Las clases sociales y el inodoro

Que las clases sociales están desde el principio de las sociedades humanas no es algo novedoso. Pero ahora, sin embargo, aplicando nuevas técnicas deductivas, podremos saber, salvando el recelo del investigado, a qué clase social pertenece.

Lo primero que tendremos que lograr es una invitación a su casa. Una vez dentro, es prácticamente inevitable que entremos a su baño con cualquier excusa. Ya no hay confusión posible: conoceremos su clase social en el acto. ¿Cómo?

Para esto, lo primero es pedir un vaso de agua, y en un pequeño frasco de medicación homeopática habremos introducido, en realidad, un laxante. Pondremos una o dos gotas del mismo, mientras explicamos una dolencia leve que previamente habremos contrastado en Internet, e ingerimos el agua. A los pocos minutos pediremos a nuestros huéspedes acudir a su baño.

Mientras, nuestro acompañante les explicará que la medicación nos trastorna gravemente el estómago, y confiaremos que con esta excusa nos de el tiempo suficiente para elaborar nuestro detallado análisis. La clave está en… ¡el inodoro!

Por los efectos del laxante, evacuaremos rápidamente. En cuanto hayamos concluído -es recomendable no abusar del uso del mismo, pues la medición perdería verificabilidad-, examinaremos nuestro desahogo. Así, podremos clasificar a nuestros huéspedes según el siguiente índice:

  1. Evacuación inamovible y firme en las paredes del inodoro. Si nuestro esfuerzo ha creado una especie de salchicha que cuelga de las paredes del inodoro, no hay duda: nuestros huéspedes tienen casi toda la probabilidad de ser unos nuevos ricos. Renuevan cada año el hogar; y es por eso que las paredes del inodoro, de poco uso, mantienen su porosidad, lo que hace que las salchichas se atasquen en su bajada, requiriendo, en un gran porcentaje de ocasiones, el uso de escobilla u otro elemento del baño de características similares.
  2. Evacuación aparentemente firme y caída “a cámara lenta”. Si nuestra evacuación se mantiene en los primeros segundos, para luego ir descendiendo en lo que se conoce técnicamente como “a cámara lenta”, nuestros huéspedes tienen muchas posibilidades de ser unos burgueses de clase social baja o muy baja. Los materiales de su inodoro han perdido mucha porosidad, pero mediante el tratamiento con productos específicos y un cuidado pulcro de su inodoro, tal que se podría pasar la lengua por su interior cada domingo después de volver de misa de a nueve, han conseguido aparentar, para el ojo del no experimentado, un status de clase social alta. Suelen ser, en origen, de clase media, o incluso media alta, que han caído a una clase más baja y, heridos en su orgullo y con mucho esfuerzo, esperan engañar a sus invitados con un cuidado escrupuloso de los materiales del hogar. No se dejen engañar y cuidado con los primeros platos, en los que suelan aprovechar para reciclar sobres de sopa caducados.
  3. Caída estrepitosa y desahogo sin rastro. En estos casos, nos hallamos ante un claro caso de clase social baja u obrera, en la que el inodoro ha permanecido entre veinte o treinta años sin ser cambiado y han pasado por sus frías tapas casi todos los vecinos del edificio, familiares incluídos. La acción erosionadora de las salchichas durante decenios ha eliminado la porosidad de la noble aleación de las paredes del inodoro, produciendo una caída estrepitosa que -¡ojo!- puede llegar a salpicar, dejando una sensación muy desagradable. Obsérvese si esta caída estrepitosa va acompañada de problemas a la hora de  evacuar la/s salchicha/as: es otro síntoma -determinante esta vez- de que ese bajante está obstruído del uso reiterado y sin control durante lustros.
  4. Bloqueo en la bajada. Este caso suele producirse en aquellos huéspedes que no son propietarios de su vivienda. Si así se lo han hecho saber, desconfíe; por norma general, aquellos inodoros que mantienen disfunciones y/o interrupciones en los bajantes, llegando a crear un puré de salchichas muy vistoso, se produce en huéspedes que viven alquilados o en el piso de un amigo que se los ha cedido por un periodo de tiempo, cuando no han asesinado vilmente a un rico familiar -son muchos los casos en los que encierran en manicomios a sus víctimas, para apoderarse con alevosía y nocturnidad e incluso diurnidad de sus bienes inmuebles-. No ingiera líquidos que ellos no hayan probado primero y a la menor oportunidad, huya.
  5. Restos. Si al abrir la tapa del inodoro encontramos restos de salchicha/s chapoteando sobre un caldo sopero, no hay ninguna duda: sus huéspedes son unos hippies, y probablemente le hayan ofrecidos galletas artesanales antes de la comida. Si las ha probado ya, recuerde acudir a su centro de salud más cercano, porque en el estado en que conservan el inodoro imagínese usted las condiciones de higiene de la cocina. Abandone, como en el caso 4, la vivienda lo antes posible, y por favor al llegar a su domicilio haga buen uso, por su propia seguridad, del agua y el jabón, que en este caso deben ser abundantes.
  6. El inodoro aberronchado. El inodoro aberronchado es una bestia parda que se aberroncha sobre el rocaje vivo, y espera a su presa que ilusa sienta sus posaderas inocentemente sobre él; y lo mismo se come a la jineta Montse que al tiburón Isaías; ¡una bestia sanguinaria, una bestia temeraria, una bestia salvaje, hipocondríaca y de germen arcaica! El inodoro aberronchado llega a evacuar hasta veinticinco litros por usuario de una sola sentada. ¡El inodoro aberronchado mata! ¡Es una máquina de asesinar! ¡Ohhh! ¡Una bestia salvaje!

Esperemos que, a partir de ahora, se haya convertido usted en todo un experto en clases sociales. Recuerde, asimismo, que vivimos en la sociedad del conocimiento y que cualquiera puede disponer de él. Si invita a sus vecinos a un almuerzo, procure que no sea en el interior de la casa y aproveche la comodidad de los restaurantes y las salidas en el extrarradio, donde encontrará lugares inolvidables donde compartir unas veladas maravillosas con sus invitados. En el caso de que fuera imposible emplazar la visita fuera de su hogar, ¡evite dejarlos evacuar en sus inodoros, por Dios!

😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

7 Comentarios

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    • @Jose Jaime: Es que si la gente piensa cuando va hace de vientre, o lee revistas mientras, también es un lugar para las ideas. Y como el contexto a veces determina o condiciona la idem, pues de un lugar escatológico salen ideas escatológicas. 😀

  • jajaja, esto sólo lo pudo haber escrito un hombre, aaay Julio es que ustedes sí que tienen imaginación para hablar del inodoro y la estratificación social
    Muchos besos

    • @Tania: ¿Un hombre? O sea que una mujer no puede escribir algo escatológico… no sé yo… viva la libertad creativa… ¡a que ha sido diferente! ¡A que nadie adivina dónde me vino la idea! 😀

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