Las Palmas infectada de tetas

Si lo piensas un segundo, Las Palmas está lleno de tetas. Si lo piensas dos segundos, también. A través de la cristalera de las boutiques, en la cola de la panadería, en los baños públicos, en las avenidas y parques, en las cadenciosas caminatas por la orilla de la playa, cruzando cualquiera acera, por atajos que recortan las distancias en la ciudad, allí están ellas, con su boing boing hipnotizante, gelatinosas unas, apuntando indiscretamente a tus ojos las otras, las tetas calurosas que se destapan al aire por el sudor pegajoso que las une, las tetas muertas de frío porque ni obligándolas se juntan, las tetas egocéntricas elevadas con una tarima que llaman Wonderbra, tetas de plástico y tetas en su jugo tetil, por todas partes, ladys and gentleman: tetas everywhere, tetas a tontas y a locas, tetas de vieja y tetas de joven, tetas vikingas y tetas orondas, ¡tetas, tetas, tetas!

He imaginado preguntarle a mi abuelo: López, me dejas un cubo de esos que usabas antes para ordeñar las vacas, y acercarme a una portadora de semejantes glándulas en plena vía pública y pedirle amablemente que me deje extraerle ese sobrepeso de sus ubres. Las de la talla ochenta y cinco me dirán: apenas hay nada que ordeñar aquí. Y yo les digo, mientras les unto con aceite de oliva virgen extra, mis manos embutidas en unos guantes asépticos, no se preocupe usted, señorita, que la cuestión es aliviarla de futuros problemas cervicales. Y sentarme en mi banqueta de tres patas de madera ajada y descolorida y ordeñarlas a todas, una por una, una cola eterna que me aguarda,  la emoción de no saber qué teta saltará de ese envoltorio de tela que las oculta, la ciudad llena de tetas, tetas, tetas, todas esas tetas por todas partes, de tal forma que llega la noche y para aliviarme el insomnio juego a las carreras de vacas en la Wii, saltando vallas, y les imagino a las vaquitas las tetas colgando, o dos, o cuarenta tetas, y me vienen a la mente las tetas de la excursión tetil de esa tarde, estudio antropológico gratuito que dejo para la posteridad, todas esas tetas con sus pezoncitos marrones, otras rosaditos, la aureola diminuta o en forma de galletas María -María, Juana, Susana o como se llame, aquí la protagonista son sus tetas-, el caso es que al acostarme puedo soñar con ese calorcito rico de las tetas, las tetas que no caben en la boca y las tetas que rechupeteas hasta quedarte desalivado, que retuerces el pezón entre los dientes mientras succionas y lames a derecha e izquierda y luego sorbes y la sueltas lentamente hasta que salen erguidas de los labios chupones y te dices: más, más, quiero más, ¡quiero toda la teta que no me dieron de pequeño!

En Canarias padecemos una supercrisis internacional, pero vivimos una superabundancia de tetas. Podríamos exportar tetas a esas ciudades sin vida nocturna, ¡a Escandinavia!, esas calles vacías y grises del norte de Europa. Irían nuestras mujeres, surtido canario, ¡ay!, estas canarias, con sus jamones y sus culos respingones y todas esas tetas que les cuelgan, y además les cobramos una tasa para cuidar nuestro medioambiente por el excedente tetil: la ecoteta. ¡Qué par, señores, miren qué producto de primera categoría estas tetas canarias geuninas 100%! ¡Oh, yes, sir!

¡Mmm! Sí, es un verdadero suplicio caminar por estas calles estrechas, de edificios chatos, de jolgorio contenido, de gente dispuesta siempre a la jarana, y ver en las terrazas o saliendo del mercado todas esas tetas. Le conté a mi médico de cabecera, cuando me dijo: padece usted mucho estrés. Yo le respondí: doctor, esas bolitas antiestrés, ¿tienen que ser las que venden en farmacia o puedo yo apañarme con cualquier cosa que se le parezca?

La primera vez la muchacha se ofendió bastante. Estaba en la planta de deportes de El Corte Inglés y, mientras miraba unas zapatillas de deporte, la sorprendí por detrás y comencé a estrujárselas con una ansiedad inusual en mí. Se giró y enfurecida me gritó ¡pero qué coño haces! Yo le pedí que se calmara y saqué de mi chaqueta la receta del doctor. La mujer la arrojó al suelo y gritó ¡a mí qué coño me importa! y entonces la recogí del suelo mientras se acercaba un dependiente. La muchacha lo leyó y me dijo: que tienes un problema. El dependiente, apurado, no sabía qué hacer. Le calmé y le enseñé el papel. Lo mío es ansiedad crónica. Lo pone mi médico. Nos dejó a solas. Yo, de 37: ella, una muchacha de 25.

-¿Y cómo te llamas?

-Pues Lola.

-Lola… Me encantan tus “lolas” -y dos lagrimitas asomaron por mis ojos-.

-Pero no puedes ir por ahí agarrándole las tetas a la peña porque te van a arrear -me dijo conmovida-. Vamos a tomarnos algo y me cuentas que mi novio me viene a buscar en una hora.

