Ser uno; ser escritor, y la humildad

Se puede ser muchos tipos diferentes de escritor. El debate último que he tenido sobre este asunto ha girado entre el escritor que quieres ser y el que otros quieren que seas -o que ven en ti-. Esto es tan complejo como la persona que ves en ti, la que ven los demás, y las que algunos, dentro de esos, creen haber adivinado sutilmente.

Un escritor, en primer lugar, tiene que defender su obra. Tiene que defender su escritura. Pero un escritor, pienso, también tiene que conocer, una vez acabado su texto -aunque en nuestra mente nunca finaliza- que pertenece a un paradigma, a un contexto histórico, que hay una tradición… Y que cuando uno levanta la vista ve a los Shakespeares y los Cervantes -y a los autores contemporáneos de «peso»-, y debe mantenerse alerta ante el elogio propio. ¿Se puede ser escritor, defender la obra propia y al mismo tiempo entregarse a la lectura de los demás con humildad? Yo lo intento. La misma fuerza totémica e irrenunciable, la que me permite pensar que voy a escribir mejor que Murakami, Kafka o Cormac McCarthy, esa que me impulsa a escribir, se transforma una vez el lector adquiere mi libro en una energía compartida; él, leyendo a través de las letras mi mundo, leyéndose a él mismo, leyéndonos. Y para esto debemos estar en el mismo plano de intercambio. Cuando alguien me pregunta: ¿escribes bien? Le respondo con seguridad: sí. Si me preguntan: ¿es bueno? Les respondo: depende de con quién lo compares y tu bagaje como lector, y esto no podremos saberlo ninguno de los dos hasta que te sumerjas en las páginas de mi libro… ¿Entonces, es bueno o no?, insisten; y contesto verazmente: lo es, mi libro tiene muy buenos relatos y estoy seguro de que te van a encantar. Y acierto.

Si me preguntan: ¿te preocupas antes de concluir una obra por si tiene la calidad necesaria? La pregunta es: mantengo una lucha constante con mi idea de lo que es una buena obra literaria tanto por mi formación académica como por mi gusto estético. Y se pasa mal, en este aspecto, con la llamada angustia de las influencias, en la que creo firmemente -hay quien no padece de nada, pero creo que es angustia es una buena ayuda, tomada con moderación, para saber si quieres llegar hasta el cielo o a la galaxia donde habitan los escritores imperecederos, para darle impulso y vigor a tu voluntad, para decir: ¡yo puedo, y quiero llegar hasta allí con mi arte, sin disfraces, con honestidad conmigo mismo y con el lector!, y avanzar-; forma parte de esta profesión.

Ya sé que ser un escritor humilde no tiene nada que ver con este mundo de líderes, pero cuando me asomo a la ventana lo único que veo son pollos sin cabeza a los que los persiguen las multitudes. ¡Kikiriki! 😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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