Uno que fue feliz
Un estremecimiento se iba revelando: un salto al vacío de la mente en el que no encontraba ningún deseo formal para el año que estreno. Por un instante temí lo peor: que se me acabaran las iniciativas originales. Al parecer no tener deseos excitantes o responsable no sólo no está de moda sino que, ademas, angustia. Pensé que si, por lo menos, fumara, podría intentar dejarlo: tatuarme los hombros con esos parches indisimulados de adicto y ajustar el diámetro de los poros con agujas de acupuntura. Sería lo más cerca del tatuaje tribal que pensé en llegar nunca.
Pero he tenido suerte: la mayoría de los propósitos del año anterior no se han cumplido -las personas, como los países, pasamos también por transiciones-, así que permanecen vigentes: les sacudo el polvo y ya parecen inmaculados, como si en vez de en saldos los hubiera comprado de primera marca.
Las iniciativas no son originales, no vayan a pensar. El que no las haya cumplido se debe, precisamente, al carácter humano y a la inconsistencia de mi carácter. ¿O conocen a alguien que se haya comprometido a adelgazar y lo mantenga durante un año entero? ¿Conocen a alguien que haya terminado ese curso de alemán turístico por correspondencia? ¿Alguien que ahorrara algo a fin de mes -y esta pregunta es agarrarme al tópico, lo reconozco-? ¿Conocen a alguien que haya cambiado su -desahogante- manía de ventosearse bajo las sábanas? Serrat cantó: “uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo, que dice conocer un tipo, que un día fue feliz…”. Si es cierto aquello de que es tan usual cambiar las aficiones como extraordinario las inclinaciones, este tipo era un provocador, o no se entiende que lo vaya contando por ahí.
Ironías las justas; porque yo también conozco a un amigo que dice conocer un tipo que un día dejó de ir a misa. Así, sin avisar a su eminencia, tomando una iniciativa que sólo le correspondía a él. ¿Qué se habra creído? Yo, qué quieren que les diga, sin el juicio ajeno hay quien no sabe vivir, y yo tampoco me libro de ese pecado social.
Dirán que divago y diré ¡mienten!: y se los agradezco, porque escucharme me hace recordar que no hay nada peor que un tipo (o tipa) que sólo dice la verdad. Que sean ustedes unos mentirosos dice mucho y bien, si es que alguna vez lo son. Estos sujetos que van disparando verdades son más peligrosos para la salud mental que ver a George uve doble Bush deseando feliz navidad y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, y sé que ustedes dirán que exagero. Y tendrán razón: fue peor aún verlo ganar las elecciones. Puestos a elegir entre divagar y exagerar, prefiero exagerar que es más divertido, con mucho; así, por lo menos, siento que puedo navegar en una cierta abundancia, aunque sólo sea de epítetos, y ya eso, a un servidor de ustedes, le consuela un poco.
Quiero concluir este repaso íntimo al 2010 -en verdad quiero concluirlo- confirmando lo inconfirmable: hago acopio de fuerzas y me digo que, como poco y dentro de la irresponsabilidad que me caracteriza, desconozco si cumpliré un cien por cien de las iniciativas, visto que llegamos al verano y ando por el 33,3%. Lo único que puedo prometer y prometo es no enmendarme; ser maleducado, peor hablado y faltón; un provocador, un escéptico, escupir desde, por y para las aceras, pintarles lunares azules en el redondo culo a las -mmm- nenas, girar como peatón en contra del sentido de las masas, decirle a casi todo el mundo lo que pienso mientras me señalan con las uñas verdes, encontrar una mujer liberada y que haya leído el informe Hite sobre la sexualidad femenina y, con la ayuda del prójimo, comprender -aliviado- que no soy la única mala persona que habita en este planeta, ministros de defensa mundiales incluidos. Me conozco. Sé que terminaré perdonándolos y reuniendo a todos aquellos con carnet del Partido Anónimo en una macro fiesta estruendosa y animal. Y en esa unión de karmas, llamar a Serrat cuando acabe el año y cantarle: “no conozco de nada a tu amigo, pero yo soy ese tipo, que un día fui feliz….”.
TODOS IBAN
| Todos iban desorientados perseguían un objeto prójimo, unos iban a su trabajo, otros al trabajo de otros… Los ojos errantes y vagos, hacia la mancha de los pinos pasó indolente un enlutado… – ¿A dónde vas? – No sé, me dijo. Todos iban desorientados, y el enlutado hacia sí mismo. |
Luis Enrique Mármol (Venezuela, 1897-1926)
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😮
Me pregunto que te ha hecho ponerte a quitarle el polvo a los objetivos de final/principios de año, en Mayo. Pero olé, olé y olé.
Ser consciente de que un@, un día, fue feliz, es una de esas cosas que te hacen estar más cerca del autoconocimiento pleno.
¡Un beso!
@Kiram: Ah, qué bonito el autoconocimiento pleno, la plenitud y esas cosas tan zen de las que se necesitan 50 años para empezar a entenderlas y no hacer nada más. ¿Los yoguis reciben paro? 😀
Hermoso de mi vida, suena raro revisar los propósitos de año nuevo justo ahora. Sin embargo soy de las que piensan que cualquier momento es bueno para reflexionar sobre lo que hemos hecho y dejado de hacer (o lo que queremos).
Te dejo un beso enorme, adorado, Muaaacks
p.d. Yo si he leído el informe Hite :worried:
@Tani: ¿Lo has leído? Al final me voy a hacer fan tuyo y colgaré posters en mi salón. ¡Besos! 😀
Creo que una pensión por omnisciencia, o algo así he oído… En algunos sitios hasta son considerados funcionarios del estado 😉