Libia y las insurrecciones árabes: el sacrificio anónimo

Mujeres en las protestas de Egipto

Ya bombardean Trípoli los Estados Unidos y sus aliados (en terminología yanqui, por supuesto, donde el mundo se define como aliados y enemigos). En Egipto, la población asiste a sus primeras votaciones tras la huida del dictador Mubarak.

En Túnez, con un régimen similar al de la antigua Europa del este comunista, Mohamed Bouazizi se convirtió en mártir al prenderse fuego. Tenía 26 años. Como muchos jóvenes, estaba frustrado por sus expectativas de futuro. Occidente, que no ha entendido que la crisis económica también se extendía a las dictaduras, permitidas por su condición de suministradoras del codiciado oro negro, había dejado de lado a los jóvenes árabes.

¿Qué van a hacer con sus vidas? ¿Tener hijos? ¿Y qué les vas a dar de comer? ¿Trabajar de chivato de su vecino? ¿Morirse… mientras a occidente lleguen los petroleros?

Con unas tasas de paro inmensas, sometidos a un régimen totalitario, las familias obtienen menos dinero de los que han conseguido llegar a occidente. Hay paro en todo el mundo; no alcanza para comer. Además, Rusia, uno de los principales exportadores de grano, ve como desaparece, devorada por el fuego, un tercio de su cosecha de trigo.

La población pasa más hambre de la acostumbrada: hasta el que aprende a comer poco necesita comer ese poco.

Los hidrocarburos bajan de precio; el FMI exige ajustes a  estas dictaduras, y el país, pobre, llega a la miseria salvo para el Gadafi de turno que, con avaricia, participa en consejos de administración de empresas y gobiernos occidentales.

En Egipto, una masa de gente anónima sale a la calle. No van a salir de ella fácilmente. Tienen un objetivo en mente, inquebrantable: conocen demasiado bien al lobo. Conocen su capacidad de odio, su cruel venganza, todo por mantener el poder. Les promete una vida mejor; abrirles, quizás, un ventanal en la pequeña rendija de las celdas que son sus vidas. Pero ha llegado demasiado lejos: es la crónica de una muerte anunciada.

No los detienen las balas de los asesinos. Aguardan la noticia inequívoca. Ni el mayor de los dictadores, contempla el mundo, puede con un pueblo unido bajo un objetivo común, palpable: Mubarak debe abandonar el país, y así lo hace.

Mientras en Europa (España, Grecia, Portugal, Turquía) desaparecen las dictaduras en los años 70-80, en el mundo árabe se vive una realidad que solo se ha dado en los últimos años en los países hispanoamericanos. Los dictadores, figura emblemática literaria, habían dado los últimos coletazos y habían ascendido al poder diferentes tipos de líderes, en democracias más o menos estables según quién: Chávez, Kirschner, Lula, Morales… En el mundo árabe, las dictaduras eran perpetuadas por los familiares y allegados del dictador, que acaparaban los puestos que daban acceso a los niveles de vida más alto. ¿Cómo va a sentirse, por ejemplo, una mujer, sabiendo que jamás podrá acceder a esa vida mientras siga viviendo en su país?

¿Cómo puede vivir una mujer sabiendo que si un hombre la acusa puede morir lapidada? ¿Que su visibilidad social está condenada a una posición marginal? ¿O que sufra la ablación del clítoris? Imaginaos a vuestra madre, hermana o amiga. No se puede, verdad. Uno bloquea el pensamiento.

Aparte del paro -más acrecentado en los jóvenes pero que es endémico de la población-, existe la  imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y ha establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos.

En Yemen, la ministra de Derechos Humanos, Hoda al Ban y el viceministro, Ali Taisir, presentaron sus respectivas renuncias en protesta por la muerte de medio centenar de manifestantes antigubernamentales el viernes.

