un libro co-jo-nu-do. Sólo siento que no hubiera salido 10 o 15 añitos más tarde, concretamente en plena efervescencia de la ficción conspiranoica.

    Lo cogí justo tras leer “La clave masónica” -libraco del que creo su título ya lo dice todo y cuyo único mérito fue ayudarme a conocer toda, pero todita, la mierda pseudohistórica que Eco critica- y resultó un antídoto divino contra mi fugaz interés por los templarios (por santeros y esoterismos varios, por fortuna nunca he sentido interés alguno). La de lecturas inútiles que me he ahorrado.

    Gracias Umberto, gracias, gracias, gracias. :-*

    • ¡Jajaja! Eres una provocadora incorregible.

      Dicho lo cual -esta expresión es de otro comentario pero se me ha “pegado”-, voy al tema. Empecé Baudolino, lo siguiente que leí de Eco (tras ver la película y leer luego El nombre de la rosa, que me gustaron los dos formatos), y chica, no hay por dónde cogerlo. Ese lenguaje arcaizante y ese juego semántico de Eco me desespera. Es ilegible, directamente. En cuanto a La isla del día de antes, me gustaron mucho las fotitos de mitad
      del libro. 😀

      Tienes en la Biblio “de las Ranas” -en el centro de la capital, para entendernos con los visitantes- un precioso tomo, A paso de cangrejo, que pedí. Está increíble: conjunto de ensayos donde toca muchos temas interesantes, y siempre con lucidez. Es un tío muy inteligente, de eso no hay ninguna duda, y de su perspicaz análisis se escapan pocas cosas. Y bueno, no es superEco, pero le falta poco.

      El péndulo fue el tercero en discorida, y como en novela escribe tan mal, pero tan mal -visto los fracasos de Baudolino y La isla…-, es que ni lo cogí -todo estos en la biblioteca pública: nos trasladamos al parque Sta. Catalina, sin movernos de la capital- porque según acercaba la mano una voz susurrante me decía: “nooooo, nooooo, el péndulo noooo”. Y le hice caso. Durante un tiempo seguí el tema templario y ando medio empollado. Me gusta mucho El enigma de la Catedral de Chartres, un día lo comento, recuerdo bastante de él y bueno… como dicen hoy día: mola 😀

      Sé que es una novela que le mete mucha pero mucha caña a los libros tipo templarios, JJ Benítez y su Caballo de Troya, y cosas del estilo de Dan Brown (pobrecillo, todas se las damos a él, como si antes no hubieran existido otros). 😀

      Como dice mi nuevo canon de lectura, el amigo Pennac, si te gusta y lo disfrutastes, no hay comentario negativo posible. Ahora, por mis partes – 😀 -, no me veo cogiéndolo para echarle un vistazo. También es que tras La clave masónica, hasta con un recetario de Arguiñano hubieras visto la luz.

      Después de esta dulce puñalada, añadiré que un día cualquier, igual tomorrow, me meto un artículo titulado: Libros que nunca juraré haber leído, y entonces podrás señalarme por la calle con el dedo: “fue aquel, fue aquel”.

      😀

      P.d.: El péndulo sólo lo cogería para ver dónde está la diferencia entre tu visión y la de Vizinczey, mira que es agrio con Eco, pero la parábola y la idea que trasluce su comentario la comparto 100%. ¿Y si me gusta? Me trago mis palabras y me hago fan de Alatriste -sí, estoy obsesionado con P-R, vale-. 😀

  • Aclaro que no he leído “El pendulo de Foulcaut” por lo que no pretendo emitir ningun juicio sobre ese libro, pero si quiero hablar del “tipo” de libros en general. De Umberto Eco he leido “El nombre de la rosa” que para gente que conozco llegó a ser tan fascinante que se lo memorizo palabra a palabra con sus páginas enteras en latin incluidas. No se como sera “El pendulo de Foulcault” pero se de lo que trata y puedo alabar a Eco por haber hecho una investigación muy minuciosa y REAL sobre temas ocultos, al contrario de lo que hace un vendedor de galletitas como Dam Brown con “El codigo Da Vinci” donde inventa todo basado en cosas recortadas que escucho de segunda mano. Hay cosas muy buenas que se escriben y no son para todo el mundo. Jesús mismo predicaba diciendo “El que tenga oídos que oíga”, no todos pueden entender todo y empecinarnos por mediocrizar la literatura y privarla de obras “doctas” generará más dinero pero llevará a la humanidad a su extinción a fuerza de estupidizarla.

    Jorge Von Jorschehagen

    • ¡Hola Jorge! (eres Jorge o Alicia, me lío, en los datos sale alvitoillart y firma el comentario Jorge 😀 ) Estoy de acuerdo contigo en tu último párrafo.

      Pero te diré que tampoco me le leído El péndulo… porque no sobreviví a otros libros posteriores a El nombre de la rosa de Eco. Eco es un genio como semantólogo, y tengo la impresión que como fabulador El nombre… es lo mejor que tiene. En cuanto a lo de Dan Brown, no creo que la comparación sea exacta porque, entre otras cosas, El código da Vinci es ficción, y en El péndulo ¿puede ser que Eco use la ficción para demostrar su tesis? Dan no tiene intención de demostrar nada: es simple y llanamente, una novela al uso.

      ¡No, si al final me tendré que leer la novelita de Eco! Si es que… Como tengo pocas pendientes… Voy a convertir mi mesilla de noche en baúl… 😀

      ¡Saludo! 😀

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