Diez minutos más tarde, tras invitarla a un café y yo tomarme una tila que no me apetecía nada, me agarró de la mano y me llevó a un probador. Allí sacó aquellas tremendas berzas, se puso de espalda y me dijo: “venga, va, relájate, pero recuerda que me prometistes que no te vas a arrojar por un barranco dentro de un saco lleno de chumberas, que todo se supera, cariño”. Pasados diez minutos: “Pero tío, quítame las manos ya, jodío, que parece que tienes pegamento, me las tienes doloridas. Anda, anda, que me da que tienes tú mucho cuento, espabilao”. Y con esto me dejó a solas en el probador. Qué juventud, qué poco sentido de la responsabilidad con un enfermo crónico.

El estudio donde vivo lo he empapelado con fotos de mujeres destetadas. Al principio del Playboy, el Penthouse, pero ya luego cualquier escote me valía, porque la cuestión no era sólo ver la teta, sino imaginarla. Por las tardes, en mi siesta, imagino tetas saltando las vallas para coger el sueño, una teta, dos, cuarenta tetas, un rebaño de tetas que en vez de hacer ¡beeee! hacen ¡chup chup!, y a menudo acabo cambiándome de ropa interior porque no puedo controlar al emoción al abrir los ojos: el empapelado es demasiado sugerente. Ya debo llevar como catorce capas de fotos, entre  las fotos de los anuncios, revistas para adultos y las fotos de mis amigas en la playa que son mi colección privada particular. No pocas veces elijo la opción de slideshow en mi portátil y veo pasar lentamente las fotos de mis amigas en topless, o en sus trajes de noche, y yo siempre insisto en sacarles fotos. “Siempre me sacas lo mismo”, me dicen, descontentas, pero yo argumento: “¡es que las tienes tan bonitas!… que la humanidad debería saber de su existencia”, o algo así, de vez en cuando voy variando la excusa para que no se den cuenta. Y, si no cuela, el comodín, aprovechando la vanidad femenina: “es que parecen operadas”. Y del debate, en las que ellas defienden orgullosas la genética de sus tetas y en el que, por supuesto, tienen que ganar, dejo que se hinchen como pavos reales mientras pongo cara de tonto, apreto para comprobar que son de verdad -qué momentazo- y obtengo lo que quiero: más primeros planos de sus tetas.  ¡Chicas, poneos a mi alrededor! ¡Asamblea de tetas!

Que alguien me explique qué pasa en mi ciudad. Qué milagro es éste: el milagro de las tetas. Si miro de reojo el Roque Nublo, es una gran teta que le salió a la montaña.

Imagen portada: face-painting-fun.com.
Imagen Roque Nublo:
fotobazar.cz.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

8 Comentarios

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  • Jajajaja, tío… tienes un problema.
    Para eso, deberías haber sacado “los pechos” que están al lado del Roque Nublo, y lo hubieras cuadrao 😉

    P.D.- Las Palmas estará llena de tetas, y de tíos enfermos como tú xD No pienso volver a ponerme un escote, acabas de traumatizarme!

    • @Kiram: Jaja, bueno cuando nos tomemos el coffee ve con un burka y listo. Al final me ha quedado demasiado recargado para lo que me gusta escribir -la palabra teta en vez de insinuarla más la repito mil veces-, pero lo de los pechos, ¡coño!, eso no se me había ocurrido, hubiera estado bien. Bueno que un besote y eso sí, como no lleves escote en todo este verano vas a pasar un calor. Por cierto, una cosa es lo que los tios pensamos y otra lo que decimos: el texto va de un locoplaya que refleja los comentarios de los tios sobre las mujeres cuando no están delante. Si yo te contara, lo que han oído estas orejitas. 😀

  • Jajajaja, ya me imagino, ya, es la cosa de tener más amigos que amigas, que te acostumbras a escuchar brutalidades xD
    Como que paso de ir con Burka, que me quemo cada vez que me fume un cigarro. xD
    Ahora, el relato me pareció muy gracioso, más que nada porque conozco a más de uno que harían lo que éste si le dejaran… En fins, yo estoy más por una caña que por un café, por lo menos con el calufo que hace hoy.. gñ..
    Por que me da la sensación de que te estás preparando las oposiciones???? xD

    Por cierto, qué microrrelatos míos te gustan? porque ahora que estoy haciendo memoria… los que recuerdo me parecen horrendos… :S

    • @Kiram: A mí me gusta todo lo que escribes 😀 Por ejemplo, el de el tio en la barra y luego la versión mujer, pensando los dos cosas diferentes con la misma perspectiva. Esos dos me fliparon. Hombre, sí, algo fresquito, ya queda menos. A mí, si me dejan, también me dedico a refregar. Bailando salsa se me baja la mano de la cadera, no por nada, sino porque me dan espasmos. Si lo explico suelen entenderlo. 😀

    • @Tani: No, pero escribir en “modo surrealista ON” me relaja de tanto estrés. Si yo te contara lo que me relaja… ni modo ¡Más besos! 😀

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