Dijo Ana Pastor, en una entrevista hace pocos días en el programa de Buenafuente a propósito de su excelente entrevista al presidente iraní (caída de velo incluida), que estaba convencida de que la mujer sería el objeto del cambio en estos países. Por ellas pasa gran parte de los mismos y es un paso adelante que las mujeres, de nuevo, tendrán que dar en la historia. Pero no me queda duda de que los hombres tendrán que participar de esto de igual a igual. Se necesitan los unos a los otros y para ello hay que establecer un plano de igualdad social.

Las mujeres anónimas, los hombres anónimos, que han conseguido el comienzo de un cambio a costa de sus vidas. De sus vidas, no de sus ahorros, ni de sus coches, ni de sus hipotecas, ni de sus mascotas, ni de estar en la cola del paro ni de estar en la de Cáritas porque allí Cáritas no tiene sucursal y si la tiene habrá que dar gracias a Dios, a Alá o a quien corresponda, siempre exceptuando al Ben Alí de turno.

No a costa de ideales, manifestaciones pacíficas, buenas palabras, conferencias internacionales, movimientos políticos y acuerdos con la oposición. Con sus vidas.

¿Qué horrible certeza lleva a un hombre a quemarse vivo si nosotros no pondríamos un dedo en la llama de un zippo? Oh, probaré con otra anécdota: los occidentales vamos al psicólogo y tomamos prozac o tranquimazín. Esa es la ironía amarga que nos pone en nuestro justo sitio.

Los cínicos que bombardean están haciendo lo correcto: son los claroscuros de esta vida que hemos planeado y que errática seguimos manteniendo. Que estos cambios convulsionen el mundo árabe y que las democracias se instauren libremente en estos países no va a ser fácil. El modelo alemán costó, pero ellos podrían enseñar a estas nuevos bulbos a florecer con paciencia, trabajo y con la transparencia necesaria para que los muertos puedan llorar a sus muertos y saber el por qué y el cómo.

El objetivo primordial sería capturar a Gadafi, a los huidos como Ben Alí, y llevarlos al Tribunal Internacional y juzgarlos, con sus derechos procesales, por crímenes contra la humanidad. Eso es que lo espero de occidente y de mi país, si tuviera la dignidad y la valentía de reconocer sus errores y de ocultar la vergüenza de sus actos egoístas e interesados.

Esto no va a suceder pero tengo la esperanza de que, en alguna parte, un run run popular recorra las mentes.

Es una pena que en toda Europa no pasemos hambre y frío toda la población y que no vivamos en un régimen autoritario.

Porque íbamos a terminar, algún día, hartos de esperanza, e íbamos, con nuestro espectro de vida, porque ¿qué vida es esa?, cambiando la realidad de nuestro mundo. Ni cuarenta Rockefellers iban a tener nada que hacer si dejamos sus bancos en perfecto estado de ruina, ni lugar donde ocultarse si bombardeamos los aeropuertos.

Un misterioso espíritu anarquista recorre mi espalda a propósito de estos acontecimientos. Porque, en el fondo, veo que algunos ilusos nos ven como si viviéramos una vida mejor, y desde luego nuestas necesidades básicas están cubiertas, y una vida cómoda aguarda a muchos, no exenta de trabajo, pero ¡ya quisiera Bouazizi los trabajos que muchos no quieren coger!

Y sin embargo, siento que nosotros vivimos en una realidad gelatinosa, donde cada cual se agarra a algo, y que en ese mundo irreal, virtual y aparente nos acercamos a una vida sin pasión ni deseos, y, más horrible aún, nos observan con envidia los que recogen las hierbas que hemos desechado pensando, además, que nos envidian, que somos un modelo de aspiración.

Y que exista ese engaño da una imagen cruel del ahora que vivimos: los recibimos con los brazos abiertos pero no saben el peaje que van a tener que pagar a cambio, que en nuestro lado es espiritual y en el suyo físico (porque las ideas no llenan la nevera). Alguien debe darles la autonomía de desarrollarse como mejor les parezca. A lo mejor son ellos, si les ayudamos a construir sin nuestros errores, nuestra propia esperanza. Sobre todo el egoísmo: ¿acaso les íbamos a acusar luego de egoístas cuando les hemos sangrado hasta saciarnos?

Tengamos un minuto de silencio por cada sacrificado anónimo: con sus muertes han dado a su países la oportunidad de un mañana. Que alguien me diga si esto se paga con todo el petróleo que queda en el mundo.

Poesía y votos.

“I saw one sign that said, ‘If you vote no you are a follower of America and Baradei, and if you vote yes you are a follower of God,’ ” he said. “The idea is that Muslims will vote yes and Copts and atheists will vote no.”

Nadie dijo que los comienzos fueran fáciles. Sin embargo, resuenan en los cielos egipcios este poema recitado por los manifestantes en Egipto, una poesía revolucionaria que era cantada contra el régimen de Mubarak.

Va a resultar que las ideas son más fuertes que la espada.

Imperious despot, insolent in strife,
Lover of ruin, enemy of life!
You mock the anguish of an impotent land
Whose people’s blood has stained your tyrant hand,
And desecrate the magic of this earth,
sowing your thorns, to bring despair to birth

-Abul Qasim al-Shabi

Fuentes: El País, El Mundo, Le Monde Diplomatique, The New York Times.

Imagen: thedailybeast.com.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

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  • Jooooo, había escrito una repsuesta enorme y por un error lo he perdido todo X(
    Intentaré escribirlo de nuevo a ver si consigo ponerlo todo…
    La verdad es que leyendo tu artículo me he dado cuenta de que yo no podría haberlo descrito mejor, según iba leyendo iba visualizando todos los aspectos que mencionas. La gente dice «SE acaba el mundo, van a tener razón los aztecas que llega el fin del mundo, japón, el mundo árabe, la crisis»…y yo digo…»chaval, que la vida no es una peli», pero en parte, como dices tú, sí parece serlo: nuestra visión del mundo es anecdótica, es como una frase referente a las noticias actuales en por ejemplo un película de Jenifer Aniston. Tenemos una visión sesgada de la sociedad en la que vivimos, intencionadamente, ni miramos arriba (o sí pero solamente como la meta a alcanzar) ni abajo (y cuando lo hacemos es en ocasiones puntuales, cuando suceden hechos desgraciados, solamente para observar una realidad que para nosotros está lejana y decir algo así como ¡Qué barbaridad!). Y me incluyo…tristemente aunque no soy para nada, o eso creo, la niña pija del coche caro y el trabajo en la empresa de papá.
    No sé, yo solo espero que toda esta revolución sirva para que las niñas y los niños de países islámicos vivan una vida con al menos una «libertad» parecida a la nuestra.
    Malika Mokedden, en Sueños y Asesinos, a pesar de que la protagonista era una mujer «afortunada» que más o menos vivió una juventud «normal» (lo que aquí entendemos por normal: ir al cole, luego al instituto, estudiar una carrera – o trabajar sin estudios- y luego independizarse) las presiones a las que fue sometida por llevar esa vida fueron horribles y tuvo que huir, pero el sentimiento de abandono era tremendo, abandono hacia las demás, pues huir implicaba que las cosas en su país (Argelia) seguirían igual…las mujeres si las pocas que accedían a los estudios, huían, no podría llevarse a cabo ningún cambio, pero el acoso era tal que quedarse era un suicidio…
    En fin…querido Julio…que, a veces, la sensación de egoísmo que tengo es bastante fuerte pero, igualmente soy una culpable más porque tampoco hago nada más allá de mi círculo para que las cosas cambien. Un beso.
    Gran artículo

    • Pues te ha quedado bien (y sí, parece que nunca queda igual que la primera vez, me ha pasado y es frustrante, nen). 😀

      Me faltó lo de los aztecas (bien visto, podría haberlo hilado por medio). No vi la de Malika, otra pal carro de las pendientes. Tranquila, el día de la revolución y del cambio del modelo del pensamiento contamos contigo, ha llegado el Schwarzenegger del futuro y tu hijo es el líder del futuro (tengo que dejar de estar tantas horas sin comer). 😀

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